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Cuando la tristeza se convierte en una enfermedad
La vida es como una montaña rusa, un sube y baja de sentimientos y emociones que nos acompaña día a día. La tristeza es uno de ellos. Es natural sentirse profundamente triste la muerte de un ser querido, o después de una gran desilusión en el hogar o en el trabajo. Sin embargo, cuando esa tristeza es permanente e incluso se acrecienta con el paso del tiempo, cuando comienza a controlar a la persona, es posible que se trate de una depresión; una enfermedad no poco común y que puede y debe tratarse.
 
Por Katherine Julio Ramírez* Psicóloga
 

El trastorno depresivo es una enfermedad que afecta el organismo (cerebro), el ánimo, la manera de pensar, la forma en que uno come y duerme, e incluso en cómo uno se valora a sí mismo (autoestima). Un trastorno depresivo no es lo mismo que un estado pasajero de tristeza. No es una condición de la cual uno puede liberarse por voluntad propia. Sin la ayuda necesaria los síntomas pueden durar semanas, meses e incluso años; por el contrario, sometiéndose a un tratamiento adecuado las personas que padecen depresión pueden mejorar mucho.

Según estudios de varios expertos en el tema, la depresión produce alteraciones en cuatro dimensiones:

 
Hay ciertos tipos de personas que están más predispuestas que otras a sufrir depresión, como es el caso de quienes tienen poca autoestima, se perciben a sí mismos y al mundo de forma pesimista y se abruman fácilmente por el estrés. Sin embargo, no se sabe con certeza si esto representa una predisposición psicológica o una etapa temprana de la enfermedad.
 

Humor depresivo: en la persona que sufre una depresión sobresale inicialmente el pesimismo o amargura, la desesperanza, la tristeza, el hastío por la vida o la falta de placer, las preocupaciones morales o económicas, la hipocondría, las cefaleas, la opresión precordial (sensación de opresión en el pecho, cerca del corazón) y distintas sensaciones de malestar corporal.

Anergia o vaciamiento de impulsos: suele aparecer con mucha frecuencia el aburrimiento o la apatía (falta de ganas), las cavilaciones obsesivas que llevan a la indecisión, la disminución de la actividad habitual en trabajos o diversiones, la abstemia o dinamia (fatiga corporal), y el apagamiento de la lívido o deseo sexual.

Dificultades en la comunicación: los rasgos más frecuentes son la aflicción por cualquier cosa, el retraimiento social, la sensación de soledad, el aislamiento, la irritabilidad, el abandono de los pasatiempos habituales (lecturas, radio o televisión) y el descuido en el arreglo personal y/o el vestuario.

Desregulación de los ritmos vitales (sueño-vigilia y alimentación): los ritmos vitales normales se alteran. Por lo general, en un principio hay poco sueño, es decir, la persona suele tener dificultades para conciliar el sueño, quedándose dormida con dificultad o despertándose demasiado temprano por las mañanas. También suele existir pérdida de apetito y de peso, además de inestabilidad de la sintomatología, es decir, días con apetito y sueño normal, pero otros con grandes dificultades para dormir y escaso o nulo apetito. Se calcula que el 50 % de las fases depresivas comienzan con un trastorno del sueño.

Si una persona joven, adulta o anciana (en niños es diferente) muestra por lo menos 3 o 4 elementos de este conjunto, sobre todo si éstos pertenecen a la misma dimensión y se mantienen por un mínimo de dos semanas, es preciso pensar seriamente en consultar a un especialista, pues es muy probable que se esté iniciando una depresión.

 
¿Por qué me deprimo?
 

Se desconoce la causa exacta de la depresión. Algunos investigadores creen que puede ser causada por desequilibrios químicos en el cerebro, hereditarios o causados por eventos en la vida de una persona.

También hay ciertos tipos de personas que están más predispuestas que otras a sufrir depresión, como es el caso de quienes tienen poca autoestima, se perciben a sí mismos y al mundo de forma pesimista y se abruman fácilmente por el estrés. Sin embargo, no se sabe con certeza si esto representa una predisposición psicológica o una etapa temprana de la enfermedad.

Estas son algunas de las situaciones consideradas como causas típicas de episodios depresivos:

 
     
  • La pérdida de un amigo o familiar
  • Una desilusión importante en el hogar o en el trabajo
  • Una enfermedad o un dolor crónico o prolongado
  • Condiciones médicas como hipotiroidismo, cáncer o hepatitis
  • Uso de medicamentos tales como tranquilizantes, medicinas para la hipertensión, esteroides (prednisona), codeína, e indometacina
  • Intoxicación alcohólica
  • Abstinencia del alcohol
  • Intoxicación por drogas
  • Abstinencia de drogas

De esta manera, la pérdida de un ser querido, los problemas en una relación personal, los problemas económicos, o cualquier situación estresante en la vida, pueden precipitar un episodio depresivo. Las causas de los trastornos depresivos generalmente incluyen una combinación de factores genéticos, psicológicos y ambientales. Después del episodio inicial suelen desencadenarse otros episodios depresivos, en ocasiones debido a un estrés leve y en otros casos sin ninguna situación de estrés de por medio.

Se pueden presentar episodios cortos de depresión u otros de cambios de humor con los cambios hormonales, inclusive los que acompañan al embarazo o al síndrome premenstrual (SPM) y aquellos que se presentan poco después del nacimiento de un bebé (depresión posparto). Otros factores biológicos que pueden precipitar los síntomas depresivos son la alteración del sueño y la falta de luz solar durante los meses de invierno.

 
¿Qué hacer para salir de una depresión?
 

El primer paso para recibir un tratamiento adecuado para la depresión consiste en un examen médico que corrobore que estamos deprimidos. Existen ciertos medicamentos y enfermedades cuyos síntomas pueden confundirse con los de una depresión, por lo que el medico ha de descartar tales posibilidades.

Una vez corroborado, el experto ha de realizar una evaluación psicológica del paciente y remitirlo a un psiquiatra o psicólogo, dependiendo de la gravedad de su cuadro.

La selección del tratamiento para un trastorno depresivo dependerá del resultado de la evaluación. Pueden basarse solo en psicoterapia (efectivo en depresiones leves), sólo con antidepresivos o con una combinación de ambos tratamientos.

 

 
     

La mayoría de los pacientes obtienen un resultado óptimo con un tratamiento combinado de medicamentos (para obtener un alivio relativamente rápido de los síntomas) y psicoterapia (para aprender a enfrentar mejor los problemas de la vida) incluyendo la depresión.

Para quienes se encuentran deprimidas tan severamente que no son capaces de desempeñarse, o tienen una tendencia suicida tan aguda que no pueden ser atendidas con seguridad en la comunidad, puede ser necesaria la hospitalización psiquiátrica.

* Katherine Julio Ramírez es Psicóloga Clínica, especialista en Psicodiagnóstico, Neuropsicología y Psicoterapeuta de Orientación Cognitivo Post Racionalista. Forma parte del Grupo Neuroredes, especializado en salud mental integral. Más información en www.neuroredes.cl.

**Fuentes consultadas
“La Depresión y su Diagnóstico Alonso Fernández”, Editorial Labor, Año 1988

 
Punto Vital Abril 2007 ©
 
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