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Formar masa muscular es el objetivo primordial en esta actividad
 
La “extraña” familia de los fisicoculturistas
Ejercicios intensos, uso indiscriminado de sustancias y fármacos e innumerables problemas de salud posteriores a un entrenamiento que tienen como fin incrementar la masa muscular, son algunas de las características en la vida de los fisicoculturistas, actividad de competición muy cuestionada por el modo en que consigue sus resultados.
 
Carla González C.

Tener los músculos más grandes y notorios. Ése pareciera ser el único fin que tiene el fisicoculturismo, actividad muy de moda hace un par de décadas atrás y que claramente encontró sus referentes en actores como Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone y Jean-Claude Van Damme, cultores de la disciplina.

Y a pesar de ser considerado como un deporte, hay muchos quienes critican este tipo de actividad física, no por sus objetivos – que para algunos no van más allá de lograr gran masa muscular – sino por la forma en que algunos de estos culturistas llegan a lograrlos. Hablamos del uso de sustancias como los esteroides y otro tipo de drogas.

“Ésta es una actividad artificial”, comenta Nelson Aravena, profesor de educación física, Magíster en entrenamiento deportivo y ex fisicoculturista que con propiedad menciona que esta disciplina – catalogada como un deporte de competición – “consiste en tener la mayor cantidad de desarrollo a nivel de masa muscular (tener músculos grandes y que se noten) y que haya un nivel de proporcionalidad y armonía adecuados”.

“Es imposible quedar así sólo con el trabajo de pesas”, menciona Nelson Aravena con respecto a aquellos fisicoculturistas que destacan por tener músculos de tamaños exacerbados. Una imagen claramente artificial y casi imposible de alcanzar sin ayuda externa proporcionada la mayoría de las veces por drogas.

Para obtener este desarrollo muscular, el instructor menciona que el trabajo es específico y consiste en el trabajo arduo en base a la utilización de pesas “de alta intensidad”, las que se utilizan en un entrenamiento fuerte, pero no tan extenso como se piensa.

Según Araneda, “ahora las técnicas de ejercicios son mucho más reducidas, pero más intensas”, lo que debe combinarse con la ingesta de nutrientes específicos y con descansos de un mínimo de 48 horas entre uno y otro entrenamiento.

Con respecto a por qué dice que ésta es una actividad artificial, el ex culturista asegura que esto es porque “el cuerpo no está diseñado para tener 20, 30 o 50 kilos más de músculo que lo normal y por lo tanto, desde ese punto de vista, sería artificial porque en la naturaleza no hay ninguna forma o estructura organizada para aumentarle a alguien la masa muscular de forma gigantesca. En la industria alimenticia esto se hace por ejemplo con los pollos”, dice.
 
Una relación que produce daño

“El deporte es salud”. Partiendo desde esa base, el experto en medicina del deporte del centro MEDS, doctor Rafael Gutiérrez,  afirma que “los fisicoculturistas llevan a su masa muscular más allá de las posibilidades de un individuo sano, produciendo una hipertrofia muscular bastante elevada”.

En cuanto a si esta práctica es o no dañina para quien la ejecute, el especialista dice que “a largo plazo puede serlo por los pesos a los cuales llegan, esto porque la relación peso/estatura después de unos años de entrenamiento es demasiado elevada y eso va a trabajar a la larga sobre el sistema cardiovascular, produciendo hipertensión arterial, hipertrofia ventricular izquierda, daño miocárdico, etcétera”.
 
 
¿Pero por qué el culturismo podría provocar finalmente más daños que beneficios en el organismo? Al respecto, el doctor Gutiérrez menciona que los perjuicios ocurren “producto del excesivo entrenamiento en cuanto a la búsqueda de un mayor desarrollo muscular”.
 

Para el profesor de educación física Nelson Aravena, “en las fotos de fisicoculturistas que aparecen en las revistas, el 95% ha usado, usa y seguirá usando esteroides, hormonas de crecimiento, insulina, entre otros”. Para él se trata de un secreto a voces que se da a pesar de las regulaciones.

Con respecto a la nutrición de estas personas, la que se caracteriza por tener una gran cantidad de proteínas, las cuales se consumen variadas veces al día – Nelson Aravena dice que por lo menos, 6 veces y cada 3 horas – el doctor Gutiérrez dice que esta dieta no debiera causar daño, “siempre y cuando se trate de una nutrición sana que incluya suplementos deportivos permitidos, los que tienen como efecto aumentar un poco la cantidad de proteína y mejorar la cantidad de calorías diarias”.

Sin embargo, el especialista asegura que muchos fisicoculturistas “están usando los famosos anabólicos, que finalmente son medicamentos que en dosis terapéuticas no hacen daño porque están hechos para cumplir con una función en una patología determinada, pero si se utilizan de forma indiscriminada, ahí es donde viene el problema”, asegura.

Los problemas a los que se refiere el médico tienen que ver con todos los efectos secundarios que trae consigo el exceso de anabólicos. En el caso de los fisicoculturistas, estas drogas son utilizadas a menudo – aun cuando no están permitidas – llegando al extremo de inyectarse productos que están elaborados sólo para ser utilizados en animales (y tampoco en competencias deportivas, sólo con fines médicos).

