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Verdad absoluta y santidad son algunas de las promesas previo pago de inscripción
 

El mercado de la espiritualidad

Un total engaño. Ése es el recuerdo que miles de personas se han llevado luego de ser parte de agrupaciones que se caracterizan por tener un gurú o maestro a quien se debe seguir incondicionalmente, pues es él (o ella) quien tiene la verdad absoluta y las armas para su iluminación.
 
Carla González C.
 

Reuniones donde asisten cientos de personas. Las graderías repletas de gente que busca desde una respuesta a sus padecimientos hasta la divina iluminación; música, incienso y sonidos que calman al público a la espera de la entrada triunfal del “maestro”, “gurú”, “profeta” o “iluminado” quien la gran mayoría de las veces, por una suma considerable de dinero entrega a los oyentes LA (su) VERDAD, a la que también puede tener acceso a través de formato cedé, devedé y libro de autoayuda.

La anterior puede resultar una buena imagen para ilustrar lo que actualmente sucede con el llamado “negocio de la espiritualidad”, práctica que tiene prendados a muchos que difícilmente se dan cuenta que esto no es más que un lavado de cerebro, un aprovechamiento frente a la fragilidad de quienes necesitan asirse a algo o a alguien que les entregue seguridad o esperanza frente a las dificultades.

Es entonces la labia y el carisma los que mueven a estos “maestros” quienes adueñándose de la verdad mueven millones de dólares a costa del sufrimiento de las personas, muchas veces sometiéndolas a una suerte de esclavitud espiritual (y a veces también laboral y de otras índoles) donde los discursos son leyes que nadie se atrevería a discutir.

Para la antropóloga y etnógrafa puertorriqueña, catedrática de filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico y experta en sectarismo, Doctora Enid Miranda, todos podemos alguna vez en nuestra vida ser víctimas de estas verdaderas cofradías.

En ese sentido, afirma que “todos los seres humanos, no importa su género, cultura, nivel social, económico o intelectual, estamos en peligro de caer en las redes de eso que llamamos mercadería de espiritualidad”.

Es así como explica que “todos somos vulnerables a tener una crisis, pues éstas son tan seguras como la muerte. En cualquier momento de nuestra vida podemos sufrir una pérdida, tener un fracaso o un problema y así habrá quienes afrontan mejor que otras sus dificultades, pero nadie se libera de ellas”.
 
“Cuando todo marcha bien en nuestras vidas, nuestra familia está saludable y nuestros trabajos o estudios son exitosos, nos olvidamos del ámbito espiritual y nos concentramos en el día a día. Pero ante cualquier pérdida, fracaso o enfermedad que irrumpe por sorpresa en nuestra agradable rutina, nos quedamos desarmados y es el momento de mirar hacia el horizonte espiritual”, menciona la Doctora Miranda.
 
Un radar del sufrimiento humano
 

Si bien – y tal como lo menciona Enid Miranda - todos podemos caer en esta verdadera trampa, son los que se encuentran en estados más vulnerables quienes más fácilmente son presas de estos movimientos pro “conciencia”, palabra que por lo demás es una de las más utilizadas durante sus discursos.

Al respecto, la antropóloga dice que “los mercaderes de espiritualidad – líderes sectarios muy astutos - saben reconocer los síntomas del sufrimiento humano y están ahí en el momento preciso y en el lugar indicado para acechar a la presa”. Así, agrega, “es el momento de vender promesas de felicidad que sólo se consigue si haces puntualmente lo que te mandan y ordenan”.

Lo anterior, dice, no corresponde a alguna personalidad en particular y por lo tanto “no existen características específicas de personas vulnerables a estas corrientes”, las que tienen como denominador común el de tener “un precio en metálico” que le hace valer el calificativo de “mercaderes”.
 
Para la académica, éste no es un tema de personalidades ni de quienes son más proclives a caer frente al discurso de un gurú. Según su opinión, “esto es un problema de desinformación sobre el fenómeno cúltico, sectario o de falsa espiritualidad. Por una parte es un asunto de engaño y por otra de indefensión legal ante el fenómeno, pues en los países democráticos (donde existe separación de Iglesia y Estado), mercadear con la espiritualidad no está tipificado como delito”.
 

Frente a la posibilidad de que estos maestros y las corrientes de las cuales son líderes realizan a “sus fieles” lavados de cerebro, la Doctora Miranda dice que esta “reforma del pensamiento es la estrategia que propicia el control sobre la víctima, es decir que para que ésta crea en el engaño, es necesario reducir, controlar o incluso eliminar su capacidad crítica. No basta la mentira bien montada”, asevera.

Entonces, lo que plantea la especialista es que la persona que ingresa a estos grupos crea como una verdad absolutamente todo lo que plantea aquel maestro; esto hace que la víctima no piense de manera libre, porque si lo hiciera dice, “llegaría a darse cuenta de la mentira y el engaño”.

Para lograr este cometido, cuenta que “los movimientos pseudo espirituales cuidan mucho esta estrategia porque se dan cuenta del valor que supone para sus fieles. La ‘reforma del pensamiento’ se practica de manera oculta, a espaldas del público y a los no-iniciados de manera sistemática”, es decir, el cambio de mentalidad no se da de un día para otro, sino más bien con tiempo, dedicación y persistencia.

Con esto, Enid Miranda sostiene que tanto el término ‘alienación’ como el de ‘coerción’ están bien utilizados en estos casos. Así afirma que “la alienación se da cuando la persona se extraña de ella misma y de lo que es, ya que se percibe de otra manera y acaba rechazando su forma de ser y por ende desea cambiar y convertirse en una persona más espiritual, obediente y sometida por completo a las órdenes del venerable gurú”.

