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Muchos padres de niños con necesidades especiales se enfrentan a este dilema
 

¿Colegio tradicional, especial o integrado?

Sin duda la educación escolar es un tema primordial para todos los padres, situación que no discrimina en el caso de los niños con necesidades educativas especiales. Frente a opciones como la de los colegios integrados y los especiales hay un amplio abanico que muchas veces complica la decisión y las expectativas de los progenitores.
 
Carla González C.
 

Todos los niños deben ir al colegio; también aquellos con necesidades educativas especiales (NEE). Con respecto a este tema, se pueden ver y escuchar testimonios de padres que han optado por una u otra alternativa escolar para sus hijos, sin duda, experiencias que han servido a otros para alivianar un poco el peso que para muchos significa tener al cuidado a chicos que aún son considerados diferentes por la sociedad.

Así, la llegada de la educación pre escolar (más aún la escolar) es para las parejas un duro momento que no siempre saben como afrontar. Y es que la discriminación, potenciales burlas, aislamiento y el no saber con certeza las potencialidades que tienen los niños – y que perfectamente pueden equipararse a sus pares – son quizás los miedos más grandes al momento de elegir un colegio.

Y si bien hay padres que prefieren dejar a los niños con chicos que tengan condiciones similares, otros – a veces por no querer aceptar las necesidades especiales que requieren sus hijos – deciden llevarlos a establecimientos educacionales tradicionales (algunos llamados integrados porque poseen la metodología necesaria para recibir a niños con NEE) donde se han visto buenos y malos resultados, aunque los especialistas indican que son más las experiencias positivas que ayudan no sólo al alumno sino también a su entorno.

A comienzos de este año, Punto Vital asistió al seminario “Integración Escolar: el alumno con Síndrome de Down, un desafío”, (Fundación Excepcionales), y allí se comentó del caso de un joven que cursa actualmente enseñanza media en el colegio San Ignacio El Bosque y cuya experiencia ha sido sumamente positiva, a pesar de que para muchos podría resultar un exceso tener a un niño en una sala donde se habla de biología o de complejas operaciones matemáticas. Muchos dirán, ¿para qué?

Para la educadora diferencial, Karina Seleme Carmona, “siempre será beneficioso que los niños con algún tipo de característica de aprendizaje y desarrollo especial sean parte de espacios y contextos educativos regulares”.

Lo difícil para ella está relacionado con “determinar si efectivamente existen los espacios de educación tradicional dispuestos a acoger a esta población de niños y niñas y que validen y valoren las diferencias como elementos enriquecedores, incluso en la convivencia social y escolar y que de manera responsable los profesores asuman este rol como formadores”.

 
“La educación tiene como propósito ofrecer al desarrollo personal pleno de cada uno de los chilenos y chilenas, potenciando al máximo su libertad y sus capacidades de creatividad, iniciativa y crítica, entre otros propósitos”, menciona Karina.
 

En tanto, para Ximena Bravo Cordero, licenciada en educación diferencial (UMCE) y especialista en apoyo e integración escolar, “la mayoría de las experiencias (algunas de inserción, otras de integración y las menos de inclusión) han demostrado ser beneficiosas, siempre y cuando se hayan detectado las reales necesidades de apoyo del alumno con NEE, exista un compromiso de la comunidad educativa y de la familia y la asesoría, apoyo y permanencia de un especialista o de un equipo de ellos que además realicen una evaluación regular del proceso”.

Para la educadora, las experiencias han sido positivas por varias razones, entre ellas, el entendimiento de “la diversidad como un valor”, el aprendizaje de parte de los niños con NEE con respecto a que hay un “otro” que “le entregará pautas de cómo funciona el mundo, el que es uno solo y para todos”, el perfeccionamiento en la práctica pedagógica, el mejoramiento en el nivel de comunicación, interrelación y “posibilidades de modificar sus estructuras cognitivas”, entre otros.
 
No sólo a los niños con necesidades educativas especiales se les puede hacer difícil enfrentarse a grandes requerimientos. “Someter a cualquier niño a altas exigencias puede tener repercusiones e impacto en su vida”, comenta Karina Seleme.
 

En cuanto a las ventajas de una escuela regular y otra especial – quizás las dos grandes alternativas a las cuales hoy pueden acceder los padres de niños con NEE – Karina Seleme afirma que si bien hablar de aquello es difícil hoy “en un momento en que la educación vive un proceso de cambio”, dice que igualmente existen algunas características que vale la pena reconocer.

En el caso de la experiencia de niños con NEE en establecimientos tradicionales menciona que una de las ventajas “pasa por el impacto social y dentro de la comunidad educativa. Para los niños y sus familias el beneficio también pasa por ser parte de contextos que deben acoger las diferencias, pues si pensamos, la educación especial nace para hacerse cargo de una población que deliberadamente quedó fuera. Sin embargo, también está el acercarse a un curriculum regular que con la posibilidad de flexibilización y diseño de dispositivos de aprendizaje, puede ofrecer las mismas oportunidades de aprendizaje”, señala.

En ese sentido, Ximena Bravo dice que en las escuelas regulares – en condiciones óptimas – pueden verse las ventajas a través del ambiente normalizado, es decir, “los mismos deberes y derechos, valoración de la diversidad, mejoras de las prácticas pedagógicas, beneficios para todos los educandos”, entre otros.

