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La subjetividad en el tema de la muerte permite establecer un abanico de opiniones
 
El derecho a morir en paz
Al parecer, conversar, vivir o compartir una experiencia relacionada con la muerte causa en la mayoría de las personas sentimientos de rechazo, miedo y angustia. Enfrentarse a esta realidad hace que muchas veces la sociedad se concentre en convenciones que para algunos sólo son parte de “la ética del vivir” por sobre la de la autonomía de cada individuo.
 
Carla González C.
 

¿Qué es lo correcto: hacer hasta lo imposible por salvar la vida de una persona ya desahuciada o dejar que pueda terminar su vida en forma natural?, ¿es mejor mantener a una persona aferrada a este mundo mediante decenas de cables o desconectarla y terminar con el proceso que angustia tanto a sus más cercanos?, ¿ayudarla a morir o verla extinguirse?

Sin duda, son preguntas cuyas respuestas pueden ser obvias, después de todo vivimos en una sociedad llena de acuerdos que de alguna u otra forma contribuyen a llevar una vida “civilizada”, pero, ¿cómo saber qué es lo correcto?

El médico internista de la Universidad Católica (UC), Manuel Chacón Leocourt, dice que para responder a estas preguntas y otros tantos temas relacionados con la muerte “la ciencia no ha podido delimitar con claridad – por ejemplo - cuándo una persona nace exactamente ni cuándo está muerta”.

Frente a esto, el doctor Chacón aclara que “hay una definición de muerte que sirve por ejemplo para la donación de órganos y es donde el cerebro de la persona no tiene actividad eléctrica, pero sus órganos de alguna manera todavía tienen funciones que se pueden mantener con máquinas, lo que la hace apta para ser donante, si es que no hay ninguna contraindicación”, define.

Por otro lado, sentencia que en el caso de un paciente que sufre de un paro cardiorrespiratorio – muerte clínica - un médico tomaría la decisión de llevar a cabo maniobras durante un tiempo que describe como “arbitrario”, pues podría llevarlo a realizar varios intentos tanto por 20 minutos como también por una hora.
 
El protagonismo de la conciencia
 

“Distinto es suponer cuándo una persona que cae en coma está muerta”, resalta el médico de la UC. Y es que para la mayoría, morir significa terminar con todo lo que uno podría realizar estando presente corporalmente en este mundo. ¿Pero cómo saberlo si no hemos pasado por la experiencia de conocer qué hay “más allá”?

Con respecto a esto, el médico internista cuenta de algunos casos que para él resultan sorprendentes y que sólo serán sus protagonistas los que pueden dar fe de su realidad. Entre ellos, destaca el de un paciente que estuvo en coma y que incluso ya se encontraba desahuciado, pero que luego de un tiempo recuperó todas sus funciones hasta llegar a como era antes de su accidente.

El doctor Chacón menciona que en sus conversaciones con esta persona, resaltó el hecho de que mientras estuvo en coma, “nunca perdió la conciencia” y que incluso tenía recuerdos de las voces que estuvieron cerca durante todo ese tiempo.

Este tipo de experiencias hacen pensar que la conciencia – el “darse cuenta” según el médico – y tal como lo expresan los budistas, “tiene una continuidad y bajo esa perspectiva es posible que bajo cualquier condición, incluso con un cuerpo deteriorado (o tal vez sin él), uno tenga una forma de percatarse de ciertos ámbitos”, comenta.

     
Para Elisabeth Kübler – Ross, destacada médico psiquiatra suiza (1926 – 2004) – la muerte también considera la “supervivencia de la conciencia”. Entre sus escritos menciona que este momento “es trasladarse a una casa más bella, se trata sencillamente de abandonar el cuerpo físico como una mariposa abandona su capullo de seda”.
 

“Para mí, la muerte no existe”, opina el especialista, sino que se trataría de la continuidad de la conciencia antes señalada. Sin embargo, destaca que se trata de estados límite que “nadie puede definir”, pues no todos poseemos las mismas creencias o conocimientos acerca de este tipo de temas.

 
La ciencia en primera persona
 

En este mismo contexto, el profesional dice que en cuanto a la carga afectiva que conlleva la muerte – y destaca a la ajena por sobre la de uno mismo – hay que señalar que ésta es diferente cuando se expresa mediante actos “por el bien del otro” en comparación a la tristeza personal por la partida de un ser querido.

