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Para José la crisis económica empeoró su estado como cesante
 
En tiempos difíciles, crea una estrategia
Encontrarse sin trabajo provoca sentimientos de desesperanza y preocupación. Sin embargo, que el panorama esté enmarcado por la crisis económica empeora las cosas, creando aún más conflictos en aquellos que ven pasar los días sin encontrar una nueva fuente laboral.
 
Carla González C.
 

José es un joven padre de familia. Por ahora, él es el único que contribuye con dinero, pues su esposa continúa estudiando y por lo tanto, entre su asistencia a la universidad y el cuidado de la casa y sus dos hijos, no le queda tiempo para conseguir un empleo y poder aportar, por ahora, para paliar los gastos que se hacen mensualmente.

Transcurridos un par de años de labores en una empresa, José fue suspendido a causa de los problemas monetarios de la compañía donde se desempeñaba. “Debido a la crisis económica por la que estamos atravesando, sentimos comunicarle que desde hoy usted ya no colaborará con nosotros”, le dijo su jefe.

Así, el profesional junto a otras personas fueron despedidas y alejadas de sus puestos de  trabajo, creando también en ellas una suerte de crisis interna dentro de sus hogares, lo que en el caso de José se agravó mucho más al ser él, el único proveedor.

Actualmente, los días de este joven pasan lentos, a un lado del televisor – el que por cierto muestra en reiteradas ocasiones cómo los índices de desempleo se dispararon en el último trimestre – y con el periódico en la mano, en el cual busca con esperanzas algún nuevo trabajo donde poder desempeñar su profesión.

Frente a realidades como las de José, las que por cierto son muy frecuentes en la actualidad, el médico psiquiatra y miembro de la Sociedad Chilena de Salud Mental, doctor Raúl Riquelme Véjar, afirma que efectivamente se produce una crisis al interior de la familia, ya que después de todo “los sueldos de estas personas sustentaban un hogar”.

Al mismo tiempo, el psiquiatra advierte que este desbarajuste económico trae a su vez una serie de síntomas físicos y psicológicos, destacando entre los segundos la angustia, desesperación, miedo a cómo enfrentar el futuro, enojo, sentimientos de injusticia, rabia y minusvalía por haber quedado sin trabajo y sin tener responsabilidad alguna en lo que a crisis económica se refiere, entre otros.
 
Hay extremos en donde un individuo que se encuentra cesante puede desencadenar el enojo en sí mismo, atentando contra su vida. “Hay personas a las cuales se les presentan estados depresivos o incluso ideas de suicidio”, menciona el doctor Riquelme.
 

De acuerdo a lo que menciona el especialista, José con sólo un par de semanas bajo el rótulo de cesante ya comenzaba a sentirse extraño, más pensativo de lo normal, a ratos muy mal genio y casi siempre ansioso, fijándose dos, tres o cuatro veces en menos de una hora si había cambiado en algo la página web dedicada a la búsqueda de empleos online.

“Lo primero que aparece es la desesperación por no saber qué hacer” sentencia el doctor Riquelme y agrega que la mayoría de las personas terminan por cansarse frente a los cientos de trámites que realizan diariamente en búsqueda de un nuevo empleo. “Llaman a sus contactos, van de un lado a otro, golpean puertas, mandan curriculum, van a entrevistas, etcétera y esa situación, la de buscar y buscar, muchas veces agota”, asegura.

Y claro, el protagonista de esta historia ya se sentía agobiado, quizás más que en un día normal de trabajo. Tenía aptitudes de sobra, pero su juventud y poca experiencia – todos los puestos a los que postulaba mencionaban 4 años de práctica y él sólo tenía 2 – lo hacían decaer luego de cada intento.

“El proceso puede ser corto en algunas personas afortunadas, pero la mayoría de las veces puede durar un año o más”, manifiesta el médico psiquiatra y añade que lo mejor que se puede hacer con este nuevo tiempo libre es “tranquilizarse y tratar de ordenarse diseñando una estrategia de búsqueda de trabajo, la que tiene que ser serena y no incesante para no terminar agotándose”, reitera.

 
No se desespere, primero digiera la situación
 

Pasado un mes sin trabajo – y siguiendo los consejos del psiquiatra – José comenzó a sentirse un poco más sereno, pero no olvidando lo primordial, es decir, encontrar una nueva fuente laboral.

Un día se sentó junto a su esposa y sin pretenderlo, terminaron conversando horas acerca de esta situación. Mientras él le manifestaba sus miedos, ella le daba todo su apoyo sin caer en la compasión ni en el melodrama. “Saldremos de ésta”, le repetía con honestidad.

Esta conversación hizo que el joven profesional despejara su mente y pudiera recién darse cuenta de la realidad que tenía ante él. La tomaba con un poco menos de ansiedad y con la mente más despejada, entendiendo que hay algunas soluciones a las cuales pueden apelar sin la necesidad de caer en la impotencia.

 
     
“Lo mejor es tomarse algunos días para digerir la nueva situación”, menciona el doctor Riquelme, recalcando que esto no tiene por qué significar un periodo de vacaciones o de relajo total. “Hay que tranquilizarse un poco, porque desesperado se pueden dar aleteos en falso que podrían ser erróneos. Por eso es mejor darse un espacio para la reflexión”, indica.
 
Para el doctor Riquelme, la crisis económica genera más desesperanza en las personas, ya que se pueden apreciar a muchos más trabajadores en el mismo escenario. “Hay muchas más personas buscando trabajo lo que hace más difícil la situación”, comenta.
 

Otra de las recomendaciones que entrega el miembro de la Sociedad Chilena de Salud Mental es no caer en la autocompasión. “Es mejor orientar a la persona mostrándole los posibles espacios de trabajo y apuntar hacia ellos. Lastimarse, compadecerse y culparse es una pésima política”, asevera.

De esta manera, y para evitar que José se deprimiera frente a su actual situación, su esposa y los dos niños decidieron apoyarlo y juntos buscar soluciones. Eso es lo que propone el médico, quien manifiesta que hay que acompañar y no presionar a la persona, porque en aquellas ocasiones se termina por buscar una rápida y poco pensada solución, lo que genera aún más tensión dentro del hogar.
 
Los chilenos ya no somos tan pesimistas
 

“La pérdida del trabajo afecta al más sano, tanto como a las personas más frágiles (a quienes afectará aún más)”, afirma el psiquiatra y complementa diciendo que “a una persona que tiene un estado psíquico y físico normal, la cesantía igual le resultará dolorosa, problemática o angustiante”, aunque lo cierto es que para ellos será un poco más fácil resolver el conflicto que para aquellos más vulnerables.

Pese a lo anterior, el médico sentencia que actualmente los chilenos ya no estamos reaccionando con tanto pesimismo como en años anteriores y un ejemplo de esto es José quien a pesar de haber pasado por momentos de intensa angustia y preocupación, gracias al apoyo de su familia dejó de lado aquella actitud derrotista para continuar en la búsqueda de un nuevo trabajo ¿y por qué no? quizás emprender con algo propio.

 

Para el psiquiatra, algunos trastornos que pueden gatillar la cesantía son:

- Depresión.
- Neurosis de angustia.
- Trastorno de ansiedad generalizada.
- Síndromes dolorosos en algunas partes del cuerpo relacionadas con factores psicológicos (trastorno somatomorfo).

Por otro lado, el especialista menciona que este contratiempo no es recibido de igual forma por hombres que por mujeres, pues mientras a ellas la ansiedad las envuelve, ellos vuelcan sus sentimientos a través de la ira y la angustia

 
Punto Vital Julio 2009 ©
 
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