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¿Qué pasó que no podemos desconectarnos?

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Quedarse horas frente al computador, andar pendientes del celular, conversar con quien está a nuestro lado a través del chat y no poder estar ni un día sin ver la cuenta de Twitter y Facebook son acciones que para muchos ya son cotidianas, pero que han mermado (más aún) nuestra relación con los demás.
 
Carla González C.

La hiperconexión llegó para quedarse. Todos de alguna u otra manera – y unos más que otros – nos hemos visto enfrentados a la tecnología en las comunicaciones y por más que queramos desprendernos del tema, parece que nos atrajera de tal forma que se nos hace imposible quedarnos fuera.

Por otro lado, no debemos desconocer que todos estos avances nos han permitido acceder a más de lo que podríamos haber conocido hace algunas décadas atrás. Ahora estamos conectados con todo el mundo, podemos hacer transacciones bancarias desde la casa (y evitarnos así largas filas), realizar compras sin ir a las tiendas, contactarnos con amigos o familiares que viven a miles de kilómetros de distancia, etcétera. ¡Un verdadero avance!

Sin embargo, todos estos adelantos se han convertido en un arma de doble filo y no porque sean negativos en sí mismos, sino porque no los hemos sabido aprovechar y no hemos sido capaces de entender que son una ayuda y no una razón de vivir.

Actualmente, algunos especialistas hablan del supuesto control que habrían ocupado aparatos y servicios como el computador, el celular y las redes sociales. Otros hablan de una verdadera adicción a estas tecnologías y de que nuestra forma de comunicarnos cambió para siempre.

Para la psicóloga clínica transpersonal y creadora del Método Alkymia, Lita Donoso, “estamos actualmente en un mundo donde la tecnología tiene mucha presencia y específicamente Internet provocó una revolución total en la forma tanto de comunicarse entre las personas como de informar. Son dos grandes cambios que aunque parezcan imperceptibles, van modificando ciertos paradigmas del ser humano”, dice.

Frente a este nuevo comportamiento – que para algunos se trata de una adicción en donde estas vías de comunicación tomaron el control del ser humano – Lita piensa que “la tecnología debiera estar a favor de nuestra calidad de vida y no en contra; por lo tanto, el problema no está en estos avances sino en el uso que nosotros le damos”.

Entonces, afirma que “sin darnos cuenta, vamos generando adicciones que en este caso tienen que ver con ser personas con presencia en la vida de los otros”, poniendo como ejemplo el uso de Facebook (Chile lidera el uso de esta red social a nivel mundial), que si bien es positivo porque permite informar a la comunidad de manera rápida, “se vuelve también un medio para volcar patologías y por eso se transforma en un peligro”, sostiene.

Por otro lado, habla del uso del celular, que en Chile superó en 2011 los 22 millones de aparatos en uso, como otra de las tecnologías que no se ha sabido utilizar, esto pues si bien “si se usa como un medio para resolver temas de comunicación personal o laboral es una maravilla, pero cuando se transforma en tu amo y no puedes concebir la vida sin él, entonces se transforma en una pesadilla”, asegura.

Las redes sociales tienen el control

La psicóloga no deja pasar el impacto que ha tenido Internet en la comunidad. “Ahí hay un montón de información, buena y necesaria, pero también la hay errónea”, dice reiterando que pese a que la tecnología es fabulosa, lamentablemente son hoy estas mismas herramientas las que nos usan a nosotros y no al revés.

“Hay que tener mucho respeto al usarlas porque lo que está sucediendo es que este sistema se está convirtiendo en una especie de ente extraño que usa al individuo para otros movimientos que no son tan armónicos ni tan favorables”.

Con respecto a lo anterior, Lita menciona que lo negativo aquí es cuando “la persona traslada aspectos adictivos a estos mecanismos, los que también irán a parar a esta (nueva) forma de comunicarse”.

