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Endorfinas: hormonas de la felicidad
 
 
No tomarse vacaciones puede ser el inicio de un estado crónico
 

“Disfrutar debiera ser natural”

En época de verano, existen dos caras de una moneda “poco saludable”; aquellos que tienen la oportunidad de salir de vacaciones y no las disfrutan y otros que por muchas razones no se las toman durante años. Ambos terminan sin haber descansado, lo que finalmente puede producir graves consecuencias.
 
Carla González C.
 

Llegó la época estival y la gran mayoría de los chilenos se encuentra disfrutando, planificando o a lo menos pensando en las vacaciones. Sin embargo, tener la intención de disfrutar en la playa, el campo o la montaña no basta si en medio del descanso intervienen factores que finalmente incidirán en la manera en la que al menos se pretende gozar de este periodo del año.

Y si ellos al menos tienen los días libres para recrearse, hay muchos otros que ni siquiera se toman las vacaciones, esto porque simplemente no tienen derecho, porque se reconocen como trabajólicos o porque derechamente sienten miedo de salir de sus oficinas por algunas semanas para volver a ellas encontrándose con un sobre azul sobre la mesa.

Todos estos ejemplos se multiplican y a pesar de que la imagen clásica es la de la playa repleta de personas, ¿cuántas de ellas estarán disfrutando realmente de esas semanas de descanso?

Para el psicólogo clínico y coordinador de proyectos de la Clínica de Atención Psicológica (CAPs) de la Universidad de Chile, Jaime Yasky, uno de los errores más comunes que comete la gente al momento de iniciar o planificar sus vacaciones es “plantearse expectativas y exigencias altas que terminan frustrándose porque por abecé motivo no se pueden cumplir”.

Lo anterior se concreta, según sus palabras, porque hay muchos que durante todo el año “trabajan esforzadamente, sobrellevando frustraciones y tolerando esfuerzos intensos. Entonces durante ese periodo idealizan sus vacaciones y depositan muchas expectativas para el verano, porque puede que ése sea un momento para resarcir todo lo que han hecho y eso a veces es difícil de cumplir”, comenta.
 
Hacer demasiadas cosas y tener la intención de pasar momentos perfectos y sin ningún problema es sobreestimar a las vacaciones. Durante ellas “muchas cosas de la vida continúan, como el cuidado y la responsabilidad por los hijos y por eso idealizarlas mucho es una muy buena manera de frustrarse”, indica Jaime Yasky.
 
El doble filo de estar online
 

Otro problema que aqueja sobre todo a los más trabajólicos es la posibilidad de “desconectarse del mundo” para sólo ocuparse del descanso y el goce durante las vacaciones.

Así, mientras hay quienes perfectamente pueden olvidarse de los problemas y pendientes que dejaron en la oficina, otros no sueltan ni por si acaso el celular, el computador o cualquier otro medio que los mantenga conectados. El prescindir de estos canales de comunicación, podría causarles incluso un ataque de nerviosismo y ansiedad.
 
Según el psicólogo, ser trabajólico precisamente tiene que ver con una adicción, en este caso al trabajo. “Es normal que uno se acostumbre a ciertos ritmos de actividad y también de reposo durante el año que cuesta cambiar en las vacaciones”, dice.
 

Al respecto, el psicólogo de CAPs menciona que ése es precisamente “el doble filo que tiene todo esto de la conexión, de estar online, donde por un lado se vende mucho la idea de libertad, pero la contracara de eso es estar constantemente disponible y pendiente de todo lo que está ocurriendo en otros lugares y por ende, no estar plenamente en el sitio donde se está”, manifiesta.

Con respecto a esto, concuerda con que precisamente tratar de desconectarse lo más posible es un buen consejo para disfrutar de las vacaciones, dejando las preocupaciones sólo para lo imprescindible y necesario, en este caso la familia por sobre lo laboral.

Por otro lado, menciona que tomarse un descanso para alguien catalogado como trabajólico tampoco es simple, pues según comenta “cuando se relajan salen a flote todas las sensaciones de frustración, cansancio y malestar que habían mantenido a raya hasta ese momento. Para algunos es difícil dejar la rutina y de hecho lo pasan muy mal en vacaciones; incluso hay gente que se devuelve a trabajar porque se sienten mejor”, asegura.

