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Una ciencia espiritual que permite entender cómo funciona la vida
 
La Kabbalah: aprendiendo a ser mejores
Estar conscientes de nuestra existencia, tener dentro de nuestros planes ser cada día mejores y permanecer conectados con nosotros mismos olvidando el actuar robótico que solemos poner en práctica diariamente, son algunas de las cosas que la Kabbalah entrega a través de su milenaria sabiduría.
 
Carla González C.
 

Si nos detuviéramos por un momento a pensar en cómo ha funcionado nuestra vida, quizás la mayoría pensaría en que ha vivido muy rápido y siempre pensando en el futuro, que ha trabajado incansablemente por acumular cosas materiales y que a pesar del éxito hay algo que impide la plenitud. ¿Será entonces que lo estamos haciendo mal?

Ésta y muchas preguntas resuenan en la cabeza de muchas personas quienes perfectamente podrían sentirse satisfechas con lo que han logrado a través del tiempo, pero que aún con todo lo que tienen sienten un vacío que además de ser inexplicable, no es posible de abandonar.

Un modo de abrir la conciencia y estar atento a lo que nos rodea, captar todo lo que la vida nos entrega y trabajar comprometidamente por lograr un verdadero crecimiento espiritual es gracias al aprendizaje de la Kabbalah, una de las sabidurías más antiguas de la tierra – revelada por primera vez por Abraham - y que entre otras cosas, entrega conocimientos que permiten “desarrollar la capacidad de ver” y conectarnos con la vida que queremos vivir.

Itzhak Pollack, director y maestro kabbalista del Centro Kabbalah – Aprendizaje y Transformación - afirma que este conocimiento podría denominarse como una “una ciencia espiritual” que además de verse desde su traducción literal, proveniente del hebreo lekabel que significa “recibir”, también puede relacionarse con otros términos.

Uno de ellos es el concepto que encierra al vocablo “paralelo”, el que explica como la posibilidad no sólo de aprender a recibir, sino que también “de entender cómo funciona lo que está paralelo y no vemos, tal como los mundos superiores por ejemplo”, sentencia.

 
La palabra Kabbalah viene del hebreo lekabel que significa “recibir” y en palabras de Itzhak Pollack, algunas personas traducen su significado como “la tradición recibida”. En cuanto a sus enseñanzas, cuenta que se basan en libros como el Sefer Yetzirah (libro de la formación) y el Zohar (texto base de todo kabbalista).
 

Dentro de las posibilidades que se tienen para entender al Kabbalah – cuya relación directa sería mencionarla como una ciencia – el maestro kabbalista dice que se trata de algo “muy extenso”, pues este conocimiento espiritual tiene cabida para muchos estudios.

De esta manera, mientras hay algunos a los cuales es muy difícil de llegar (debido a su alta complejidad), hay otros que son enseñados desde su misma profundidad, pero con un lenguaje mucho más coloquial, lo que permite su fácil entendimiento. “Lo que se enseña a la gente para que pueda aplicarlo en su vida es algo que podría denominarse como filosofía cuántica basada en terminologías kabbalísticas”, dice.

Y aunque lo anterior suena de todas formas como algo dificultoso, Pollack explica que la idea central consiste en entender que la Kabbalah “enseña que lo que vemos a simple vista representa solamente el 1% de la realidad” y por esa razón las personas sienten que muchos de los sucesos que ocurren en su vida no tienen sentido o carecen de causalidad”.

“La razón de esto – comenta el maestro – es nuestra limitada capacidad para conectar con el resto de la película, o como dicen los kabbalistas, la realidad del 99%”, espacio en donde asegura se pueden encontrar todas aquellas cosas que nos hacen falta, “y no me refiero a los calcetines perdidos en la lavadora, sino a la fuerza vital que nos empuja a tener una vida plena”, explica.

 
La Kabbalah es para todos
 

A pesar de contar con un importante número de organizaciones espirituales y ser una ciencia que cada vez atrae a más personas, la Kabbalah no es precisamente una sabiduría popular y por lo tanto – y por lo menos en Chile – podría pensarse como un grupo exclusivo y dirigido sólo a cierto tipo de personas.

