“Es imposible meter el mar en tu cabeza, que es un balde”, es sin duda una de las frases destacadas de esta película, un verdadera “road movie interior” que a través de sus imágenes, va más allá del típico cliché que se suele mostrar cuando se habla de espiritualidad.
La historia cuenta de dos hermanos – Rafael y Tomás - y de cómo su presente está claramente marcado por su niñez y el angustioso recuerdo del secuestro y muerte de sus padres a manos de los militares protagonistas de la dictadura argentina.
Así, mientras Rafael se convierte en un escéptico profesor de filosofía en una universidad, Tomás se vuelca a la meditación, tal como su padre, budista que le transmitió quizás en forma inconsciente todo lo que hoy este joven intenta replicar para sí y que claramente lo logra, siendo visto por algunos – Laura, su novia, una de ellos – como un verdadero “santo”.
Es justamente esta búsqueda la que choca con la realidad o al menos con la que experimentamos la mayoría, ésa que en muchas ocasiones nos impide ver más allá del bosque. En la película lo anterior es claramente retratado por Rafael, quien de alguna forma también emprende el mismo viaje que Tomás, en su caso para salir de la racionalidad que subraya su vida desde la niñez. |