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Apatía por el futuro y el estiramiento de la adolescencia son algunos de los factores
 

La arremetida de los “NINI”

La falta de oportunidades, los conflictos propios de la adultez o simplemente la desidia frente al futuro son algunas de las características de la llamada “Generación NINI”, jóvenes que no se muestran interesados en los estudios y tampoco en la vida laboral.
 
Carla González C.
 

No estudian ni trabajan. Ése es el significado de NINI, generación que reúne a aquellos jóvenes de edades entre los 14 y los 30 años y que no estudian ni trabajan por razones que tienen que ver netamente con la desesperanza que muchos sienten con respecto al futuro y a la precaria calidad de vida que hoy los adultos pueden llegar a tener.

El concepto de “Generación NINI” nació en España y se gestó a partir de la denominación que un grupo de sociólogos le dio a este target, el que justamente se mueve entre quienes recién salen del colegio y aquellos que ya deberían estar insertos en el mundo laboral, pero que por alguna razón no se suman a la gran mayoría.
 
Algunos medios electrónicos mencionan que quienes conforman la generación NINI no hacen nada por revertir la situación en la que se encuentran y por lo tanto, no estarían interesados en insertarse en el mundo estudiantil o laboral. Para otros en cambio, pertenecer a este grupo es sinónimo de angustia y de sentirse desencajados en la sociedad actual.
 

Uno de los factores al que muchos aducen como característica principal de los NINI es esta especie de estiramiento de la adolescencia, donde los treinta son ahora “los nuevos veinte” y por lo tanto muchos optan por seguir gozando de la juventud y de todo lo que ello implica.

En este contexto es muy usual que los hijos – si es que los hay – lleguen cada vez más tarde (lo mismo pasa con la decisión de casarse), la libertad como bandera de lucha se extiende, la necesidad de viajar o tomarse un año sabático se vuelve una posibilidad atractiva y desenvolverse como un eterno adolescente es una opción válida, entre otros.

Por otro lado, también se vuelve manifiesta la posibilidad de vivir bajo el alero de los padres cada vez más tiempo. Y es que para algunos, la comodidad que implica pasar el tiempo en casa de mamá y papá es impagable y por lo tanto, mientras más puedan gozar de esta posibilidad, mejor. La idea es que la hora de “hacerse grandes” tarde lo más posible.

Para el psicólogo clínico de la Pontifica Universidad Católica de Chile y profesional perteneciente a Grupo Cordillera , Domingo Salvo, el término “Generación NINI” resulta ser un concepto interesante a pesar de que “no hay datos unívocos sobre dicha tendencia en Chile”.

En ese contexto, afirma que dentro de las explicaciones a este fenómeno, “podría ser esperable que dentro de otras variables y junto a una demanda de cada vez mayor especialización laboral, se manifieste cierta tendencia a alargar el proceso de ir pensando y probando distintas alternativas de trabajo y estudios”.

Según el especialista, este fenómeno podría tener mucha relación con lo que en psicología se llama “moratoria psicosocial”, es decir, “ir probando distintas cosas y creando un proyecto de vida - lo que tiene que ver con ir asentando una cierta identidad - proceso que hoy se ha ido alargando con respecto al rango etáreo”, afirma.

 
Domingo Salvo dice que “hacia finales de la época escolar, los adolescentes se ven enfrentados a decisiones importantes en el contexto de lo que significa ir buscando un camino propio”. Para el especialista, “este proceso de búsqueda o de prueba, que puede durar más o menos tiempo en distintas personas, es muy común que pueda experimentarse en algunos momentos con sentimientos de congoja, confusión, cansancio, etcétera”.
 
Las expectativas altas provocan frustración
 

El hecho de no querer estudiar ni tampoco trabajar también puede tener su explicación en la desesperanza que muchos jóvenes sienten frente a las escasas posibilidades que se presentan hoy en el mundo laboral, ya sea en cuanto a cupos de trabajo como por el tema de los bajos sueldos. Todo esto se suma a las grandes expectativas que muchos se colocan, dando como resultado una persona que se mantiene con una sensación de frustración permanente.

Con respecto a esto, Domingo Salvo menciona que “una de las preocupaciones recurrentes entre los jóvenes es si podrán acceder o no a la carrera, universidad o trabajo que esperan. En muchos casos, a las dificultades propias de este proceso de búsqueda, se suman sentimientos de frustración y desesperanza ante la falta de oportunidades o capacidades con las que se cuentan en determinado momento”.
 