Con respecto a esto, Itzhak Pollack menciona que la enseñanza de la Kabbalah está abierta para todos, sin exclusión. De hecho hace hincapié en que los estudios de esta ciencia no se casan con ninguna religión o creencia en particular y es por esa razón que “se intenta no tocar temas religiosos”, enfatiza.

 
 
“La Kabbalah no es una religión, ni un culto o una secta. Es simplemente un centro de enseñanza que entrega esta sabiduría que está completamente abierta para todas las personas”, menciona Pollack.
 

“Lo que hace la Kabbalah es generar una capacidad para enseñarle a la gente cómo ser mejor ser humano”, manifiesta y añade que en esta instrucción también se incluye el conocimiento acerca del sistema espiritual y su funcionamiento. “Da lo mismo la religión que se tenga; si yo te hiero a ti te va a doler”, ejemplifica.

En esta enseñanza de la que habla el kabbalista, la idea principal es plantear la manera considerada como correcta para así “recibir luz”, o sea, herramientas que le permitan a la persona poder desenvolverse en paz y conscientemente en el mundo que la rodea. Aquí no hay mayores reglas que seguir, sólo “querer aprender y cambiar”, manifiesta.

Por otro lado, comenta que esta “tradición recibida” también es considerada por algunos como una terapia. De hecho, cuenta que hay profesionales como los psicólogos que consideran partes de esta ciencia para aplicar en su desarrollo laboral.

Frente al hecho de una posible “farandulización” de la Kabbalah – esto por ser una enseñanza que ha sido desde un tiempo a esta parte muy cotizada por algunas celebridades – Pollack es tajante al decir que “la idea es otra”, entendiéndose esto como una negativa con respecto a lo que podría pensarse de estas personas, es decir, que utilizan esta sabiduría con fines publicitarios o para lograr un mayor reconocimiento.

 
Cada uno busca su forma de aplicar la  Kabbalah
 

Como no se trata de una doctrina, esta ciencia no plantea ningún tipo de obligación que cumplir, al contrario y según cuenta el director del Centro Kabbalah “se entrega un set de herramientas y luego cada persona ve cómo las pone en práctica”, dice.

De esta manera, técnicas como la meditación, la lectura de algunos textos específicos en idioma hebreo, la astrología, la lectura de la línea de las manos, filosofía cuántica, entre otras son mencionadas por el maestro kabbalista como parte de esas herramientas. “Si a ti no te hace sentido por ejemplo, leer en hebreo, no lo haces”, aclara.
 
 
Para Itzhak Pollack la forma en cómo nos vamos a dormir es determinante para conocer la forma en que se desarrollará el día siguiente. Así, “la semilla” debe ser bien germinada (no irse a la cama con tristeza, cansancio o mal humor), para que así toda la jornada siguiente sea beneficiosa, tranquila y productiva.
 

Con respecto al posible prejuicio que podría causar en algunos el hecho de que en la Kabbalah se integren temas que son más bien esotéricos como la lectura de las manos, Itzhak menciona que contrarios al común de la gente que utiliza estas ciencias adivinatorias para saber cosas más bien relacionadas con el futuro, en esta ciencia se emplean estas herramientas con el fin de ver lo que él denomina “la semilla”, o sea, el origen - causa y luego el efecto – consecuencia de nuestros actos.

Para explicar lo anterior, ejemplifica diciendo que si una persona va donde un tarotista y éste le indica que en unos días más tendrá un accidente, predicción que efectivamente sucede. “¿Qué sentido tiene si no pudo evitarlo?, pregunta. De esta manera, manifiesta que la lectura en forma kabbalista tiene como objetivo “mostrar o hacerle ver a la persona que si por ejemplo no cambia su carácter, será muy posible que tenga consecuencias”.

En palabras de Itzhak Pollack, “la gente debe por lo menos acercarse a conocer” de esta sabiduría para poder entenderla y ver que no se trata de un grupo hermético y dirigido a un público específico. Asimismo recomienda consultar bien antes de incursionar en estas enseñanzas, pues según su experiencia, “hay que tener mucho cuidado con la información” que se puede obtener – sobre todo en Internet – acerca de éste y otros temas.

 
 
Punto Vital Septiembre 2009 ©
 
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