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El ácido láctico no es un enemigo, pero hay que preocuparse de su acumulación
 
Un síntoma de alerta
Rubén es de aquellos que practica a diario su especialidad. Deportista desde niño, la vida se le iba en carreras y ejercicios que lo hacían – además de mantener su físico en forma – estar sano y poder competir en importantes campeonatos. Sin embargo, empezó a notar que fuertes dolores musculares y fatiga lo aquejaban cuando exigía más a su organismo.
 
Carla González C.
 

Proveniente de una familia conformada por personas amantes del deporte, Rubén sentía que tener su cuerpo en constante movimiento era algo normal y que disfrutaba mucho. A medida que fue creciendo, sus atléticas prácticas se fueron desarrollando junto con su cuerpo y después de años de entrenamiento, lo que parecía un hobby se convirtió en su oficio.

Así, este joven comenzó con un trabajo diario que le demandaba gran parte de su esfuerzo, colocando su organismo a ‘mil por hora’ cada vez que entrenaba. A pesar de estar satisfecho con los logros que había conseguido durante su carrera como deportista, Rubén sentía que podía dar mucho más y por esa razón, la preparación a la que de pronto se sometió – y que por cierto era mucho más exigente – le comenzó a pasar la cuenta.

Fatiga permanente y dolores musculares eran los síntomas que lo aquejaban diariamente. Sin saber por qué le pasaba esto, hizo caso omiso y sólo se dedicó a mantener su rutina de ejercicios y realizar a modo de relajación algunos masajes para ver si con eso las molestias cesaban, lo que no ocurrió.

 

El ácido láctico era considerado por algunos deportistas como “un enemigo” pues al acumularse en el organismo produce desagradables síntomas como la fatiga y el dolor muscular.

 

Este caso sin duda podría ser observado por Carlos Valdés Abarca, profesor y personal trainner del Centro de Medicina, Ejercicio, Deporte y Salud – MEDS – quien sentencia que lo más probable es que lo que Rubén tenga es una acumulación de ácido láctico en su organismo.

En palabras del entrenador, el ácido láctico es “una sustancia producida por el organismo a través de la oxidación de la glucosa en la célula y que afecta de manera activa a todo lo relacionado con el ejercicio”. Por esta razón, el joven practicante y protagonista de este artículo – en su calidad de deportista – tendría que ver con este tema, pues quienes sostienen una actividad física permanente e intensa, son más propensos a la acumulación de este ácido.

“Dependerá de la intensidad con que uno trabaje”, menciona Valdés y añade que la aparición de esta sustancia es a través de precisamente los mismos síntomas que Rubén dice sentir, o sea, fatiga y dolor muscular. “Ésa es la manera física, la sintomatología que tiene la aparición del ácido láctico”, explica.

A pesar de que entre sus pares, el joven deportista había escuchado hablar de esta sustancia como algo malo que provocaba muchos problemas y que por lo tanto, se le temía a su aparición, no se había percatado de que era esta acumulación de ácido el que lo tenía con aquellos malestares.

Al respecto, Carlos Valdés dice que “(el ácido láctico) es una sustancia normal a la cual no hay que temerle”, pero destaca que cuando alcanza altos niveles sí puede resultar tóxica y es por esa razón que se vuelve necesario saber en qué punto el deportista tiene su umbral láctico, para así poder determinar hasta dónde su organismo puede desenvolverse normalmente antes de incurrir en su posible acumulación.

¿Pero por qué a Rubén le ocurría esto si a pesar de haber aumentado la exigencia en su rutina, lo primero siempre era el trote constante para luego meterse de lleno en su actividad? Es precisamente acciones como ésta las que contribuyen en la aparición del ácido láctico, lo que es explicado por el personal trainner de MEDS como “un quiebre entre una actividad y otra (pasar de un ejercicio aeróbico a uno anaeróbico), donde comienza a aparecer la sustancia en cantidades mayores. El quiebre se dispara”, sentencia.

 

En palabras de Carlos Valdés, es a través de exámenes como el ‘Test del umbral láctico’ donde se pretende “mejorar el rendimiento de la persona, desplazando la curva ascendente que tiene el ácido láctico hacia la derecha, o sea, que demore en el mayor tiempo posible su aparición”, manifiesta.

