Para el psicoterapeuta todo esto obedece a la incapacidad de mostrarse tal cual uno es, atreviéndose a decir qué es lo que uno quiere sin temor a lo que dirán los demás o a sentirse fuera de contexto. “Estamos llenos de personas que trabajan en una oficina y que les fascinaría trabajar con la tierra o viceversa. En el fondo estamos bajo mucha presión por cumplir un modelo”, manifiesta.
Entonces, continúa, “vivimos hipnotizados y en ese sentido es mucho más fácil seguir a la mayoría”, evitando quizás a toda costa vernos a nosotros mismos, observar nuestras fallas, aceptarlas y ser fiel a ellas. “Mira esas yayitas y sé leal a ellas y a ese dolor. No te hagas como el resto, pues al final ser normal nos juega en contra”, dice.
En ese sentido, manifiesta que la labor del psicoterapeuta es “devolverle a la persona la enorme responsabilidad que tiene en todo lo que le acontezca en su propia vida, acompañarla para que (se) descubra, ayudándola así a trabajar sobre su sensibilidad”, lo que le permitirá en este caso ser más creativo, arriesgarse y perder el miedo a la crítica, esto último sin duda un gran tema pendiente para los chilenos. |