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Detrás de cada caída hay una oportunidad

¡Cámbiale el sentido al fracaso!

Cometer errores, tomar malas decisiones y fracasar en la vida no son cosas concebibles. Caerse no está permitido y eso sumado a que, seamos sinceros, nos gustan las cosas fáciles ha impedido que aprendamos de las equivocaciones, nos paremos, sacudamos nuestra ropa y sigamos adelante.
 
Carla González C.

Tener un objetivo en la vida y no poder cumplirlo puede ser para algunas personas – quizás para la mayoría – un sinónimo de fracaso. Y si la Real Academia de la Lengua Española define esta palabra como un “suceso lastimoso, inopinado y funesto”, entonces ¿qué podemos esperar sino algo negativo de un resultado adverso en la vida?

Para el psicólogo del departamento de psiquiatría de Red Salud UC, José Pinedo, el fracaso puede entenderse como “la imposibilidad de cumplir con una meta propuesta u obtener algo que deseamos”. Es por eso que tratar de entender que éste es sólo un paso hacia lo que queremos lograr y no el final del camino es esencial para no derrumbarse y finalmente frustrarse.

La psicóloga del centro de investigación e intervención para el desarrollo humano integral Kayros, María Rosa Salazar, dice que “cuando se presenta algún tipo de problema, hay personas que no tienen las herramientas como para poder enfrentar y ver el fracaso como una oportunidad”.
 
“Es imposible lograr algo a la primera sin el esfuerzo de invertir energía en el logro. Lo que falta en la tolerancia al fracaso y a la frustración es aprender del esfuerzo y del trabajo para lograr las metas y objetivos”, dice el psicólogo de Red Salud UC, José Pinedo.

Para la terapeuta, nos cuesta levantarnos tras una caída debido a diversos aspectos, generalmente biopsicosociales, es decir, “herencias neurobiológicas que imposibilitan a la persona poder enfocar al fracaso desde una visión que lo entienda como una oportunidad de crecimiento, para evolucionar y cambiar”.

Por otro lado afirma que desde lo social “hay familias que han adquirido  patrones de condicionamiento que son sociales y que son muy negativos frente a la vida. Entonces, los mensajes que están enviando son desde la desesperanza y ven el fracaso como una humillación y algo sumamente negativo y ahí son los niños los que incorporan esa forma de pararse frente a la vida”.

En relación a si hay o no un perfil de persona que tenga la capacidad de sobreponerse a una caída por sobre otra que basta con una equivocación para que se vea sumida en una depresión ante su proyecto, José Pinedo dice que “el que no logra sobreponerse al fracaso es aquel que tiene poca tolerancia a la frustración y una baja capacidad de postergar la satisfacción inmediata a los deseos y el cumplimiento de las expectativas”.
Para el profesional de Red Salud UC, “son personalidades con baja capacidad reflexiva, muy centrados en sí mismos y con una necesidad muy grande de ser reconocidos”.

María Rosa Salazar en tanto, dice que entre otras cosas, el nivel de educación también incide y al respecto menciona que “lamentablemente la frustración y el fracaso se dan mucho más en poblaciones que son más vulneradas y en la medida en que tenemos educación, tenemos la posibilidad de tener más herramientas que nos permitan ir entendiendo la naturaleza humana y enfrentar el fracaso como algo natural en la vida”.

Encontrar y disfrutar del silencio interior es casi una ironía, pues dentro de cada uno de nosotros hay mucho ruido, el que a pesar de no manifestarse en palabras, muchas veces puede llegar a ensordecer más que la misma voz.  “Dentro hay mucho contenido que tiene que salir y si nos cuesta escucharnos, más dependeremos del mundo exterior para resolver nuestros problemas”, comenta Ángela Yáñez.

Para la especialista, lamentablemente carecemos de una riqueza interior, esto pues todo es una vorágine en la que nuestra vida da vueltas a diario y eso junto a no estar acostumbrados a disciplinas como la meditación, las que claramente acercan al ser humano a estar en un mayor contacto consigo mismo, impiden esta conexión que tanto nos hace falta.

En esta misma línea, comenta que en este tema también hay mucho de voluntad y disposición para trabajar en el desarrollo de una mejor relación con nuestro silencio. “Las personas buscan excusas, porque si bien no tienen tiempo para practicar por ejemplo la meditación, sí es probable que tengan cinco minutos para reflexionar acerca de ellos mismos; cinco minutos para sólo estar”, comenta.

El problema, dice, es que este tema se vuelve difícil y es a causa de este poco o nulo autoconocimiento donde advierte que la gran mayoría de las personas que llegan a una consulta a atenderse con un terapeuta es porque “son incapaces de resolver sus propios problemas y cuando el profesional empieza a indagar se da cuenta que ese paciente tiene muy poca vida consigo misma”.

En relación al individualismo del cual se habla (y su posible contradicción con respecto a cómo tendemos a volcarnos hacia afuera), Ángela afirma que más que tratarse de una preocupación por lo que nos pasa y descubrir cuáles son nuestros deseos y necesidades, “tiene que ver con el poseer, el tener cosas para satisfacer mis necesidades que por lo general son necesidades externas, de comodidad, lujo, etcétera. Pero la necesidad interna que puede ser la de tener estabilidad emocional, requiere de ese proceso mental de estar contigo”, asegura.

Ese proceso, explica, “debe ser desde otra sintonía, no es el estar conmigo por ser egoísta”, afirma. Con respecto a por qué nos cuesta tanto sumirnos en el silencio, disfrutarlo y de paso escucharnos, la psicóloga menciona que puede deberse a dos cosas.