En este contexto, Nelson Aravena dice que dentro de los efectos están los problemas hepáticos irreversibles, el aumento de la presión arterial, la ginecomastia (aumento de la glándula mamaria), entre otros y si bien asegura que se trataría de un mito considerar como una consecuencia la baja de la potencia sexual (hipogonadismo) – dice que puede ocurrir, pero que no se trataría de algo frecuente ni el efecto más peligroso - el doctor Gutiérrez afirma que sí afecta la libido y por lo tanto incide en problemas sexuales como la impotencia.
“Hay fisicoculturistas que se arrepienten de su actividad, porque se ven que teniendo 34 años tienen una capacidad nula de procrear”, menciona el especialista en medicina deportiva, quien además agrega que “cuando uno no produce testosterona y se la administra de manera artificial, se va perdiendo la libido y de hecho se puede llegar a ser impotente”, asegura.

Para contrarrestar los efectos secundarios de este tipo de productos, Aravena menciona que los fisicoculturistas recurren a otros fármacos; “se van mezclando y mientras algunos duran más tiempo en la sangre, otros son de más rápida liberación. Algunos de los fármacos que se utilizan son los protectores hepáticos y los antiestrogénicos”, dice.

El consumo de proteínas mal dosificada puede causar entre otras cosas, gota, daño renal y hepático, cansancio, cefalea, entre otros.

Otra conducta habitual y nada de sana es entrar en estado “seco”, es decir, dejar de consumir líquido (también sodio) con el fin de deshidratarse (esto se apoya con el uso de diuréticos; algunos beben agua destilada) y con ello conseguir músculos más marcados. Esta acción es calificada como “una locura” por el especialista de MEDS quien además menciona que “si los seres humanos somos 60% agua, al deshidratarse en espacios de dos, tres o siete días, junto al uso de anabólicos representa un daño renal importante” e incluso también el riesgo de muerte.

En síntesis, estas personas – hombres y mujeres – se estarían llenando de fármacos y en ese sentido, Aravena menciona que cuando “alguien que entrena con pesas y utiliza esteroides para estar más grande de lo que puede estar normalmente, está corriendo un riesgo y está en niveles altos en lo que a uso de sustancias se refiere”.
 
El grupo de los solitarios

El doctor Rafael Gutiérrez menciona que en el fisicoculturismo otro factor de importancia es el social. Al respecto comenta que se trata de “individuos que a la larga son solitarios, introvertidos e independientemente de ese gran cuerpo, temen al fracaso y son intolerantes antes las bromas. Son complicados”, asevera.

En ese sentido, menciona que existen estudios que dicen que “cuando los psicólogos buscan entre los antecedentes de un fisicoculturista, siempre hay rasgos de daño o abuso en la niñez”, refiriéndose al ahora llamado bullying escolar. “Bullying ha existido toda la vida, lo que pasa es que ahora hay celulares y cámaras que lo registran”, manifiesta.
 
 
Así, asegura que “muchos de esos niños a quienes los molestaron por ser gordos, hoy son fisicoculturistas” y de allí que se habla además de que un gran número de estas personas padecería de trastornos alimenticios como bulimia, anorexia y vigorexia.
 

Para el especialista de MEDS, los fisiculturistas constituyen “una familia extraña donde es fácil entrar, pero muy difícil salir porque te entrega una visión distorsionada de la realidad y eso es claramente patológico”.

Nelson Aravena en tanto, comenta que al momento de entrar en el mundo del fisicoculturismo, “tu estilo de vida cambia por completo”, lo que según sus palabras, “te aparta de la vida social”.

Por otro lado, comenta que éste es un “deporte individualista donde se favorecen las personalidades conflictivas, narcisistas e incluso psicóticas. Eres tú y tu cuerpo y sólo vale la satisfacción personal”, asegura.

Para el doctor Gutiérrez la idea de ser un fisiculturista natural es totalmente factible. “Eso se llama trabajo” subraya y agrega que “claramente le costará un poco más lograr el objetivo, pero es totalmente posible”. Lo mismo afirma Nelson Aravena, quien además cuenta que existen en Estados Unidos competencias donde sí se prohíbe de manera estricta el uso de drogas y son increíbles los resultados a los que puede llegar un participante sin consumir ningún tipo de sustancia.

A pesar de lo anterior, el doctor Gutiérrez es enfático al señalar que un fisicoculturista “no es precisamente una persona sana, tampoco estéticamente bien formada ni socialmente adecuada”, por lo tanto esta actividad no sería ni salud ni deporte. “El  fisicoculturismo con doping, anabólicos, con malas prácticas de entrenamiento, con poca recuperación, con vigorexia, etcétera no es salud y eso no es deporte”, dice categórico.

En síntesis, con entrenamiento y disciplina es totalmente posible lograr el aumento de la masa muscular – y por lo tanto llegar a ser un fisicoculturista - pero claro está, no al nivel de los individuos que muestran los medios de comunicación.

Punto Vital Septiembre 2011 ©
 
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