Entonces, agrega, que debemos preguntarnos qué relación tenemos con nuestro trabajo; si es acaso una relación racional o una irracional y neurótica, donde no podemos soltarnos de las actividades laborales por culpa o miedo a vernos a nosotros mismos como seres desocupados y ociosos.
 
Los chilenos vemos el trabajo como algo forzado
 

A partir de algunos estudios sabemos que Chile es uno de los países con más carga de trabajo en el mundo (el informe “La forma de hacer las cosas” hecho por la PNUD en 2009 mencionó que los chilenos trabajamos en promedio 53 horas a la semana, sobrepasando en un 17% a lo que se establece en la legislación), cosa que no concuerda para nada con nuestra productividad, la que en muchos casos deja bastante que desear.

Y esto, ¿tiene algo que ver con el tema de las vacaciones? Quizás no directamente, pero ciertamente sí si nos ponemos a pensar en esa manera tan negativa en que concebimos el trabajo, donde vemos nuestro desarrollo profesional como algo forzado, doloroso y donde siempre estamos esperando a que nos den órdenes para poder cumplir con nuestras obligaciones. Pensando así, ¿alguien puede descansar realmente?
 
     
Es por esta visión traumática que tenemos de lo laboral es que hay muchos jefes que no permiten los días libres por temor a disminuir la producción de su empresa y empleados que no toman días de descanso por miedo a perder el trabajo después de haberse pasado algunos días ‘de guatita al sol’. 
 

“En Chile se trabaja harto, eso es efectivo, pero no necesariamente es muy productivo y para allá va el desafío en términos de ir evolucionando hacia una autonomía, donde cada individuo vaya tomando responsabilidades sobre su trabajo y salir un poco de la mentalidad infantil de pensar que yo trabajo porque el jefe está mirándome”, sostiene Yasky.

 

Para el psicólogo, sentir el trabajo como algo similar a la esclavitud deja la vara alta para las vacaciones, las que pasan a ser una suerte de liberación. “Cuando no se descansa bien, tampoco se trabaja de buena manera”, asevera y por eso menciona que salen a flote ideas como las de la posibilidad de tomar una siesta después del almuerzo, cosa que al menos en Estados Unidos se ha podido ver como resultado, una mayor productividad y al mismo una disminución de los accidentes laborales.

“Convencer de que tomarse un descanso puede ser algo productivo es difícil en nuestra mentalidad que tiende más al control y a suponer que si lo hacemos habrá ‘chipe libre’. Es un tema complejo”, acota.

Y en cuanto a quienes no vacacionan en años – ya sea por opción o porque están imposibilitados de hacerlo – el psicólogo ve que con el paso del tiempo, “se va viendo un estado crónico que de a poco va irrumpiendo en la conciencia y va transformando el estado de ánimo normal de la persona en fastidio, irritación y embotamiento”, dice.
 
Una semana no es suficiente
 

El especialista de la Universidad de Chile opina que para que las vacaciones sean realmente efectivas, lo más importante es “lograr soltar los afanes cotidianos, lo que en cuanto a duración, requiere tiempo desprenderse de los hábitos y ritmos”, por lo que según sus palabras, “son aconsejables las tres semanas o más, es decir los quince días hábiles que al menos en nuestro país son los destinados legalmente para este fin”.

En ese sentido dice que tan solo adaptarse al cambio de rutina puede tardar una semana y aquí – dice - aún no se nota un descanso profundo ni un cambio en la rutina. Eso toma tiempo y para muchos recién se logra a la segunda semana”, menciona.

“Hay formas y formas de descansar, es decir, descansar y hacer cosas no son contrarios. Lo importante es el carácter lúdico con que se emprenda el hacer”, agrega.
 
     

En conclusión, Jaime Yasky menciona que lo ideal es que planificar las vacaciones no se transforme “en una pega más”. Así, sostiene que “dar libertad a lo espontáneo”, evitar una planificación y dejar que las cosas fluyan sin estresarse ni poner presión a las actividades que se quieren desarrollar, permitirán un real descanso y un positivo regreso a un nuevo año de trabajo.

 
Punto Vital Diciembre 2010 ©
 
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