Así, el caso de la italiana Eluana Englaro, donde se dijo que el padre tomó la decisión de desconectar a su hija para, entre otros motivos, terminar con su padecimiento, es para el doctor Chacón un error, pues “él (su padre) no tiene idea de la experiencia de la hija, ya que conocemos apenas nuestras propias experiencias”, manifiesta.

 
     

Además se atreve a decir, basándose en la idea de que todos los contextos son distintos, que el alto precio que significa mantener a una persona en estado de coma dentro de un centro de salud también podría ser un factor relevante para decidir cuánto más el paciente puede seguir en esa condición. “La gente no se puede imaginar lo que significa (en términos monetarios) tener a una persona conectada por 20 años a las máquinas”, enuncia y añade que “nadie tendría la cantidad de plata por todo ese tiempo para sostener una situación así”.

“La ciencia en primera persona (término acuñado por el biólogo Francisco Varela) se refiere a qué es lo que le pasa a un individuo en la relación con el otro; ¿qué me pasa a mí cuando voy a ver a mi hija?, quizás después de 10 años me acostumbré y todo el dolor inicial se transforma en otra cosa, cansancio, tedio o rechazo. Hay una transformación de la experiencia”, sincera.

Acerca de esto último, el doctor Manuel Chacón afirma que por ejemplo en el caso del transplante de Felipe Cruzat, “la gente se vuelca completamente a la experiencia”, proceso en donde puede haber cambios relevantes que uno no puede imaginarse antes de vivir la situación, “como en el caso de la mujer secuestrada por los guerrilleros – estableciendo una analogía – donde su marido hizo un esfuerzo enorme por salvarla. Luego fue rescatada, vuelve y se separan. Eso es notable”, menciona.

Otros fenómenos que recalca el especialista y que para él son destacables aún en su subjetividad, pues transforman la experiencia radicalmente y por ende, pueden llevar a cambiar el curso de las cosas, tienen que ver con conceptos como el perdón o la culpa. “Pudo haber una pésima relación entre la familia del enfermo, pero en ese momento algunos sentimientos hacen que se tomen decisiones que a veces son impensadas inicialmente”, señala.

     
“Es difícil dar una receta, de hecho no la hay”, aclara el médico de la UC con respecto a conocer qué es lo correcto en temas relacionados con la muerte. “Sólo es objeto de creencias de todo tipo y por lo tanto sólo hay especulaciones”, como decir yo me aferro a la vida, pero ¿qué se quiere decir con esto?
 
El poder de la comunidad
 

¿Hasta dónde llegar con el objetivo de hacer (re) vivir a una persona? Muchas veces se cuestiona la forma en que se procede en el tratamiento de pacientes que quizás no tienen mayores probabilidades de recuperarse, pero aún así se les mantiene conectados a máquinas que custodian sus signos vitales en forma artificial hasta poder dar con algún atisbo de respuesta “consciente”.

En relación a este tema, el médico internista enfatiza en que cada paciente y cada realidad son diferentes y que esto incluso lo ha estudiado la ética para poder conocer la mejor forma de intervenir por parte de los especialistas.

“Si tienes un paciente de 102 años que está lleno de enfermedades, que hace 10 años que no se comunica, que está postrado y que un día hace una infección respiratoria, lo más probable es que la mayor parte de los médicos y la misma familia no quieran conectarlo a una máquina y probablemente consideren que ese evento es el final”, cuenta.

“Pero al contrario – prosigue – es diferente si le ocurre algo a una persona de 20 años, porque tanto los médicos como su familia querrán hacer todo lo posible para que siga viva, al menos en esta dimensión. Eso parece ser algo lógico y natural”, asevera.

Sin embargo, existen decisiones que nada tienen de lógico o natural, esto por supuesto viéndolo desde otra perspectiva. Tales son los casos de aquella madre que se opuso por un tiempo a que su hijo fuera sometido a la quimioterapia para así poder tratar su leucemia o el bullado cuestionamiento hacia una comunidad ubicada en Pirque por no prestar asistencia médica a una mujer quien dando a luz sufrió de complicaciones que la llevaron a la muerte.

