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Estar con nosotros mismos es una de las tareas más difíciles

Los beneficios del silencio

Vivimos en una sociedad volcada casi en su totalidad al individualismo. Sin embargo, pareciera que lo menos que hacemos es estar con nosotros mismos y para eso, el silencio es una buena herramienta pues nos permite entre otras cosas, escucharnos y enriquecer nuestra vida interior.
 
Carla González C.

Estamos rodeados de estímulos todo el día. La televisión, la radio, el computador, los ruidos propios de la ciudad, las conversaciones con la familia, amigos y colegas de la oficina y un largo etcétera nos mantienen permanentemente pendientes del exterior, ya sea para responder a ellos o simplemente porque estamos acostumbrados y sin ellos sentimos carencias, abandono y soledad.

Pero, ¿qué sucede cuando nos quedamos en silencio?, pero en verdadero silencio y no igualmente acompañados de nuevos sonidos – estar sentados escuchando música no cuenta - ¿qué podemos encontrar?, ¿por qué hay quienes parecieran temer a lo que encontrarán en ese estado?, ¿qué hay de malo en escucharse y respetar nuestros espacios individuales?

El psicólogo chileno, Claudio Araya, menciona en su libro “El mayor avance es detenerse”, que el silencio en el mundo occidental “está valorizado negativamente” y según sus palabras, una prueba de ello “es la paulatina deshumanización y la priorización de la imagen y la máscara”.

Es en este contexto donde el terapeuta menciona que tal como están las cosas actualmente, pareciera que existiese un “enorme temor al silencio” y al respecto cita al filósofo, teólogo y escritor español Raimon Panikkar quien denomina a este miedo como sigefobia, “una de las enfermedades del hombre moderno. El silencio le aterra, ya no por un temor a Dios silente que pueda castigarlo, sino porque este silencio le revela la ausencia de Dios”.
 
“Vivimos en un mundo en el que el poder  más terrible es el ruido. El silencio es el lujo más caro. Tienes que ser muy rico para no oír la música del vecino. Los niños tienen terror al silencio, pero los mayores también. Por eso nos ponen música en los ascensores” (George Steiner, intelectual francés citado por el psicólogo Claudio Araya en su libro “El mayor avance es detenerse”).
 
El silencio: un espacio íntimo

Según comenta la psicóloga, “los silencios son espacios muy íntimos” y por lo tanto es común que surjan momentos incómodos cuando se está con otras personas a quienes los invade ese vacío donde muchas veces es mejor o más apropiado decir cualquier cosa antes que quedarse sin emitir sonido alguno. Ese espacio dice, “es muy sano” y por lo tanto debería ser más respetado.

“La única manera de tener una vida interior tranquila y de estar en paz es teniendo momentos de silencio y por lo general aquellas personas que tienen una vida un poco más caótica y que encierran muchos problemas, es porque no se han dado el tiempo de estar solos para reflexionar”, comenta la terapeuta quien añade que “la reflexión es un proceso que surge desde el estar solo y pensar en cómo estoy, qué es lo que quiero, necesito y me preocupa”.
 
Encontrar y disfrutar del silencio interior es casi una ironía, pues dentro de cada uno de nosotros hay mucho ruido, el que a pesar de no manifestarse en palabras, muchas veces puede llegar a ensordecer más que la misma voz.  “Dentro hay mucho contenido que tiene que salir y si nos cuesta escucharnos, más dependeremos del mundo exterior para resolver nuestros problemas”, comenta Ángela Yáñez.

Para la especialista, lamentablemente carecemos de una riqueza interior, esto pues todo es una vorágine en la que nuestra vida da vueltas a diario y eso junto a no estar acostumbrados a disciplinas como la meditación, las que claramente acercan al ser humano a estar en un mayor contacto consigo mismo, impiden esta conexión que tanto nos hace falta.

En esta misma línea, comenta que en este tema también hay mucho de voluntad y disposición para trabajar en el desarrollo de una mejor relación con nuestro silencio. “Las personas buscan excusas, porque si bien no tienen tiempo para practicar por ejemplo la meditación, sí es probable que tengan cinco minutos para reflexionar acerca de ellos mismos; cinco minutos para sólo estar”, comenta.

El problema, dice, es que este tema se vuelve difícil y es a causa de este poco o nulo autoconocimiento donde advierte que la gran mayoría de las personas que llegan a una consulta a atenderse con un terapeuta es porque “son incapaces de resolver sus propios problemas y cuando el profesional empieza a indagar se da cuenta que ese paciente tiene muy poca vida consigo misma”.
En relación al individualismo del cual se habla (y su posible contradicción con respecto a cómo tendemos a volcarnos hacia afuera), Ángela afirma que más que tratarse de una preocupación por lo que nos pasa y descubrir cuáles son nuestros deseos y necesidades, “tiene que ver con el poseer, el tener cosas para satisfacer mis necesidades que por lo general son necesidades externas, de comodidad, lujo, etcétera. Pero la necesidad interna que puede ser la de tener estabilidad emocional, requiere de ese proceso mental de estar contigo”, asegura.

Ese proceso, explica, “debe ser desde otra sintonía, no es el estar conmigo por ser egoísta”, afirma. Con respecto a por qué nos cuesta tanto sumirnos en el silencio, disfrutarlo y de paso escucharnos, la psicóloga menciona que puede deberse a dos cosas.

Una de ellas es que “no nos educan  para enfrentar lo difícil o lo doloroso, siendo que vivimos estas experiencias a lo largo de nuestra vida y éstas van quedando ahí guardadas”. Al quedarnos en silencio, agrega, “significa recordar o evocar algún sentimiento o alguna situación que no nos guste mucho”.

La segunda en tanto, dice, tiene relación con que “el silencio nos lleva a algo muy profundo y lo profundo en términos de nuestros pensamientos, es algo muy inconsciente. Entonces, si hiciéramos el ejercicio de quedarnos en silencio y anotar todo lo que sucede en ese momento – sin ningún filtro – uno bien podría hasta horrorizarse de las cosas que está pensando, las que generalmente son cosas que no nos permitimos”, asevera.

En silencio me conozco mejor

“Por lo general nos cuesta mucho estar con nosotros y conocernos. Creo que ese es uno de los conflictos más grandes que hay actualmente. El alejamiento de lo básico”, menciona Ángela Yáñez, quien además comenta que cuando uno disfruta de sí mismo y tiene las ganas y la disposición de escucharse, puede entre otras cosas, “saber qué es lo que quiere comer y no ir y engullirse cualquier cosa porque todos los demás lo hacen”.

Según sus palabras, “todos estos procesos pasan por conectarse con uno mismo y si bien hoy es difícil lograrlo, hay cada vez más personas que al menos tratan de hacerlo. Hay distintos caminos; hay quienes buscan una guía como la meditación o el yoga, otros lo logran disfrutando más de lo que los rodea a través de sus sentidos, etcétera.
 
 
“Cuando empiezas a cerrar la boca y a escuchar lo que hay dentro, quizás te vas a encontrar con cosas desagradables, pero también con otras muy buenas. Y al aquietar esta mente que puede resultar muy ruidosa, puedes percibir mejor dónde vives y qué es lo que realmente te gusta hacer. Hay que perderle el miedo a mirarse, porque eso que se encuentra finalmente es uno”, menciona.
 
Punto Vital Abril 2012 ©
 
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