 
Ácido láctico: una luz amarilla
 

No todo lo que se dice acerca del ácido láctico es negativo y así como los compañeros de Rubén comentaban acerca del temor que tenían de su acumulación en sus organismos, había profesores que se acercaban a ellos para comentarles de lo bueno que era el que existiese este especie de “luz amarilla natural” en la vida del ser humano.

Al respecto, el profesor Valdés dice que lo positivo de esta sustancia tiene que ver con su cualidad de indicar que el músculo entra en una fase anaeróbica, “por lo tanto, lo que hace en realidad es prevenir de lesiones mayores”, asegura.

 
     

En cuanto a la cantidad en que este ácido trabaja en el cuerpo dice que dependerá del individuo, su edad, peso, actividad y la intensidad del trabajo físico. La forma de determinar cuánto ácido láctico posee una persona es mediante un examen de sangre, procedimiento que en palabras del especialista, “determina cuáles son los valores que tiene este tipo de sustancia”.

Revisando el historial de nuestro protagonista, podemos apreciar que sus problemas comenzaron luego que decidió exigir un poco más a su cuerpo durante los entrenamientos. Apreciando esto, Valdés infiere que la acumulación del ácido láctico comienza a hacerse patente en el organismo cuando “la intensidad del trabajo es muy alta y la persona de por sí no tiene una preparación adecuada al respecto”.

Y claro, Rubén a pesar de ser un avezado deportista, había incurrido en un error al sobre exigirse sin la guía de su entrenador. “Cuando hay personas que no están bien preparadas para una exigencia alta, generalmente aparece el ácido láctico y esto puede ocurrir en un corto tiempo o en uno más prolongado”, comenta.

 
El hígado como colaborador
 

“El ácido láctico se remueve muy rápido”, asegura Carlos Valdés y añade que lo que sí permanece por un tiempo son los síntomas anteriormente descritos. La síntesis de esta sustancia ocurre en el hígado, siento éste el órgano que ayuda a metabolizarlo y eliminarlo del cuerpo.

A pesar de que el hígado está para cumplir esa función, el profesional de MEDS comenta que una acumulación excesiva de la sustancia podría de igual forma contribuir a un daño en esta parte del cuerpo y que esto también puede ser determinado a través de un examen, por lo que hay que someterse a constantes chequeos médicos. “En realidad no se produce un deterioro directo en el hígado, pero sí puede llegar a dañarse si la acumulación de ácido láctico es continua”, aclara.

Todo está en el control del deportista. Es por eso que en el caso de Rubén se recomienda la prueba médica antes señalada para así saber hasta qué punto podrá de ahora en adelante exigir a su organismo en cada rutina de actividad física que desarrolle. “Cuando se trata de deportistas, se debe trabajar sobre el umbral, para conseguir justamente desplazar el aparecimiento de la sustancia”, agrega Valdés.

Además – y según lo que declara el profesor – una revisión con un especialista en nutrición también es necesaria para conocer si el paciente tiene problemas con su metabolismo. “Cualquier alteración que se vea a través de un perfil bioquímico o lipídico, va a determinar que la persona tenga además otras dificultades en su organismo cuando vaya a hacer algún tipo de actividad física”, explica.

En síntesis, la realización de un examen previo es de suma importancia para así tener clara la forma en que se encuentra el organismo de quienes se someterán a grandes esfuerzos físicos. Es por eso que los deportistas como Rubén deben estar atentos a estas instrucciones, para así conocer de qué es lo que se trata el ácido láctico y su acumulación y así no sobrepasar los límites del esfuerzo físico.

“Si se va a hacer alguna actividad física como la que hacen por ejemplo los runners, sería bueno tomarse el ‘Test del umbral láctico’ y uno de consumo de oxígeno”, menciona. Además, sentencia que “quizás quieres correr una carrera de 21 kilómetros, pero si te tomas los exámenes adecuados, a lo mejor no estás preparado para eso, por lo tanto es importante realizar un trabajo previo y asesorado por algún profesional que ayude a conseguir aquellos objetivos”.

Por último, el profesional llama a no sobreexigirse en los ejercicios y a la necesidad de plantearse expectativas individuales y reales, para que así la práctica del deporte pueda ser desarrollada con normalidad y sin ningún contratiempo.

 
Punto Vital Febrero 2009 ©
 
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