“En estos casos todos somos opinólogos”, dice el médico quien comenta que el sentir general fue la de calificar estas acciones como un error, dictando un juicio contra estas personas. No obstante, menciona que lo que para algunos parece lógico, no lo será para en este caso, la mamá del niño con cáncer ni la comunidad de Pirque.

“No respetamos las creencias porque la ética que las sigue es la de la vida, que corresponde a la cristiana y en base a eso uno no podría compartir el pensamiento de los demás”, critica. Y por lo tanto, al no haber una suerte de autoridad que nos diga “cuál es la verdad”, nos regiremos por aquellos credos, poniéndonos de acuerdo en una respuesta: “no hay que dejar morir”.

Aquí, impera la fuerza del resto de la comunidad, la que la mayoría de las veces se opone a las situaciones que le parecen contrarias a sus pensamientos o valores, “aunque a nadie le importe que sucedan otras atrocidades con gente que está viva”, subraya el médico, quien califica este tipo de sucesos que se tejen en torno a situaciones límite como “un show que se monta para destacar ciertos aspectos que de todas formas son muy importantes porque nos definen como comunidad , aunque no todos compartan esas ideas”, afirma.

Por último comenta acerca de una curiosidad que se da en este tipo de casos y que se relaciona estrechamente con la intervención de las personas, quienes reunidas hacen valer su opinión. Para el doctor Chacón esto sólo prevalece en el momento del debate, pues después “a nadie le interesa si la mamá del niño tiene dinero para la quimioterapia o si el paciente muere por complicaciones durante el tratamiento”.

 
Eutanasia: “aceptemos nuestra condición”
 

El estar postrado en una cama por años, bajo una mala calidad de vida y no tener intenciones de continuar con eso, ha llevado a algunas personas – quizás son muchas más de las que muestran los medios de comunicación – a pedir la asistencia para terminar con su vida, algo que escapa a la decisión que otros podrían tomar por aquel individuo.

Frente a este tema, el médico internista opina tajantemente al decir que “jamás ayudaría activamente a alguien para que se muera”. Bajo esta perspectiva, el profesional sostiene una idea que quizás para algunos – nuevamente estableciendo el tema de las creencias – pueda parecer errado o al menos extraño.

 
     
Dice que “hay personas que llegan a cierta condición en la que uno podría pensar que hay un montón de decisiones” de por medio, es decir, explica que si hay dos personas, por ejemplo tetrapléjicas y una quiere vivir y la otra morir, es posible – al menos hipotéticamente – que ambos a través de las decisiones que hayan tomado en su vivir, hayan llegado a ese punto ambos a través de las decisiones que hayan tomado en su vivir, hayan llegado a ese punto (condición actual) que no es al azar”, asegura.
 
Citando nuevamente a la psiquiatra Elisabeth Kübler – Ross, dice en sus escritos que “por lo general si un enfermo ha aceptado la muerte y el proceso de morir, puede esperar a que llegue naturalmente.Al suicidarse, la persona podría perderse la lección que debe aprender. En ese caso, en lugar de aprobar y pasar al curso siguiente, tendrá que volver a aprender la lección anterior desde el comienzo”.
 

A lo anterior, sugiere que alguien podría comentar que no tomó la decisión de por ejemplo, meter el pie en un hoyo y hacerse daño, lo que para el médico sí es una decisión tomada por la persona, pero tal como indica “no todas tienen ese darse cuenta”, sino que la mayoría de las veces terminamos percatándonos después de que el suceso haya ocurrido.

En esta misma línea, manifiesta que “hay algo en uno que nos lleva a estar en equis condición” y aquel individuo que desea en este caso pedir la asistencia para morir, “quiere eliminar esa experiencia y no puede hacerlo por sí mismo, por lo tanto quiere y necesita que alguien le ayude”. ¿Por qué otros en su misma situación sí quieren vivir y aceptan su condición incluso más que otros que no tienen ningún problema?, cuestiona.

“Podemos darle sentido a la muerte”, asegura Chacón y complementa diciendo que la idea es conocer no sólo el por qué de la experiencia sino que también el ‘para qué’, el que en ocasiones puede traer consigo acercamientos, relaciones más estrechas, reencuentros, etcétera.

 
 
Punto Vital Mayo 2009 ©
 
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