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Una herramienta orientada al ser humano
 
Adentrándose en el “Yo”
Saber de dónde venimos, por qué somos de tal forma y qué es a veces lo que nos impide avanzar en la vida, son misterios por los cuales todos alguna vez hemos atravesado. Para conocernos un poco más está el Eneagrama, herramienta utilizada en algunas terapias que contribuyen en el autoconocimiento y sanación.
 
Carla González C.
 

El ser humano siempre ha tenido inquietudes con respecto a sí mismo. El cómo somos, por qué nos comportamos de cierta manera y las razones por las cuales nos desenvolvemos “así y no de otra forma” en el mundo, son dudas que podrían tener respuestas casi misteriosas, quizás una de las razones por la cual estos temas nos atraen aún más.

En este proceso de autoconocimiento y desarrollo personal existen muchas formas en las cuales trabajar para así descubrirse y poder dar respuesta quizás a tantas dudas que aunque no nos demos cuenta, nos mantienen aferrados a la duda y por lo tanto nos impiden la libertad de ser tal cual somos.

Una de esas herramientas es el Eneagrama, sistema que permite que a través de la presentación de nueve tipos de carácter, las personas puedan ubicarse, agruparse e identificarse para así poder comprender y luego crecer tanto en el interior de cada uno, como en la relación que sostenemos con nuestro entorno.

Según Pamela Sualet, facilitadora del Eneagrama en Argentina, esta herramienta es “un sistema psicoespiritual que procede del griego y consiste en el estudio de la personalidad, pudiendo identificar el funcionamiento psicológico, las debilidades, virtudes y compulsiones, permitiendo de esta forma la evolución personal y espiritual del ser”.

En palabras de esta terapeuta, el Eneagrama “nos permite percibir la realidad objetivamente”, siendo éste un camino “práctico y real de sanación y crecimiento personal que nos permite – entre otras cosas - descubrir nuestras fortalezas y debilidades”.

Por su parte, el psiquiatra y escritor, Luis Weinstein, menciona que este instrumento “corresponde a una orientación sobre el ser humano, particularmente puesto en el tema de qué es lo que se hace con esta tendencia que tenemos de centrarnos en nuestra individualidad, lo que se llama el ego”.

Y es que a pesar de que – según los dichos de Weinstein – una de las palabras que más repetimos es el “yo”, no tenemos idea de quiénes somos y de por qué reaccionamos de cierta forma frente a nuestro entorno. Es por eso que el especialista menciona que este tema bien podría llamarse “fijación de lo individualista”, pues para buscar posibles respuestas, en todo el proceso se deberá escudriñar dentro del ego.

Con respecto a su origen, el psiquiatra menciona que el Eneagrama “se pierde en lo remoto”, estando su génesis en lo que hoy es Afganistán hace unos mil años atrás. Luego, cuenta, “fue recogido por los sufis (rama mística musulmana) y después, en el siglo XX, aparece la figura de Gurdjieff (científico ruso), quien haciendo sus propias estimaciones en el Medio Oriente encuentra vestigios de esta sabiduría”.

Herramienta tomada en cuenta incluso por los jesuitas, el Eneagrama ha sido utilizado y estudiado por un sinnúmero de personas, quienes han recogido la esencia de este instrumento para de alguna forma, aportar en la “liberación” del ser humano.

“Desde mi punto de vista, el Eneagrama sirve fundamentalmente como un apoyo para una transformación cultural que la persona siente necesaria. Lo propio del ser humano es reconocer quién es a través de esta propiedad especial de darse cuenta que junto con su originalidad, es parte de algo que lo trasciende”, explica.

 
Las nueve puntas del Yo
 

El Eneagrama se compone de una estrella de nueve puntas que se encuentra inscrita dentro de un círculo. Cada una de esas puntas corresponde a un tipo de personalidad, cuya elección quizás se debe a la repetición de éstas en el carácter de las personas, algo así como un leit motiv del ser humano.

Para Luis Weinstein, son nueve puntas – ni más, ni menos – debido a que este número “tiene todo un realce en la tradición esotérica” y se instalan como “nueve focos de influencia en el modo de ser que no son excluyentes entre sí, pero que sí tienden a predominar unas sobre otras”.

