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Hoy, todo es para ayer. ¿De quién es la culpa?
 

La sociedad de los resultados express

Actualmente, la idea es lograr cualquier objetivo en la vida de un día para otro sin importar cómo, porque si no, la frustración es grande. ¿Por qué estamos empecinados en lograr todo lo que deseamos de la manera más rápida posible?, ¿es acaso la sociedad la que nos hace subirnos al carro de lo express?
 
Carla González C.
 

Si queremos adelgazar y no vemos los resultados al día siguiente, la desgracia se apodera de nosotros. Si el viernes tenemos un matrimonio, ayunamos desde el lunes hasta bajar el rollo y caber en el vestido, si no, se evalúa la posibilidad de asistir al evento; si algo no nos gusta de nuestro cuerpo, vamos al lugar que ofrezca los resultados más rápidos, nos sometemos a procedimientos a veces de dudosa reputación y esperamos salir de la consulta con otra nariz, menos arrugas y más volumen en los labios. Todo rápido, todo ahora, todo ¡ya!

Vivimos inmersos dentro de una sociedad que ansía cambios inmediatos, que nos exige y a la cual nosotros también demandamos. La relación es simétrica y por eso es tan difícil saber quién es el responsable de esta obsesión por lo “express”, donde al parecer la paciencia, el trabajo arduo y saber esperar ya pasó de moda. ¿Será que ha cambiado el concepto de sociedad?

Al respecto, el licenciado en sociología, Rubén Tebes menciona que a pesar de que no muchas personas tienen el “esquema formal de vivir el día a día, muchas veces condicionamos nuestras acciones en función de ciertos patrones de conducta que nos exigen terminar las cosas que comenzamos, más bien por una presión moral o ética o por obligaciones laborales o domésticas. En ese sentido, las tecnologías de la información y las comunicaciones – también llamadas TIC – han contribuido de manera significativa al logro de este fenómeno”, afirma.

En ese contexto, asegura que “en la medida que surgen nuevos descubrimientos y nuevas formas de supervivencia, la sociedad en su conjunto prolifera a la par del individuo y eso necesariamente exige que todos nos sometamos, de lo contrario, nos quedamos fuera del mundo tal cual lo percibimos”.
 
“El pago de cuentas online a través de un móvil, compras y ventas por Internet, etcétera hoy sólo requieren de un click y por lo tanto, el tiempo de resolución se acorta y la vida se hace más ligera, simple y cómoda”, comenta el sociólogo, Rubén Tebes.
 

El también sociólogo, Sebastián Ibarra, dice que pese a que nunca se ha tenido un concepto claro de sociedad, es posible identificar (a través de los cambios), diferentes estructuras que han hecho a lo largo del tiempo grupos “etiquetables” y de los cuales se desprenden características muy claras.

Ejemplo de ello es lo que sucede hoy, donde menciona que “más que cambiar el concepto de sociedad, lo que muta es el eje que la estructura y por ende, más que preguntarse por si la sociedad es la misma, vale cuestionarse si lo son las relaciones sociales”.
En ese sentido afirma que “la primera mitad del siglo XX, se define como una sociedad basada en la producción, pero a partir de los años ochenta uno podría pensar que el eje ya no es lo industrial sino más bien el consumo (para otros también el riesgo) y por lo tanto hay un cambio en donde pasamos de  ser ciudadanos a ser consumidores”, enfatiza.

Para Sebastián Ibarra, el tema de la inmediatez tiene mucha relación con el tipo de relaciones sociales que llevamos los seres humanos, es decir (y en este caso) se hace necesario saber “en qué medida factores como la tecnología afectan por ejemplo, en las relaciones sociales, esto porque la inmediatez tiene que ver justamente con romper barreras espaciales y temporales” y eso es justamente lo que ocurre con el uso de las TIC, actualmente al servicio de la gran mayoría de la población.
 
No existe la espera en la sociedad de la Mcdonalización
 

Otro tema que salta a la palestra al momento de discutir por qué como sociedad – y por ende también como individuos – estamos inmersos en lo express acuñando el concepto tan internamente que pareciera ser para muchos el leit motiv de sus vidas, tiene que ver con la globalización, fenómeno que ha permitido una mayor conexión en el transporte de la comunicación, logrando con esto más rapidez en la obtención y entrega de contenidos.

Pese a esto, Rubén Tebes menciona que “la globalización no es un fenómeno como tal, pues data de muchos años”. Para él, lo que estamos viviendo hoy es la ‘glocalización’, “que no es otra cosa que la internalización de valores y costumbres foráneas. Por ejemplo aquí en Chile es muy común ver cómo constantemente vamos adoptando una actitud exógena en cuanto a situaciones o ideas; la ‘Mcdonalización’ es una de ellas y está en su etapa crítica y eso lo vemos claramente en los altos índices de obesidad de la población y el excesivo consumo de comida chatarra que imposibilita una vida sana y activa”, sostiene.
 
Hoy, dice Sebastián Ibarra, “ya no hay un estado que asegure una trayectoria y la seguridad en ella. Entonces, todo lo que uno puede desarrollar en la vida será producto de un esfuerzo individual y eso claramente genera competitividad. Ahora los esfuerzos, los resultados y el riesgo son individuales y por eso lo importante es saber de qué manera se han perdido las trayectorias de vida y en la medida que se mantengan, cómo éstas se han individualizado”, dice.
 

En esta misma línea, Ibarra afirma que “se vive también en la inmediatez, los resultados se exigen en el acto y esperar no es parte de los ritmos sociales, al contrario el que espera pierde. Entonces todo lo que uno vive socialmente se va a traducir en cuestiones individuales, y viceversa, como arreglarse el cuerpo por ejemplo”.

