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Dar espacio a la enfermedad para que evolucione naturalmente cuando ya no hay curación
 

Ortotanasia o la muerte en el momento justo

Evitar la muerte parece un trabajo que hay que realizar a toda costa. Familias que actúan movidas por los sentimientos y médicos por diversas razones (una de ellas, la económica). Pero, ¿qué sucede con el enfermo? Trabajar por no alargar la vida más allá de lo natural es lo que postula la ortotanasia, “muerte en el momento justo”.
 
Carla González C.
 

Tener a algún familiar enfermo y con escasas posibilidades de sobrevivir es algo tan personal que sólo quienes han pasado por aquella experiencia pueden comentar o al menos intentar explicar el cúmulo de sentimientos que se superponen a veces a ideas un poco más racionales y tan evidentes como respetar la voluntad de quien está padeciendo en carne propia de la enfermedad.

Lo anterior puede ser posible, claro está, cuando el paciente está consciente y es capaz de tomar decisiones y por el contrario difícil en los casos de muerte cerebral o cualquier estado que signifique estar impedido de manifestar la voluntad. ¿Alargar la vida de esta persona es entonces, la única solución?, ¿para quién?

Todas estas conductas tienen nombres y algunas de ellas – quizás todas en menor o mayor medida – revisten cierta polémica sobre todo en sociedades como la nuestra donde la muerte parece ser aún un tema que queremos evitar y del cual todavía nos cuesta discutir.
 
Pese a claras limitaciones, el proyecto de Ley que regula los derechos y deberes que las personas tienen en relación con acciones vinculadas a su atención de salud – redactado en 2001 por la ex ministra de salud, Michelle Bachelet y que descansa en la cámara de Diputados desde 2008 - “toda persona tiene derecho a otorgar o denegar su voluntad para someterse a cualquier procedimiento o tratamiento vinculado a su atención de salud”.
 

Uno de esos términos es la ortotanasia, la que se define como la “muerte en el momento justo, sin acortar ni prolongar la agonía” y cuya práctica muchas veces se ve dificultada por decisiones poco éticas tanto de los médicos como de los familiares, este último un grupo que se manifiesta con mucho poder sobre el enfermo, quien incluso en plena conciencia pierde la capacidad de decidir sobre su propia vida.

El Doctor en filosofía y profesor asociado del Centro de Bioética de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), Francisco Javier León Correa, afirma que este tema está contemplado en el proyecto de ley que habla entre otras cosas acerca de las “voluntades anticipadas” del paciente, respecto a temas como la elección del método terapéutico a seguir luego de un diagnóstico médico.

Para el Doctor León, hablar del “momento justo” en la ortotanasia tiene que ver con “la evolución natural del proceso de enfermedad al final de la vida sin intervenciones que lo alarguen artificial e innecesariamente y por lo que llaman ‘encarnizamiento terapéutico’ cuando el paciente ya no tiene curación (a lo que se le llama distanasia), pero también sin intervenciones que lo acorten, por compasión, dolor insufrible y otras razones (eutanasia)”.

De esta manera, menciona que “la ortotanasia va a lo que definía Aristóteles como virtud, es decir, al punto medio entre no precipitar la muerte ni prolongarla innecesariamente, sino dejar que el proceso de la enfermedad en el paciente siga su curso, proporcionando cuidados paliativos y acompañando en el morir. Lo contrario sería abandono”, explica.

En este contexto, el especialista dice que se le entrega al paciente los cuidados necesarios “o aquellos que todavía son proporcionados, pero ya no aquellos considerados desproporcionados”, donde los criterios clínicos de los médicos se superponen a los del paciente, tenga o no éste conciencia para decidir.

Un ejemplo de lo anterior sería en los casos de estados vegetativos persistentes, donde puede haber casos en donde a pesar del diagnóstico existan malas decisiones como intervenir quirúrgicamente o administrar ciertos medicamentos de los cuales se sabe de antemano que no surtirán ningún efecto.

Otro concepto es el de “muerte digna”. En relación a éste, el Doctor León dice que en el ámbito de la bioética, se le llama al “morir acompañado con cuidados paliativos, sin ningún esfuerzo terapéutico desproporcionado y teniendo en cuenta la voluntad del paciente, cuáles han sido sus valores y lo que él entiende por calidad de vida”.

En este último aspecto, el especialista explica mencionando ejemplos como el deseo de morir en una casa retirada de la ciudad (aunque esto a veces signifique mayor riesgo) o la inclusión de la persona en ámbitos como el laboral aun cuando esté enferma, cosa que sucede en muchas ocasiones con los pacientes oncológicos a quienes “se les da muerte en vida”, mientras que muchos de ellos quieren seguir con su rutina hasta el final. Para las personas de estos ejemplos, ésa es una muerte digna.

 
La muerte: un tema medicalizado
 

Para el Doctor Francisco Javier León, todo es “cuestión de información” entre médicos y familiares, donde los primeros tienen el deber de informar del estado del paciente y los segundos de ver con la máxima objetividad posible cuál hubiese sido la voluntad del enfermo.

Todo lo que puede comentar el médico puede ser de gran ayuda para que quienes rodeen al paciente preparen el duelo y así puedan “comprender mejor la situación clínica que se está viviendo y hagan un esfuerzo en la comprensión y sobre todo acepten la situación”.

Claros ejemplos de las discordancias que existen al momento de respetar la voluntad de las personas y que no sólo tienen relación con estados terminales o de agonía se ven al momento de decidir sobre la donación de órganos. Muchos en vida lo dejan estipulado, pero luego son los familiares los que tienen la última palabra.
 
