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Optar por no someterse a tratamientos médicos es parte del derecho de los pacientes
 

Para algunos, la enfermedad debe fluir

Ser diagnosticado con alguna enfermedad terminal o con pronóstico incierto no es para nada una buena experiencia. El miedo y la sensación de muerte se apoderan de los pacientes quienes se someten a tratamientos sumamente invasivos muchas veces sin pensarlo. Optar por no seguirlos a veces es una decisión aún más consciente.
 
Carla González C.
 

María Eugenia Darrigrande (55) y Lucy Campos (75) son dos mujeres que a pesar de no conocerse, tienen una historia en común. Ambas tienen cáncer y sus historias sin quererlo coincidieron cuando tomaron una decisión con respecto a cómo sobrellevar su enfermedad.

En el caso de María Eugenia comenzó con el diagnóstico de cáncer de colon en noviembre de 2005. Se trataba de un tumor pequeño, por lo que operarla quirúrgicamente parecía la mejor opción para poder sanar.

Dos años después, cuenta, “me encontraron metástasis en los pulmones y ese año me hicieron quimioterapia y se supone que nuevamente había quedado bien”. Sin embargo, el tratamiento no dio resultado y en 2009 nuevamente los médicos encontraron metástasis, esta vez en pulmones y en las glándulas suprarrenales.

Luego de aquel diagnóstico, María Eugenia volvió a la quimioterapia, pero no completó las ocho sesiones que tenían contempladas, pues los efectos secundarios y la poca efectividad que en ella resultaba el tratamiento, hicieron que desertara de esta posibilidad. “Ya no tenían nada más que ofrecerme”, dice.

Según cuenta, la opción de la quimioterapia fue tomada porque no conocía ningún otro tratamiento que pudiera ayudarla a superar el cáncer. Luego de los resultados y principalmente de los efectos secundarios – que a dos años de haber dejado la terapia aún son parte de su vida – asegura que nunca hubiese pensado en someterse a ella, aunque confiesa “que cuando a uno le dicen que está enferma, sólo se deja llevar”.

Es por eso que luego de esta negativa experiencia, tomó la decisión de dejar atrás la quimioterapia para tratarse con medicina biológica, la que según comenta le ha traído muy buenos resultados, pasando de una suerte de invalidez debido a los malestares provocados por la “quimio” a la independencia y a la rutina diaria, realizada sin ningún tipo de problema.
 
“(Con la quimioterapia) además de caérseme el pelo, no podía hacer nada. Me dolían y se me adormecían las manos y los pies. Fue bien invasiva y por eso tomé la decisión de suspenderla”, cuenta María Eugenia Darrigrande.
 

A Lucy Campos le diagnosticaron cáncer del seno paranasal y de la cavidad nasal hace dos meses y a diferencia de María Eugenia, una vez prescrita la situación decidió no someterse a quimioterapia y sólo a la primera intervención donde a pesar de habérsele extraído buena parte del tumor, quedaron restos de éste en el interior de su cráneo.

Según sus palabras, antes de ser diagnosticada su percepción del cáncer era la del sinónimo de muerte. La experiencia de su madre – quien falleció de cáncer (virus papiloma humano) – y la sorpresa de su diagnóstico la impactaron profundamente. “Nunca esperé que me pasaría a mí”, menciona.

Pese a eso, cuenta que su ánimo nunca ha decaído y cree firmemente en que la vida está predestinada para cada uno. En su caso fue con el cáncer, el que vive con naturalidad y alejada de tratamientos invasivos, de allí su decisión de no someterse a quimioterapia, pero sí a tratamientos paliativos del dolor.
 
“Creo que la quimioterapia es muy agresiva para el cuerpo, mata a las células malas, pero a las buenas también y eso no lo quiero para mí ni tampoco para que mi familia lo vea. Me verían decaída, tal vez con náuseas, sin apetito y sin pelo y eso creo que es aún más doloroso”, cuenta Lucy.
 

Su decisión de decirle no a la quimioterapia es firme, esto a pesar de que los médicos mencionan que pudiera servirle de ayuda para frenar el cáncer. “Por mí, lo dejaría tranquilo y no le haría ninguna cosa para que sea él el que diga qué es lo que quiere hacer”, menciona acerca de su tumor.

Por otro lado, dice Lucy, está su familia quienes son los que la incitan a luchar por su recuperación, lo que ella toma más con buen humor que con tratamientos médicos. Para ella, estar tranquila le ha servido incluso para sentirse mejor físicamente. “Si despierto bien, no tengo para qué andar deprimida ni pensando en lo que tengo y eso creo que me ayuda más que una terapia agresiva”, cuenta.

