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El reencuentro con el agua nos permite desarrollar maneras de comunicar a través de todos los sentidos
 
Más allá de la comunicación verbal
Recordar que nuestro origen tiene mucho que ver con el ambiente acuático y que nuestro organismo – y también el planeta - está formado por un gran porcentaje de agua, es de suma importancia para crear nuevos canales de comunicación, los que nos permitan “desarrollar vínculos de armonía e integración que aporten al desarrollo humano integral”.
 
Carla González C.
 

¿Qué tiene que ver el agua en los procesos de comunicación que sostenemos los seres humanos? Nada podrían decir algunos. Sin embargo, darse cuenta que este elemento tiene mucho que ver con las personas desde su origen podría ser una base para entender que reencontrarse con ella, sus sonidos, textura e incluso sabor, podría iniciar una especie de conexión con nuestras emociones.

Dinorah Lares Bigott es licenciada en estudios internacionales y miembro director de la Fundación Internacional CetHums, proyecto que nace en Venezuela y que tiene como objetivo crear propuestas ecológicas que incorporen tanto al ambiente marino, especialmente a los cetáceos, como al de los humanos, teniendo al agua como el vínculo entre ambos mundos.

Para explicar cómo las personas podemos relacionarnos con el agua y más aún con los cetáceos – animales que tienen una fuerte conexión con el mundo de los seres humanos – Dinorah afirma que es posible conjugar “el agua, elemento primordial para la vida en el planeta, con la tranquilidad y armonía que transmiten los delfines y ballenas”.

 
Dinorah Lares dice que es importante que como personas, “empecemos a apreciar y a incorporar el elemento agua e ir mucho más allá del consumo diario. De hecho, ya hay muchos científicos que están llamando a la Tierra, ‘Planeta Agua’”, sentencia.
 

Según sus palabras, “cada elemento de la naturaleza, incluyéndonos a nosotros, tiene una función específica dentro del plan de la vida y en ese sentido, el agua tiene una gran función”, manifiesta. Es por eso que destaca la importancia de conocer más de este elemento, el que para ella “incluso sirve (agua de mar) para trabajar a nivel terapéutico con algunos desequilibrios”.

 
“Somos seres de agua”
 

La directora de CetHums dice que además de ser individuos que habitamos un planeta que está compuesto en sus tres cuartas partes por agua, también somos seres definidos por este elemento, pues nuestra constitución está compuesta en un 65% de este líquido.

Entonces, “somos seres que habitamos un planeta ‘acuático’ y también somos seres de agua, por lo tanto como humanidad tenemos que tomar conciencia y recordar que nuestro origen tiene que ver con este elemento (una naturaleza oceánica), incluso desde el vientre materno”, sentencia.

Por otro lado, la psicóloga y también miembro de la fundación, María Isabel Gacitúa Carafi, concuerda con Dinorah mencionando que “relacionarse con el agua significa volver a la génesis y vincularnos con nuestro origen”. De esta forma, dice que la experiencia con este compuesto, “transmite conciencia de armonía y unidad con los elementos de la naturaleza y con todos los seres vivos. El agua potencia la conexión con nuestras emociones”, recalca.

 
     

Siguiendo esta línea, María Isabel dice que a través del reencuentro con el agua y con el tomar conciencia de su importancia, podemos encontrar nuevas formas de comunicación “a través de todos los sentidos” y para explicarlo cuenta que “abriendo otros canales para transmitir y recibir mensajes en forma significativa, se genera y potencia una relación con nuestro medio ambiente para desarrollar vínculos de armonía e integración que aporten al desarrollo humano integral”.

 
Inspiración de ballenas y delfines
 

Para acercar este conocimiento y llevar a la práctica los beneficios que tiene la relación agua - ser humano, la fundación CetHums creó un espacio al que llaman “Ciudad Biocéanica”, que consiste en una plataforma hexagonal donde se realizan actividades inspiradas en los cantos y sonidos de los cetáceos, el que de alguna u otra forma “invita a volver al océano e ir al reencuentro con nuestra propia naturaleza oceánica”.

Dinorah Lares comenta que dentro de esta plataforma se trabaja con el arte visual, donde se incorporan sonidos, música y movimientos corporales para que todos aquellos que ingresen a él puedan experimentar una “nueva conciencia ecológica y emocional desde el vínculo con el agua”.

La directora de la fundación resalta la importancia que además tiene conocer el mundo marino, ya que según sus palabras, los mamíferos acuáticos – en este caso la ballena –poseen características similares a las de los seres humanos. “Está comprobado que estos animales tienen en su cerebro la misma proteína que las personas y que las hace sentir amor”, afirma.

 
La psicóloga María Isabel Gacitúa dice que si bien la experiencia en la “Ciudad Bioceánica” tiene fines más bien educativos – por lo tanto no es una terapia – “sí contribuye a mejorar la calidad de vida, ya que se promueve el desarrollo de la inteligencia emocional y la conexión del ser humano consigo mismo y con su ambiente, lo que expresa claramente un aporte a la salud mental, física y emocional”, manifiesta.
 

“Es un espacio con el que a través de lo sensorial, los movimientos y sonidos podemos expresar lo que sentimos, donde todo va más allá de la palabra”, dice  Dinorah y añade que además “es un lugar de contención, muy lúdico y donde se trabaja mucho con la parte emocional, con quién tú eres”, concluye.

 
Punto Vital Abril 2009 ©
 
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