Es así como estos nueve tipos son reconocidos como perfeccionismo, orgullo, vanidad, envidia, codicia, miedo, gula, cuscupicencia (lujuria) y pereza y si bien pueden ser relacionados con los pecados, el especialista menciona que estos conceptos y todo lo que se refiere a ellos, “están tomados desde el punto de vista psicológico más que en un sentido ético religioso”, asegura.


 
Luis Weinstein dice que hay muchas personas que se “casan” de inmediato con un número del Eneagrama. “La cosa no es así. Somos un enorme conjunto de tendencias, de talentos y características. Nos movemos dentro de una realidad que tiene diversos componentes. Es el misterio de la existencia”, manifiesta.
 

¿Por qué entonces son estos tipos y no otros? Al respecto, el psiquiatra afirma que para quienes trabajan con personas en un sentido ya sea terapéutico como educacional, estas palabras y sus conceptos aparecen como relevantes. “Están en la experiencia cotidiana y se pueden ver en la pareja, la familia, la escuela, en los grupos, etcétera”, menciona.

 
“Somos un regalo para completar”
 

Acerca del uso concreto del Eneagrama, el especialista afirma que en una primera instancia – y cuando este recurso es utilizado en psicoterapia, por ejemplo – se le da a conocer a la persona los diferentes tipos que lo contienen y asegura que el hecho de sentirse conectado con todos, es lo normal.

Para ir más en profundidad dice, “se trabaja un poco más, se conversa y se escucha su testimonio”, para de esa forma, poder identificarse con alguno en particular. No obstante, confiesa que para llegar a esto – al sentirse parte de un solo tipo – puede pasar un tiempo.

“Uno tiene una dinámica psicológica en la cual subraya una cosa, luego otra; entonces, se necesita de un tiempo de segmentación, hasta que llega a situarse en uno de los números”, asevera.

Para este psiquiatra la vida se nos dio sin que nosotros la pidiéramos y por eso la plantea como “un regalo a completar”. Es por eso que dice que de alguna u otra forma “necesitamos responder a ese ser parte”, aún cuando existen dificultades “que están dadas por aquello que no fijamos” y que serían las “culpables” de la ineficiencia en nuestro desarrollo personal.

Por esta razón se emplea el Eneagrama, para ayudarnos en el proceso del darse cuenta y así comenzar el trabajo del autoconocimiento que lo más probable es que no termine con ese dificultad, pero sí nos abrirá los ojos para desde allí lograr un mejor y más saludable crecimiento.


Las nueve puntas del Yo
 

Luis Weinstein afirma que si bien el Eneagrama puede ser desarrollado por todas las personas, hay quienes resultan más precisas para esta actividad. De esta forma, indica que “hay personas que en un momento determinado tienen la capacidad de participar en temas como éste, porque les motiva y llama la atención”, declara.

Sin embargo, apunta hacia los momentos de crisis como ideales para utilizar esta herramienta. Es en esos momentos donde el Eneagrama puede aportar guiando hacia un orden con respecto a lo que hace que la persona sea, por ejemplo, individualista o narcisista. Con esto, manifiesta que esta herramienta de desarrollo personal es muy útil y a la vez muy manipulada por quienes tienen una visión integrativa del ser humano.

Finalmente, Weinstein recomienda no tomar el Eneagrama como algo dogmático, ya que sólo se trata “de aproximaciones a este misterio, problema y conjunto de inquietudes que somos los seres humanos, en donde lo mejor y que más vale es el buen criterio de aquellas personas que lo han trabajado”, dice.


 

Las personalidades que se desprenden del Eneagrama son:

El reformador: tipo racional, de sólidos principios, determinado y perfeccionista.

El ayudador: tipo interpersonal, generoso, demostrativo, complaciente y posesivo.

El triunfador: tipo pragmático, adaptable, sobresaliente, ambicioso.

El individualista: tipo sensible, reservado, ensimismado y temperamental.

El investigador: tipo cerebral, penetrante, perceptivo, reservado e innovador.

El leal: tipo comprometido, encantador, responsable, nervioso y desconfiado.

El entusiasta: tipo activo, divertido, espontáneo, ambicioso y disperso.

El desafiador: tipo poderoso, dominante, seguro de sí mismo, decidido y retador.

El pacificador: el tipo indolente, modesto, receptivo, agradable y satisfecho.

*Información extraída del sitio perteneciente al grupo de investigación, desarrollo y aplicaciones del Eneagrama, The Enneagram Institute.

 
Punto Vital Abril 2010 ©
 
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