En el caso de la coerción mental indica que es la causa del extrañamiento por el cual pasa la persona. A través de ella, dice, “se obliga a la víctima a rechazar las características personales anteriores a su entrada en el grupo. Se le obliga a asumir nuevas ideas porque son éstas las que le llevarán a la superación espiritual necesaria para alcanzar la salvación. Se le enseña que su personalidad anterior a su entrada en el grupo debe dejar paso a una nueva persona”, explica.
 
La verdad de los gurús
 

Pese a que existen variados grupos y por ende, un variopinto de líderes, todos poseen características definidas y que al parecer por la gran convocatoria que logran, son difíciles de descubrir.

“Los maestros, gurús, santos o venerables son en realidad líderes sectarios peligrosos, muy astutos y de la peor moral que se puede imaginar”, menciona la antropóloga puertorriqueña quien además menciona que entre sus principales características están las de tener “el arte de la palabra con la cual logran convencer”.

Es por eso que pueden reconocerse por ser personas “carismáticas, manipuladoras de la palabra, capaces de enamorar a las masas y de convencerlas de que lo que predican es la única verdad; cuidan mucho su imagen, se autoproclaman divinos con tanta fe que hasta ellos mismos se creen su divinización”. 

 
 
“Ofrecen lo que la persona en crisis necesita, dicen lo que se quiere escuchar y prometen lo que se desea obtener; desde la salvación hasta la restauración o crecimiento espiritual y psíquico, todo claro a cambio de dinero”, afirma.
 
Para la Doctora Miranda, “el verdadero objetivo de estos grupos es el beneficio y lucro personal de los líderes. El dinero es la medida de la espiritualidad y por lo tanto, a más fortuna invertida, más se fortalece el espíritu (y más rico se hace el gurú) y en el otro lado de la moneda, mientras más ‘done’ la víctima, más cerca estará de la salvación. El dinero es la llave del cielo”, asegura.
 

No obstante, la especialista dice que detrás de esta careta, estas personas “poseen una personalidad que los profesionales de la salud mental definen como psicópata”, esto porque a pesar de su carisma, son individuos que no permiten que se les contradigan sus órdenes y al mismo tiempo exigen sumisión absoluta. Según sus palabras, el único requisito para convertirse en un gurú es “una mentira bien contada y repetida un millón de veces”.

En conclusión, la antropóloga dice que “la espiritualidad no es un negocio o al menos no debiera serlo”, pues “la espiritualidad es una necesidad humana”. Lo que sucede, agrega, “es que hemos olvidado lo que somos y nos hemos reducido sólo a cuerpo; lo cuidamos y rendimos culto. Pero cuando sobreviene la crisis nos quedamos desnudos ante el imprevisto”.

“De cualquier manera, sea alma o mente, ambas son realidades espirituales que no atendemos como deberíamos. Y son las únicas armas para enfrentar las crisis que nos acechan. Su abandono ha abierto un espacio que ahora invaden las sectas con promesas y falsas esperanzas de sanación y salvación”, manifiesta.   

 
Cuando hay ambición, todo va mal
 

Claramente, el dinero juega un papel importantísimo en este tema. Y es que la gran mayoría de estos movimientos – si es que no lo son todos – ofrecen el cielo a cambio de membresías, inscripciones, donaciones o cualquier tipo de entrega monetaria para que el gurú haga su trabajo, en este caso, el de entregar LA VERDAD.

¿Qué sucede con los seres humanos y el dinero?, ¿por qué éste puede incluso cambiar la mentalidad de una persona? Al respecto, el psicólogo de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Claudio Araya, dice que claramente la plata es importante “porque nos permite sustentarnos, vivir. Creo que el tema de fondo y cuando puede transformarse en problemático, es cuando hay una ambición detrás de tener y tener más”, indica.
 
“El dinero no es malo ni bueno; todos necesitamos un sueldo y poder comprar cosas. Es un medio. El problema surge cuando ambicionamos tener más de lo que necesitamos y cuando queremos tener dinero por el dinero. De ahí viene el lucro, de querer tener más, más y más, como un saco sin fondo”, menciona Claudio Araya.
 

Si bien la forma en que afecta el dinero en cada persona– pensándolo como un medio para conseguir bienes materiales – es diferente y por lo tanto no habría una personalidad o un modo de ser “lucroso”, el psicólogo dice que así como “debe haber gente con mucho dinero que no es ambiciosa, debe haber también personas con menos recursos que sean muy ambiciosos”.

Por eso asegura que no hay relación con la cantidad de dinero que se tenga, sino con “cómo se ha cultivado la avaricia”.

Por otro lado, el terapeuta cree que la publicidad también tiene una participación especial en el tema del lucro, esto pues al menos en los consumidores “genera necesidades y una sensación de insatisfacción si uno no la sacia. Por lo tanto, uno tiene la ilusión de que si alcanzo ese status o ese objeto que me dará status, logaré encontrar el bienestar”.

Con lo anterior afirma que “el lucro podría mirarse como la consecuencia de la avaricia, como una necesidad de alcanzar el bienestar que me promete la sociedad y creer que obteniendo más de eso lo voy a lograr. Pero suele pasar – como en todo círculo – que llega un punto en donde después de alcanzar ese estado, el de conseguir algo, al poco rato aparece otra cosa que también querré. Son pequeñas satisfacciones versus grandes insatisfacciones”, dice.

¿Qué podemos hacer entonces frente al lucro? Para el profesional, la idea es estar más consciente de lo que necesitamos y de lo que no, “cultivar el deprendernos, el ser generoso con el resto, regalar, dejar cosas, prestar, colaborar, etcétera. Son cosas que están en nuestra naturaleza. El problema es que el sistema actual promueve la competencia y el darnos codazos unos a otros para poder tener más”, afirma.
 
Punto Vital Agosto 2011 ©
 
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