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Aprender a decir “no” es fundamental para establecer relaciones sanas
 
Ser egoísta no es malo
A pesar de lo positivo que resulta la imagen de una persona abnegada, bondadosa y entregándose por entero a los demás, esto puede ser totalmente negativo tanto para ella como para quienes la rodean. Es por eso que algunos plantean que el “egoísmo sano” es necesario, pues “el yo” también merece reconocimiento.
 
Carla González C.
 

Al parecer las personas “buena onda”, por dentro tienen varias falencias que no pueden ser atendidas, ya sea por temor a no mirarse a sí mismos o porque simplemente dedican todo su tiempo y energía a su familia, pareja o amigos, siendo incapaces de negarse ante todas las solicitudes que se le presentan diariamente.

Lo anterior podría ser para algunos un ejemplo de humildad, pero si nos detenemos a pensar por un momento nos podremos dar cuenta que tan importante como atender al resto, lo es hacerse cargo de uno mismo, sabiendo con certeza qué es lo que queremos y de qué manera deseamos conseguir nuestros objetivos. Anularse, entonces, no sería una opción saludable.

De allí que dos especialistas – Rachael y Richard Heller – pusieron en el tapete el concepto del “egoísmo sano”, tema que además dio vida a un libro que entre otras cosas, le entrega al lector algunas herramientas para comprender que su vida está primero y por lo tanto cuidarse, respetarse y dejar de vivir gobernados “por las opiniones y demandas de los demás” es totalmente sano.

Aprender a decir “NO” cuando es necesario y terminar con la culpa y la recriminación por no responder satisfactoriamente a lo que los demás demandan, son algunas de las enseñanzas que propone el “egoísmo sano”.

El psicólogo y miembro del equipo de Psiquesalud (www.psiquesalud.cl), Luis Díaz, opina con respecto a este tema diciendo que primero hay que tener en cuenta el concepto de egoísmo, el que sería definido como “el exceso de yo”, o sea “un exceso de atención en sí mismo y la pérdida del límite en donde se encuentra el otro”.

Por lo tanto, a pesar de que el término “egoísmo sano” sería una total contradicción – pues no sería nada saludable centrarse en exceso en uno mismo – se entiende que lo que en realidad se quiere decir tiene relación con la importancia de ocuparse de uno y de lo que se necesita.
 
Anularse enferma

Para quienes comentan el libro “Egoísmo sano”, dejar de vivir por y para los demás, olvidarse de complacer a los padres, a la pareja o a los hijos y dejar de sentir culpa por negarse a prestar ayuda cuando no se puede o simplemente no se quiere, es la “llave que abre la puerta a la libertad”.

Y es precisamente todas estas referencias – y aún más – las que impiden a estas personas auto desarrollarse de manera saludable, pues aunque estén actuando en forma consciente, siempre habrá algo en ellas no resuelto que puede llegar incluso a su anulación como persona.

En ese sentido, Luis Díaz dice que en ese comportamiento “también hay una pérdida de límites con uno mismo. El sujeto se anula y no es capaz de tomar posesión de sus propios intereses y eso evidentemente puede llevar a la persona a situaciones más complejas como la depresión, la anulación de la autoestima, no conocerse a sí mismo, entre otros.

 

Además, dice que otra de las consecuencias que puede traer esta anulación es la errónea percepción que los demás tienen acerca de ese individuo, pues tal como explica “esa persona no se está mostrando tal como es”. De esta manera, dice que “puede generarse cierta dependencia, ya que al estar siempre disponible se va a generar un vínculo con el otro”, muchas veces imposible de romper.

En esta misma línea, afirma que para que no exista dependencia con los demás, estas personas deben trabajar por construir su vida de acuerdo a sus propias convicciones, cosa que para él “no es tan fácil”, porque se trata de un proceso de descubrimiento que no puede ser llevado a cabo si no hay conciencia ni espacio para lograrlo.

En cuanto a la frecuencia en que se da esta dependencia y en general este comportamiento, el especialista menciona que son las mujeres las que más caen en este modo de vivir, pero que cuando ocurre en los hombres, el tema es aún más grave.

La razón – a juicio de Díaz – tendría respuesta en el contexto cultural y social que mientras arrastra a la mujer a ser servicial y a entregarse por entero a los demás, presenta al hombre como aquel que siempre debe estar preparado para resolver conflictos y responder a las necesidades del resto.