 

Sin embargo – añade – “mientras algunas personas experimentan una crisis o un quiebre importante en sus vidas, otras toman éstas u otras dificultades como algo relativamente superable o bien como una oportunidad para ir pensando en qué dirección se quiere ir”.

En ese sentido – prosigue – “si uno ve estos contextos en que no es posible este acceso al estudio o trabajo, se podría decir que se produce una desesperanza general o una tendencia a sentirla”.
 
En junio de 2009, el diario El País de España mencionó que en esa nación, el 54% de los individuos entre los 18 y los 34 años, “dice no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente interesado o ilusionado”. Con esto, dice la publicación, “los jóvenes se enfrentan hoy al riesgo de un nivel de vida peor que el de sus padres”.
 

En esta misma línea, el psicólogo afirma que dentro de este grupo puede haber personas que vivan este proceso incluso de una manera aún más profunda, donde además de la apatía, pueden vivir sentimientos de ansiedad, agotamiento y la sensación de estancamiento, cosa que otros no sufrirían.

Es así como dice que mientras un joven puede llegar a sumirse en la angustia por no poder conseguir sus objetivos o por no sentirse embarcado en ningún proyecto, otro podría ver en el hecho de mantenerse “desocupado”, una oportunidad para pensar detenidamente en qué hacer a futuro.
 
La clave: encontrarse a sí mismo
 

No saber qué es lo que se quiere, no reconocer cuáles son sus intereses y capacidades y no conocerse a sí mismo son algunos de los factores que podría llevar a un joven a no querer sumergirse en ningún tipo de proyecto.

Para Domingo Salvo, “no verse haciendo algo que lo realice como persona en su desempeño como trabajador, produce una especie de dicotomía muy grande, por ejemplo, entre lo que es la vida laboral y lo que a uno le gusta o quisiera hacer en lo que le queda de tiempo libre”.

Lo anterior, dice el psicólogo, claramente lleva una carga importante de desgano y cansancio y por eso para muchos es mejor no llegar a experimentar estos sentimientos y qué mejor que hacerlo tomando la decisión de no proyectarse ni el estudio ni el trabajo.
 
En el sitio reportajes.org, se menciona que la angustia es uno de los sentimientos que más afloran en los NINI. Según el texto, “la realidad de los adultos los abruma” y por lo tanto la “constante sensación de sin sentido”, es algo permanente en ellos.
 

En cuanto a la posibilidad de vivir sin ningún tipo de proyecto, el terapeuta asegura que “es difícil vivir tranquilamente sin estar en conformidad con un proyecto de vida, que por otro lado no tiene por qué ser algo tan planificado a conciencia de qué es lo que quiero hacer en diez años más”.

Así, dice que cuando se habla de un proyecto y de su no concreción, “lo que frustra es no poder encontrarse a sí mismo haciendo algo que lo llene y que signifique un desarrollo a largo plazo. La idea de un proyecto de vida no es tener claro hacia dónde se quiere llegar, sino que es ir construyendo un camino aunque las metas no estén muy claras”, manifiesta.

En ese sentido, menciona que “no es sólo ante una cierta pérdida de rumbo donde alguien podría decidir tomarse un año sabático e ir postergando algunas decisiones importantes, sino que también hay otras salidas posibles en este proceso. A veces puede verse como una oportunidad de probar distintas alternativas y otras como la imagen de quien junta aire antes de sumergirse mucho tiempo bajo el agua”.

Para el especialista, la manera en cómo vivimos hoy – al menos en occidente – también contribuye de mala manera en la incapacidad de muchos por lograr un real autoconocimiento. Según sus palabras, hoy faltan espacios para el desarrollo del individuo y en general para el trabajo espiritual.

En síntesis, Domingo Salvo afirma que la tendencia de la generación NINI no es algo preocupante en sí mismo. Para él, lo preocupante es “en los casos en que cuesta salir de esta situación, esto aunque de igual forma hay mucha gente que se toma uno o dos años para pensar qué hacer y luego salen exitosa y rápidamente de eso”.

Por esta razón menciona que un trabajo especial lo tienen los padres de estos jóvenes, quienes se alarman frente a la inseguridad, indecisión e incluso desidia de sus hijos con respecto a los estudios o el trabajo. Para muchos de ellos, dice, es necesario este tiempo para así encontrar esta conexión consigo mismo, cosa que al parecer, a muchos les falta actualmente.

 
Punto Vital Marzo 2011 ©
 
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