Una de ellas es que “no nos educan  para enfrentar lo difícil o lo doloroso, siendo que vivimos estas experiencias a lo largo de nuestra vida y éstas van quedando ahí guardadas”. Al quedarnos en silencio, agrega, “significa recordar o evocar algún sentimiento o alguna situación que no nos guste mucho”.

La segunda en tanto, dice, tiene relación con que “el silencio nos lleva a algo muy profundo y lo profundo en términos de nuestros pensamientos, es algo muy inconsciente. Entonces, si hiciéramos el ejercicio de quedarnos en silencio y anotar todo lo que sucede en ese momento – sin ningún filtro – uno bien podría hasta horrorizarse de las cosas que está pensando, las que generalmente son cosas que no nos permitimos”, asevera.

¿Cómo te llevas con el fracaso?

Según comenta José Pinedo, nuestra relación con el fracaso no es buena porque “nos hemos acostumbrado desde pequeños a que nuestros deseos se cumplan y las cosas se obtengan fácilmente. Esto lleva a que funcionemos en una especie de inmediatismos de resultados”, dice.

Para el terapeuta, todo ahora está al alcance de la mano, estando ya “lejos de la época de la subsistencia a través de la caza, la recolección y la agricultura”. Así, agrega, “hoy vamos al supermercado y nos abastecemos de lo que necesitamos, encendemos un interruptor y tenemos luz inmediatamente y ya ni siquiera es necesario esperar semanas a que el correo nos traiga respuesta de lo que escribimos otras semanas antes”.

Con todo esto, el psicólogo afirma que nos hemos ido acostumbrando a que todo “resulte y funcione, perdiendo de vista la relación entre esfuerzo y resultado, entre proceso y meta. Todo es ahora, ya”, reflexiona.
 
 
“Cuando empiezas a cerrar la boca y a escuchar lo que hay dentro, quizás te vas a encontrar con cosas desagradables, pero también con otras muy buenas. Y al aquietar esta mente que puede resultar muy ruidosa, puedes percibir mejor dónde vives y qué es lo que realmente te gusta hacer. Hay que perderle el miedo a mirarse, porque eso que se encuentra finalmente es uno”, menciona.
 
La frustración, diferente al fracaso, puede darse según la psicóloga de Kayros cuando “estamos parados en la vida realizando actividades que no nos llenan el alma. En la medida en que estamos conectados con todos nuestros recursos y llevando a cabo lo que nos motiva, nunca nos deberíamos sentir unos fracasados”, asegura.

Por su parte, María Rosa Salazar comenta que el no poder tolerar los fracasos “tiene mucho que ver con los mandatos y lo que nos dijeron nuestros padres cuando nos equivocamos. Un niño cuando comete una falta y tiene incorporado que el ser humano aprende a través del ensayo y el error y los padres le muestran que no importa, que debe intentarlo de nuevo y debe esforzarse más, será luego una persona que sabrá que siempre puede intentarlo nuevamente”.

“El fracaso te lleva a buscar nuevas salidas y nuevas formas de enfrentar la situación hasta poder lograr el objetivo que uno se propuso, entonces desde la niñez tiene mucha importancia lo que te digan tus padres. Hay algunos que de manera inconsciente o por falta de educación maltratan a los niños cuando se equivocan y le entregan frases que luego ellos incorporan en su inconsciente”, asevera.

La psicóloga afirma que “en la medida que las personas se conecten y entiendan que somos nosotros los co creadores de nuestra realidad y que para eso tenemos que tener una sintonía positiva, haciéndonos responsables de todo lo que hacemos”, puede haber cambios reales en el condicionamiento que a algunos los mantiene con una visión constante puesta en el fracaso y la frustración.

¿La culpa es del exitismo?

El ritmo de vida que llevamos y el afán por estar en una búsqueda constante del éxito hace que muchas personas, al no poder ir a la par de los demás y no alcanzar ningún tipo de triunfo monetario por ejemplo, sienten que han fracasado y que no hay manera de remediar aquella situación, esto pues la competencia es dura y no todos pueden acceder a la meta.

Para José Pinedo el exitismo – “afán desmedido de éxito” – influye demasiado en cómo nos llevamos con el fracaso. En ese sentido, afirma que “estamos inmersos en una sociedad en donde se nos promete que todos podemos triunfar y relacionarnos con los que triunfan. Desde que los realities permitan que desconocidos convivan con famosos y se conviertan a su vez en famosos, ha hecho que el éxito social sea posible, entendiéndolo como la fama y el reconocimiento. Los que no triunfan son llamados losers o perdedores”, asegura.
 
El psicólogo José Pinedo afirma que “se puede aprender del fracaso por distintos caminos, a través de la enseñanza de los modelos adultos, de la observación de cómo los demás resuelven sus desafíos y por último, por experiencia personal.

De esta manera, el terapeuta comenta que lamentablemente “en esta sociedad exitista de ganadores y perdedores, los adultos transmitimos a las nuevas generaciones la necesidad de triunfar y de ser exitoso a toda costa, sociedad en que los que no triunfan, no valen nada”.

Frente a esto, María Rosa Salazar afirma que “todo depende de cómo ponderemos el éxito”, es decir, “para algunas personas, el éxito es lo económico y para otros es tener una vida plena y más cercana a las cosas simples; hay de todo, pero estamos de acuerdo con que la frustración se da en el momento en que no estás haciendo lo que te hace sentir pleno y eso se da mucho cuando los hijos dan la PSU y el papá quiere tener un ingeniero, un abogado o un médico en la familia y el niño por vocación quiere ser profesor”.

En ese sentido, José Pinedo asegura que “los padres estamos fallando en la enseñanza del esfuerzo, el trabajo y la tolerancia a la frustración y a la renuncia a la satisfacción inmediata a nuestros deseos”.
 
Punto Vital Abril 2012 ©
 
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