 
 
Lita Donoso dice que herramientas como éstas hacen que “la persona facilite sus propias dificultades de comunicación, por lo tanto no sólo nos comunican, sino que también nos incomunican, sobre todo a quienes nacieron con estas tecnologías porque están aprendiendo a no mostrar la cara y a no comunicarse con el otro ser en su integridad. El contacto visual jamás podrá ser reemplazado por la comunicación mecánica”, asegura.

Es por eso que asevera que de alguna u otra forma – y sin sostener que hay personas más vulnerables a otras a la hiperconexión – se puede saber cómo o en qué situación está un individuo que utiliza, por ejemplo las redes sociales en exceso.

De esta manera, dice que mientras una persona ingresa profusamente a Facebook tiene algún grado de voyerismo, exhibicionismo y conducta adictiva de necesidad “de que estas otras características estén presentes al menos una vez al día”. Con esto, asegura que hay quienes se ponen muy ansiosos cuando no están conectados y esa conducta es clave para observar algún tipo de dependencia.

Con respecto al Twitter es aún más tajante y califica a esta red social como “un culto al ego”, pues en pocas palabras “se utiliza sólo para que los demás sepan qué es lo que piensas. Es puro exhibicionismo”, advierte.

¿Hiperconectividad por adicción?

Frente a la posibilidad de que la hiperconexión se dé realmente a causa de una adicción, la psicóloga es enfática al señalar que aquí evidentemente “hay un elemento adictivo en esta forma de comunicarnos. ¿Y qué es lo adictivo?, que ya no piensas en qué pasaría si dejas un día el celular en la casa, sino que sólo te angustia la idea de que eso suceda”.

Para la terapeuta esto es un claro ejemplo de síndrome de abstinencia. “Creo que el tema con la hiperconectividad es la adicción que produce y ésta estaría radicada en empezar a depender de esa forma de comunicación porque simplemente ya no concibes otra y te da tranquilidad el tener estos aparatos a mano, te baja la ansiedad. Eso es una adicción”, subraya.

Según menciona Lita, “el ser humano es tremendamente adictivo a cualquier cosa” y lo anterior lo explica diciendo que “las células de nuestro cuerpo psíquico tienen receptores para todo tipo de sustancias y cuando empezamos a repetir una experiencia y a vivir sensaciones, éstas se traducen en impulsos eléctricos que van a parar al hipotálamo, el que produce todo tipo de peptinas”.

Lita Donoso menciona que para poder subsanar al menos un poco toda esta hiperconectividad a la que nos vemos expuestos diariamente, “basta con tomar conciencia y ver hasta dónde quiero llegar. Y aquí nos llevamos una gran sorpresa porque la mayoría no quiere parar y bueno, somos libres, pero entonces después no nos quejemos”, enfatiza.

Es de esta forma, añade, “que la persona empieza a funcionar emocionalmente frente a ese tipo de actividad, entonces entra con un tipo de emoción a Facebook, al chat, a Twitter, etcétera y esas emociones van siendo requeridas por las células, que a su vez empiezan a pedir las peptinas que emite tu campo emocional cuando estás inserto en este tipo de actividades”.

Para Lita Donoso hoy estamos hiper estimulados y por eso piensa que la sociedad moderna está siendo afectada cada vez más por el síndrome de ansiedad. “El ser humano no se da cuenta de que está cada vez tolerando menos los niveles de información a los que está expuesto y no puede digerirlo todo”, dice.

“Una persona de la ciudad tiene que contestar sus correos, revisar su Facebook, escribir en su Twitter… y todo eso generará tarde o temprano trastornos ansiosos. Repito, la tecnología es una bendición, pero los seres humanos somos inconscientes y tan pobres en nuestra espiritualidad que somos presa fácil de ella y por eso nos empieza a gobernar”, asegura.

Por último,  reconoce que con el tiempo hemos cambiado nuestra forma de comunicarnos, pero al mismo tiempo confiesa que “no es que antes hayamos tenido una buena manera”.  Para ella, “las personas nunca hemos tenido experticia en la comunicación y todo esto surge porque tampoco somos capaces de comunicarnos con nosotros mismos y la naturaleza”.

 
Punto Vital Septiembre 2012 ©
 
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