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El yoga iyengar es un medio para transmutar la enfermedad

Cáncer y yoga, una relación posible

A pesar de ser algo muy delicado y estar supeditado al estado de salud, los pacientes con cáncer pueden encontrar en el yoga iyengar una gran ayuda para mejorar su calidad de vida y la capacidad para resistir la enfermedad.
 
Carla González C.

Devolver la salud – estado natural del ser humano – apoyar el tratamiento de los pacientes, mejorar su sistema inmune y su capacidad para sobrellevar la enfermedad y todos los efectos que se desprenden de ella, son algunos de los objetivos del yoga iyengar, una técnica proveniente del hatha yoga y que se practica según lo establecido por el maestro de yoga de la India, B.K.S. Iyengar.

Ese método se caracteriza básicamente por “la importancia de la alineación de los huesos y articulaciones, la conciencia corporal, la conexión entre las distintas partes del cuerpo, el descubrimiento de la diferencia entre la acción y el movimiento y el entendimiento del propio cuerpo, el uso de elementos (ladrillos, mantas, cintos, almohadones, etcétera) y la experimentación de la sabiduría del yoga”, cualidades que lo convierten en un sistema muy completo y útil para quienes desean volver al equilibrio.

En el caso de las personas que padecen de cáncer, la también llamada ciencia del yoga puede ser una alternativa de tratamiento complementario que puede dar muy buenos resultados, eso si, debe practicarse con mucho cuidado y sólo si las condiciones de salud del paciente lo permiten.

La instructora de yoga iyengar nivel junior I, Alejandra Campos, cuenta desde Suecia para Punto Vital que la enfermedad es concebida por el yoga de distintas maneras, esto según el método que se practique. Según cuenta, en el caso del iyengar, fue su creador quien descubrió en la práctica cómo debía ser dirigida la técnica.

“B.K.S Iyengar partió dando clases a mujeres y luego las dio a personas enfermas y con limitaciones físicas y de alguna manera, así - desde esa experiencia - se comenzó a desarrollar este método, algo muy seguro para quien no padezca de ninguna enfermedad, pero también algo muy efectivo, una terapia para personas con alguna lesión o patología”, cuenta.
 
La instructora de yoga iyengar, Alejandra Campos, afirma que este método “sirve tanto para prevenir como para tratar enfermedades”.

En el caso del cáncer, Alejandra afirma que “lo que la práctica del yoga, sobre todo del iyengar, puede aportar en un momento como el diagnóstico de un tumor, es la calma mental y la aceptación. El yoga ayuda a que nos relacionemos con nosotros mismos desde la compasión y el amor. Entonces, en un momento estresante en el que recibimos una noticia que nos cambia la realidad, el yoga siempre estará ahí para afirmarnos”, asegura.

En esta misma línea cuenta que “hay estudios que hablan acerca de lo positivo que puede resultar el iyengar, pero en la etapa de recuperación, o sea, luego de la quimioterapia, una operación en la que quitan un tumor, etcétera”, esto porque “atenúa el dolor físico y resulta beneficioso para la fatiga que causan los largos tratamientos de enfermedades como ésta”.

Por esa razón, este yoga es muy bien considerado como una terapia complementaria e incluso única para quienes deciden no someterse a ningún tratamiento alópata,  principalmente la quimioterapia. Sin embargo, para la instructora es muy importante destacar que esto será posible “siempre y cuando el estado del cáncer no esté avanzado y la persona tenga energía para practicar”.

Pese a eso, es enfática al señalar que en el caso del cáncer “no es recomendable que una persona con una enfermedad grave y que están pasando por tratamientos como la quimioterapia comience una práctica”.

Para explicar lo anterior menciona que “alguien con un cáncer avanzado podría tener acceso a una secuencia especial creada por profesores seniors, pero en Chile no hay nadie que tenga esa capacidad aún”.

Además subraya la importancia que tiene entender que no se trata de algo general y de decir “tengo cáncer, practicaré yoga o estoy saliendo de quimioterapia y me siento mejor y por eso practicaré yoga. Tiene que ver con algo más; con la misma persona, con los médicos, con encontrar el profesor calificado para ayudar, etcétera. De lo contrario, el yoga también puede resultar muy dañino y puede significar desde una lesión física hasta lograr estrés en vez de relajación”, asegura.