     

El Doctor León también comenta de los casos de personas que deciden morir en su casa y rodeados por sus cercanos, pero que luego deben permanecer en sitios como la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) a petición de sus familiares.

 
Para el Doctor León, la muerte es hoy un tema “medicalizado que se oculta en los hospitales” donde familiares y médicos intentan en ocasiones salvarle la vida a la persona a toda costa, aun cuando no haya más por hacer. “Hay que tener un grado de aceptación de la muerte como un proceso por el cual todos vamos a pasar y que forma parte de nuestra propia vida”, menciona.
 

Lo que sucede en casos como estos, en palabras del especialista, es que “no se acepta la posibilidad de la muerte” y esto al menos en nuestra sociedad no ha cambiado a pesar del paso de los años, donde la relación que la mayoría tiene con este tema es más que un tabú.

Para el profesional del Centro de Bioética, la muerte actualmente es “un tema medicalizado, o sea, de la muerte entienden los médicos y entonces uno debe morir en un hospital no como antes donde éste era un tema familiar, donde el profesional intervenía poco y cuando la persona ya estaba desahuciada”.

Ahora, prosigue, “con el desarrollo de las unidades de cuidados intensivos, resulta que todo paciente se le lleva a urgencia o a la UCI porque todavía pensamos que se puede recuperar. Hay casos en que sí sucede, pero hay otros en que ya no, entonces hay personas a las que no se tiene para qué llevar a un hospital, sino que deberían estar en su casa bien atendidos, con ayuda del centro de salud en cuanto a cuidados paliativos porque no hay por qué morir con dolor, pero sí acompañado por la familia”, manifiesta.

Para el Doctor León, todo esto obedece a que en estos tiempos “hay una menor profundización de estos temas, nos planteamos menos preguntas, cosas vitales acerca de nuestra propia existencia, como por qué vivo, por qué tengo que morir, a qué se debe mi condición mortal, cómo quiero afrontar mi muerte, etcétera”.

En este mismo contexto, comenta que el tema de la muerte es algo que de llegar a plantearlo, tampoco se hace en una etapa temprana de nuestra vida, sino algo que se va atrasando lo más posible, pese a que muchas personas están de acuerdo con  manifestar su voluntad con respecto a tratamientos o maneras de esperar la muerte. “Lo vemos después, cuando esté mal ahí veré dicen algunos, pero cuando lo estén ya no van a poder decidir”, sostiene.
 
Médicos y su lucha contra la muerte
 

Hoy, la relación de los médicos y la muerte ha cambiado y en ese sentido, Francisco Javier León menciona que actualmente es un tema que incluso se habla y estudia en las facultades de medicina.

“Hasta hace pocos años se pensaba que la finalidad de la medicina era salvar la vida y curar y cuando el médico no podía hacer ni una de las dos cosas, se veía como un fracaso profesional. Ahora, se tiene claro que hay límites, enfermedades incurables y se está más familiarizado con la muerte, además ahora se procura sanar y entregar la mejor calidad de vida (también de una buena muerte) posible para el paciente”, comenta.

“Tenemos que dejar morir cuando corresponda”, dice el profesor de la PUC y esto también atañe a la labor que ejerce la medicina, muchas veces tratando de alargar la vida del paciente por – lamentablemente – cuestiones económicas, después de todo el (mal) lucro se tomó hace un buen tiempo incluso la salud.
 
     

Frente a este tema, el criterio de los médicos muchas veces se ve cuestionado frente a decisiones que no tienen más que un costo extra detrás. En ese sentido, el Doctor León se manifiesta un crítico del modelo de “medicina comercial” y opina al respecto que éste “no es un buen modelo de ejercicio de la medicina donde se ve algo muy regido por los costos/beneficios”.

Por el contario, la medicina vista como algo defensivo, es decir donde los médicos sólo actúan hasta donde el paciente diga es algo que según cuenta el especialista cada día se está haciendo más parte de los centros de salud. “Ya no queremos un modelo paternalista en la relación médico-paciente donde no hay información y donde la idea es que el paciente sólo obedezca al médico. Debemos encontrar el término medio”, indica.

¿Y dónde está aquel punto medio? Para el Doctor en filosofía “está en el modelo deliberativo, donde las decisiones se toman en conjunto entre los profesionales de la salud y las personas, basados en el bien del propio paciente y en criterios que sean económicos. Donde por ejemplo, no se pidan demasiado exámenes” cuando no es necesario.

En conclusión, Francisco Javier León afirma que “lo fundamental es que la técnica intervenga bien; los cuidados intensivos deben existir y pueden salvar muchas vidas, pero también hay que ser cauteloso y no sobrepasarse en lo que es la humanización del proceso de morir. Humanizar el proceso de la muerte es lo fundamental”, manifiesta.
 

Libro “El derecho a no sufrir, argumentos para la legalización de la eutanasia”.
Si bien este libro aborda el tema de la legalización de la eutanasia, toca un área que a muchos se les olvida y es el dolor (en este caso físico) que pueden llegar a sufrir las personas que padecen de ciertas enfermedades.

En ese sentido, este libro – cuya autora es Margarita Boladeras, catedrática de filosofía moral y política de la Universidad de Barcelona – habla de cómo todos también tenemos derecho a no sufrir. En ese sentido, menciona entre sus párrafos que a pesar de que “la muerte es inevitable, el dolor en muchos casos no lo es” y por ende, “no es ético condenar al sufrimiento innecesario a personas que, consciente y responsablemente han tomado sus propias decisiones”.
 
Punto Vital Julio 2011 ©
 
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