Ambas mujeres concuerdan además que más que optar por ningún tratamiento médico, la idea es sobrellevar la enfermedad – en este caso el cáncer – con la mejor calidad de vida posible, permitiéndoles realizar sus actividades diarias sin ningún inconveniente. Sentir dolor, por otro lado, pareciera ser el mayor temor para ellas.
 
¿Por qué rehusarse a un tratamiento?
 

Ignacia del Río, psicóloga de la Unidad de Cuidados Paliativos de Red Salud UC, menciona que al momento de que una persona es diagnosticada con cáncer, como es el caso de María Eugenia y Lucy, “aparecen de golpe un sinnúmero de temores y preocupaciones relacionadas con la enfermedad y las consecuencias de la misma”.

En esta misma línea, dice que “la persona se pregunta acerca de la posibilidad de la curación o la muerte, se inquieta frente a la perspectiva de una enfermedad que generalmente es vivenciada como impactante y dolorosa, se cuestiona acerca de la carga y sufrimiento que pueda suponer para su red de apoyo, surge el miedo a perder la capacidad para continuar realizando las actividades cotidianas, a tener que depender de otros, a los costos económicos, a la pérdida de control, al dolor y otros síntomas, entre otros”.
 
     

Por estas razones y quizás la más importante, recuperarse, es que las personas optan por los tratamientos médicos. Sin embargo, hay muchos quienes se rehúsan a ellos prefiriendo los cuidados básicos para no sentir dolor y continuar con sus actividades y con la mejor calidad de vida posible.

En ese sentido, Ignacia del Río dice que existen algunos factores que inciden en la decisión de no tomar un tratamiento. Entre los que contribuyen a la negativa están “el miedo a los efectos secundarios, la falta de recursos económicos, la presencia de dudas acerca del beneficio real que ellos podría aportar en relación a sus expectativas, percepción que ha llegado la hora de morir y asociar el tratamiento a una prolongación innecesaria de la vida, las propuestas que ofrece la medicina alternativa, creencias religiosas”, entre otros.
 
Existe un grupo de personas que rechaza la quimioterapia aun cuando ésta puede serle de gran ayuda. La psicóloga de Red Salud UC dice que “la falta de información acerca del tratamiento o de la enfermedad, falta de comprensión por no poseer las capacidades cognitivas para entender y asimilar la información, presencia de coacción por parte de los familiares, presencia de estados emocionales alterados y una concepción distinta a la tradicional acerca de la vida, salud y enfermedad”, son algunas de las causas de esta objeción.
 

Para la especialista, “el impacto de un diagnóstico de cáncer puede conducir a elevados niveles de ansiedad y depresión”, estados emocionales que según sus palabras “pueden dificultar la comprensión de la información” acerca de la enfermedad.

Con esto, agrega, “una persona podría rechazar una quimioterapia con altas probabilidades de curación debido a que se encuentra en un momento emocional complicado” y por ende, afirma que “es probable que tienda a albergar ideas catastróficas e irracionales acerca de la información que logra captar, focalizando su atención en los numerosos mitos y fantasías que existen en relación a la quimioterapia. Otra posibilidad de rechazo puede estar relacionada con otro tipo de convicciones”, menciona.

Con respecto al tratamiento de aquellos pacientes que toman la decisión de rechazar tratamientos como éste, Ignacia del Río menciona que “la toma de decisiones médicas más que un único momento es un proceso que debe ser acompañado por el médico tratante y su familia. Si una persona rechaza en un primer momento la quimioterapia, será importante que el médico deje la puerta abierta para volver a evaluar la situación cuando el paciente se encuentre más preparado para discutirlo”.

Además, afirma que “cuando una persona opta por iniciar en forma exclusiva tratamientos alternativos debiera tener claridad acerca de los beneficios reales que estos tratamientos pueden aportarle de manera que no se generen falsas expectativas”.
 

Medicina mapuche: ¿cuál es tu propósito en la vida?
La terapeuta especialista en medicina mapuche, Gloria Troncoso, afirma que según esta cosmovisión “el ser humano tiene en su interior una memoria celular guía, la que le indica cuál es el mejor camino a tomar en las situaciones más inverosímiles que se encuentre”.

Por lo tanto, menciona que “cada individuo tiene libre albedrío para escoger qué es lo mejor para él en relación al propósito por el cual está en esta vida. Esto puede verse, por ejemplo a través de dejar que el cuerpo siga con el curso normal de cierta enfermedad”, dice.

Para Gloria, “a veces se pierde el sentido por el cual se vive y en ese aspecto, las emociones gatillan lo que debemos modificar, después de todo uno elige cómo quiere vivir su vida. No olvidemos que nada es al azar”, manifiesta.

 
Punto Vital Julio 2011 ©
 
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