A veces ayudar al otro es decirle que no

Por su parte, la psicóloga y terapeuta de Flores de Bach, Soledad Ross, coincide en que la denominación de “egoísmo sano” no sería adecuada si se utiliza literalmente, pero sí entendiendo su sentido, el que sería según sus palabras “ser capaz de considerar las propias necesidades, tan importantes como las que tienen las otras personas”.

Entonces, para ella las características antes citadas como el no saber decir “no”, desvivirse por el resto y cambiar la propia felicidad por la de los demás, corresponderían a algo así como “una generosidad mal entendida”, donde no existe el desarrollo de los límites y por lo tanto, una evidente falta de autoconocimiento.

Para la especialista – y desde la teoría de la terapia floral – existe una personalidad llamada Centaury (que coincide con el nombre de la flor que trabaja en estos casos), que habla de aquellos “que en su desequilibrio, se someten a la voluntad de los otros, no ponen límites aún cuando eso les signifique un sacrificio personal y hacen cosas que el otro necesita, pues si no, se sienten culpables fácilmente”, explica.
     

El motivo de consulta de estas personas se presenta cuando se dan cuenta que “el resto las pisotea, sienten que se están comportando de mala manera cada vez que quieren decir que no”, etcétera, siendo la labor de la esencia “equilibrar la capacidad de poner límites, activar la fuerza de voluntad y la de decir esto no quiero hacerlo”, dice Soledad Ross.

La idea, prosigue, es que la esencia permita a la persona darse cuenta de cómo está funcionando y de las consecuencias de su conducta. “La terapia floral es un espacio para conversar y mostrarle al paciente que decir ‘no’, no es precisamente ser egoísta”, sostiene.

Por otro lado, menciona que “las personas que funcionan con esta personalidad muchas veces crecen en ambientes donde ser hospitalario, ayudar a la comunidad y renunciar a intereses personales en pro de los otros es muy bien valorado. Eso para muchas personas se considera generosidad”, afirma.

En estos casos, dice, “se utiliza una esencia llamada Pine que trabaja los sentimientos de culpa”, emoción (socio-moral) clásica en este tipo de personas y que aún cuando se suele relacionar también con algo negativo – al igual que el egoísmo – es muy necesario, eso sí en una cantidad mínima.

Lo anterior es explicado por Soledad Ross quien dice que un poco de culpa “permite que al individuo le importe lo que le pasa al otro debido a sus acciones y así anticipe las consecuencias de sus acciones”.

Decir sí para evitar peleas

Así como hay personas que nunca se niegan a los requerimientos de los demás por miedo a que estos las dejen de lado, las consideren egoístas o causen daño con una negativa, hay otras que para evitar conflictos acceden a todo lo que el resto les solicite.

Éste es un caso diferente al anterior y por lo tanto, en terapia floral se aborda de distinta manera. Al respecto, la terapeuta cuenta que a pesar de que cada caso, sus causales y también su tratamiento son individuales, “lo más probable es que se trate de una persona Agrimony, a quien le gusta la armonía y vivir en un buen ambiente. Entonces, confrontarse con otro le cuesta mucho”, manifiesta.

Otros serían los Mimulus, “personas sensibles, observadoras, tranquilas, calladas y temerosas de la reacción de los otros”, otro claro ejemplo de aquellos que se manifiestan abnegados 100% por los demás, pero en este caso su forma de proceder obedecería al miedo de la reacción del resto a su supuesta negativa.

 

Soledad Ross dice que una de las formas de tomar conciencia de que algo anda mal muchas veces la entrega el cuerpo. “Que estemos muy cansados y adoloridos pueden ser señales de que estamos gastando más energía de la que queremos gastar”, dice.

En cuanto al origen de esta forma de ser – carecer de “egoísmo sano” - Soledad Ross indica que según la teoría del doctor Bach, “uno nace con una personalidad y ésta implica un desafío, algo (una lección) que se tendrá que aprender”, proceso que puede agudizarse según el contexto en el que viva la persona.

“Decir que sí cuando uno quiere decir que no y funcionar de esa manera, significa que de algún modo hay algo que precisamos; puede ser aprobación, cariño, las ansias de que el otro nos necesite o la tranquilidad de que no habrá peleas de por medio”.

Entonces, practicar el “egoísmo sano”, nos ayudaría a valorar nuestras necesidades y así poder vivir libres para crecer y finalmente para dar y sentirse satisfecho y no vacío con las decisiones tomadas. “No puedes tomar oxígeno si no botas el dióxido de carbono, o sea, no puedes dar siempre sin nutrirte”, concluye.

Punto Vital Abril 2013 ©
 
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