Por otro lado, en el caso de la educación especial, mientras Karina Seleme dice que “las ventajas pueden observarse en la posibilidad de contar con especialistas más preparados desde lo afectivo”, Ximena Bravo menciona que existe en estos establecimientos “más atención individualizada; grupos pequeños en donde los niños participan con sus pares y pueden compartir los mismos intereses en edades de desarrollo similares”.

 
El lado positivo de las altas exigencias
 

Tener a un niño, por ejemplo con Síndrome de Down, sentado durante una jornada completa de clases aprendiendo álgebra, respondiendo preguntas acerca de anatomía o leyendo los grandes clásicos de la literatura puede para algunos sonar a exceso, algo inútil (pensando en que no tendrán acceso a educación superior) o una sobrecarga de estrés innecesaria.

No obstante, ambas educadoras coinciden en que si estos conocimientos son impartidos de manera correcta y teniendo en estos casos los objetivos claros del por qué y para qué se están entregando, puede resultar sumamente beneficioso para niños con NEE.
 
     
Para que la educación tradicional – más aún la integrada – tenga buenos resultados, Karina Seleme afirma que “hay que saber dosificar, aprovechar las jornadas de trabajo y diseñar clases que respeten sus tiempos y estilos de aprendizaje, lo que no significa poner techo a su enseñanza y subestimar sus capacidades”.
 

En ese sentido, Ximena Bravo, afirma que “si las altas exigencias están insertas en un medio afectivo, flexible, con adecuaciones al currículum y con familias y comunidad educativa comprometidos y trabajando en conjunto, el enfrentar a un alumno con NEE, le va a permitir alcanzar muchas más metas, algunas más elevadas y muchas veces inesperadas para ellos mismos, sus familias y su colegio o escuela”.

Para Karina Seleme, lo importante “es ofrecer a los estudiantes espacios educativos, clases, generar buenas prácticas, desafíos cognitivos”, etcétera. De esa manera, agrega, “es posible implementar en niños por ejemplo con Síndrome de Down, prácticas que promuevan la metacognición, donde ellos sean protagonistas del aprendizaje y conozcan la manera en cómo están aprendiendo”.
 
¿Y si no resulta?
 

Una de las preocupaciones que más se repite en los padres de niños con NEE es la posibilidad de que la experiencia educacional de sus hijos salga mal y con ello la sensación de fracaso se apodere de la familia y más aún del niño.

Es por eso que muchos optan por la enseñanza especial - lo que antaño era arreglado sólo dentro de la casa – siendo unos pocos los que toman el riesgo de entregar educación tradicional, integrando a los niños a un mundo que muchas veces se le presenta ajeno y desconocido.

Con respecto a esto, y desde la perspectiva del alumno, es difícil saber realmente cómo viven el desafío. Sin embargo, Karina Seleme menciona que en los casos de integración, los niños “han ganado la posibilidad de ser verdaderamente parte de una comunidad escolar, de un grupo curso y de trabajos que se mueven por y con ellos”.
 
“Cuando un alumno con NEE es integrado a un colegio regular y llega a la adolescencia, muchas veces requiere pertenecer a su grupo de igual condición, para compartir los mismos intereses, sentirse y verse parecidos, salir, disfrutar de las mismas cosas, pololear, etcétera. Esto lo pueden complementar asistiendo a lugares o participando de actividades comunes, como los centros de arte o de oficios”, cuenta Ximena Bravo.
 

Para la educadora diferencial, a quienes puede afectarles el hecho de no lograr ciertos objetivos es a los padres, pues según menciona “viven una especie de duelo y búsqueda que se va resolviendo con el tiempo y en la medida en que sus propios hijos les dan la respuesta, al verlos tranquilos y gustosos de ir a clases en establecimientos verdaderamente comprometidos”, dice.

Frente a esta interrogante, Ximena Bravo comenta que la manera en cómo los niños viven esta experiencia “va a depender de muchos factores y condiciones”. Así, cuenta que existen alumnos que de los colegios regulares han ingresado o reingresado a los especiales, porque las experiencias en integración no fueron favorables o porque llegaron a una etapa en que la comunidad educativa ya no tuvo las herramientas o lisa y llanamente ya no desean continuar con el compromiso de la integración”.

En estos casos, manifiesta, “estos alumnos pueden encontrar en una escuela especial, la atención, el afecto, la contención, las amistades y la compañía, que en la escuela regular o tradicional, no encontraron”.

Por otro lado, las educadoras mencionan que ante la frustración lo mejor es prevenir situaciones relacionadas con el fracaso. Es por eso que el apoyo y el compromiso de la familia son fundamentales en estos casos, todo esto complementado con el trabajo de especialistas como terapeutas, psicólogos y educadores.

“Si se realiza un diagnóstico completo del alumno se puede obtener un buen resultado en cuanto a las necesidades reales que presentan ante un determinado entorno. De esa manera se les podrá entregar el apoyo adecuado”, menciona Ximena Bravo.

 

Algunos piensan que sólo deben estar con sus pares; otros, que deberían tener las mismas oportunidades que el resto. Quizás en la libertad de cada uno está la respuesta.

 
 

“Mi pie izquierdo” (My left foot, 1989), es una película basada en la vida del escritor irlandés Christy Brown, quien padecía de parálisis cerebral, pero que pese a esa discapacidad pudo a través de su pie izquierdo lograr una comunicación fluida con el mundo exterior (trailer en inglés).

 
 
Punto Vital Mayo 2011 ©
 
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