Un trabajo sobre el campo energético

Para la profesora de yoga iyengar de Yoga Mukti nivel introductorio II, Claudia Díaz, “la visión del yoga es positiva y en ese sentido, concibe a la enfermedad como el resultado del desequilibrio energético que en general se da en un plano de conciencia y donde el cuerpo es sólo el vehículo y el lugar físico donde se manifiesta esta falta de armonía”.

Es por eso que resalta que en el momento en que una persona que está enferma comienza a practicar yoga iyengar, “el enfoque no estará en la zona que le duele, sino en la restauración de la armonía. Se deben buscar cuáles son los factores que lo llevan a tener una determinada postura, estilos y formas de encarar la vida, emociones, etcétera y que lo están llevando hacia este desequilibrio”.
 
 
“Cuando uno crea mejores condiciones, entonces los tratamientos médicos dan mejor efecto y eso hace el yoga, trabajar también en el cuerpo energético, que es lo que está más afectado en cualquier persona enferma”, menciona Claudia Díaz.

En el caso del paciente con cáncer – y que decide practicar este método - Claudia afirma que “éste de alguna manera ya se dio cuenta de que no es una víctima de la enfermedad; por algo busca el yoga y no se queda en esa suerte de circuito de la medicina alópata. Comprende que hay algo más y que trasciende el cuerpo”, asevera.
Al contrario de lo mencionado por Alejandra Campos, Claudia Díaz asegura que todos los pacientes con cáncer pueden practicar yoga iyengar, sin importar incluso en la etapa de la enfermedad en que se encuentren.

Para explicarlo, dice que “no es que se vaya a tratar el cáncer a través del yoga, sino lo que se hace es que el paciente – en cualquier etapa que esté – mejore su sistema inmune y su capacidad para resistir lo que tenga que resistir; que logre transitar por el tratamiento y por todo el proceso de enfermedad”.

La rutina restaurativa

Según cuenta la instructora de Yoga Mukti, los pacientes con cáncer a pesar de que comparten la misma clase de aquellos practicantes que no tienen problemas de salud, deben realizar una rutina distinta, llamada restaurativa.

Al respecto, cuenta que “lo más importante para alguien que enfrenta el cáncer es entender que al interior de su organismo hay exceso de calor en las células, una especie de fiebre interna producto de tratamientos como la quimioterapia y la radioterapia”.

Entonces, prosigue, “lo que tiene que hacer la práctica es remover ese calor y por eso el paciente debe procurar calmar las fibras nerviosas, lograr que las células estén en estado de tranquilidad, relajar y calmar el sistema nervioso y abrir el cuerpo porque el mismo proceso de la quimioterapia lo cierra y contractura”.

Los movimientos y asanas (posturas), asevera, dependerán del estado del paciente – todo el proceso es individual – y de factores relacionados con, por ejemplo, dónde esté el foco del cáncer.
 
Claudia Díaz es enfática al señalar que la práctica del yoga iyengar en pacientes con cáncer debe ser individual y siempre pendiente del estado en que se encuentre la persona. “Si pones a 10 pacientes con la misma enfermedad juntos, los diez van sobrellevarla de distinta manera y todo dependerá de cada uno de ellos y su fortaleza para salir adelante”.

Si bien no puede asegurar que el yoga iyengar podría ser capaz de sanar el cáncer (o al menos provocar cambios sustanciales en un paciente), Claudia sí afirma que “los practicantes de este método están más tranquilos y sin querer se comparan con otros pacientes que están por ejemplo en tratamiento de quimioterapia y dicen: he visto gente completamente destruida, física y emocionalmente. Ellos en cambio, a pesar de estar en la misma situación, transitan con más sabiduría y tranquilidad y eso hace mucha diferencia”.

De alguna forma, dice la instructora “el paciente se empodera, se conoce y siente que es capaz de ir hacia dentro y encontrarse consigo misma y su enfermedad. Es una persona capaz de todo”.

En camino a ser senior
Claudia Díaz cuenta que si bien en Chile aún no hay profesores de yoga iyengar con título senior (quienes según los entendidos, los más experimentados para trabajar con pacientes con cáncer, los instructores chilenos actualmente están trabajando por la certificación.

Al respecto dice que como grupo llevan seis años en este proceso trabajando con dos discípulos directos de B.K.S. Iyengar y asegura que “ya en la categoría junior un profesor está capacitado para trabajar con pacientes”.
 
Punto Vital Agosto 2012 ©
 
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