Para el sociólogo, ésta es una “sociedad hipócrita”, donde mientras se le exige al individuo rapidez en todos sus actos, también lo conduce (de manera inconsciente quizás) hacia una vida más pausada – de moda está lo slow -  claramente una postura contradictoria principalmente para aquellos que sienten que pausarse los llevará directamente hacia la desconexión.

Lo mismo sucede cuando hablamos de vivir el presente, pero ¿qué sucede con nuestro futuro, por ejemplo a nivel previsional? Sin duda, un tema para muchos, quienes hoy tienen esa preocupación y trabajan (y viven) por ello.

Contrario a esto, Sebastián Ibarra dice que no puede considerarse una u otra posición como “buena y/o mala” y no es menester hacer un juicio de esto, sino más bien, “lo que debiera preocuparnos es, desde la psicología y la sociología, entender cómo funcionan este tipo de relaciones”.

Para Rubén Tebes en tanto, los efectos que produce la inmediatez en la que estamos inmersos están directamente relacionados con la individualidad, la que es concebida como “un yo con múltiples voluntades, conciencias y valores”. El hecho de tener múltiples presencias y actitudes raudas dentro de la sociedad actual – dice – “suscita contradicciones internas que devienen en desconfianzas, niveles altos de estrés, desinterés por el otro, preocupación por nuestro propio bienestar en desmedro del bienestar común, entre otros”.

Además, continúa, “el mundo que hoy conocemos es un conjunto de subjetividades que transitan por caminos dispares con el fin de hacer prevalecer la supervivencia personal por sobre la de la humanidad”.

 
“Carrera, juego limpio y autoexplotación”
 

El sociólogo de la Universidad de Chile, Cristóbal Díaz, engloba con este título su opinión con respecto al actual modo de vivir  - el express – que tenemos como población.

Según sus palabras, “desde hace siglos nuestra vida es concebida como una carrera, como si la vida fuera una vía totalmente lineal. Distinto a las comunidades primitivas, las que concebían el tiempo de forma circular y se preservaban por siglos sin cambiar sus costumbres y donde hasta los mismos muertos estaban presentes entre los vivos”.

Pese a lo anterior, el sociólogo estima que hoy la vida en sí es precisamente una carrera, donde el camino que cada uno sigue “debe conducir a algún lugar” con propósitos ya sea personales como los de reunir dinero y lograr el bienestar familiar, como sociales como superar la pobreza o proteger el medio ambiente.
 
 
“Quien no vive una carrera queda fuera. Es un loco. Posiblemente un esquizofrénico que muy pronto será declarado interdicto y ya no tendrá en sus manos decisiones importantes sobre su vida, como los vagabundos, quienes por algún motivo se salen de la carrera y ya no encuentran un lugar en este mundo (al menos así es como lo vemos quienes estamos en carrera)”, menciona Cristóbal Díaz.
 

Por otro lado, el sociólogo se refiere al término ‘sana competencia’, donde explica que se trataría “del juego limpio observable en el deporte profesional y donde las reglas son claras e iguales para todos, hay respeto entre contendores y quien gana lo hace con humildad y quien pierde se olvida del rencor”.

De esta manera, hace el símil con lo que sucede en el común de las personas, específicamente en el mercado laboral, donde también se habla de hacer carrera y donde  claramente también hay competencia. Vale entonces preguntarse, ¿aquí se compite sanamente o es la necesidad de escalar rápido y por sobre el resto lo que diferenciaría a este mundo del deportivo?

En ese contexto, el profesional afirma que es en este escenario donde “contamos con infinitas alternativas sobre cómo vivir nuestra vida, siempre y cuando compitamos creyendo respetar al otro. Hemos descubierto que cada cual puede encontrar en sí mismo a un sujeto dócil, de límites difusos y de energías limitadas. En otras palabras, si no somos capaces de explotar concientemente a otras personas, cada cual se observa a sí mismo como un ser explotable y tenemos plena libertad de hacerlo. O sea, somos libres de autoexplotarnos y nadie puede detenernos”, enfatiza.
 
“En nuestro actuar más cotidiano competimos procurando no abusar explícitamente del resto. Y, harina de otro costal, es observar la, al parecer, inevitable tendencia a crear asociaciones que permitan la apropiación de beneficios que deberían ser colectivos, atentando así contra la aplaudida meritocracia”, dice Cristóbal Díaz.
 

Y es justamente dentro del contexto de la autoexplotación donde el sociólogo inserta el tema de lo express y lo hace diciendo que “el incremento de nuestra capacidad de consumo y la diversificación de la oferta de bienes y servicios la facilitan aún más”.

De esta manera, asegura, podrían explicarse cosas como “la popularización de las bebidas energizantes entre los jóvenes, las cirugías estéticas en personas de todas las edades y los estimulantes sexuales entre los hombres. En estos casos, anhelamos superar nuestro cansancio cotidiano y suprimir la inevitable decadencia de nuestro cuerpo, dejando de comprenderlo”, asegura.

Para él se trata de un juego, en el que la autoexplotación es la protagonista, la que “encuentra fácilmente auxilio mediante bienes y servicios como las drogas legales e ilegales, cirugías estéticas, masajes express, textos de autoayuda indulgentes, etcétera”.

Es por eso que detenerse y sobre todo respetarse pareciera ser primordial para poder estar dentro de este juego, pero desarrollarlo de manera efectiva y beneficiosa. “Aceptar con humildad nuestros límites y respectarnos a nosotros mismos es fundamental”, sostiene.
 
Punto Vital Junio 2011 ©
 
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