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Las mujeres consultan más en caso de sobrepeso
 
Cuando el rollo se tiene en la cabeza
¿Está conforme con su cuerpo? difícil pregunta sobre todo para las mujeres, quienes son las que tienen mayores complejos con la apariencia física. Y es que la sociedad impone ciertos modelos a los cuales no todos pueden tener acceso, dando paso a que los rollitos de más aumenten de tamaño, pero esta vez, en nuestra cabeza.
 
Carla González C.
 

Factores sociales y culturales, ser más propensas a engordar, el embarazo y los modelos que impone la actualidad, son algunas de las trancas que se presentan ante las mujeres y que hacen que el tema del peso traspase el cuerpo y afecte también en la mente. La mayoría – al no estar conforme con su peso – desarrolla todo un discurso en torno al tema y así las dietas, el gimnasio, la talla en la ropa y la comida se toman su cabeza y las convierten en esclavas de los kilos.

Existen muchos temas ligados a la gordura y de cómo ésta afecta en la mente de las mujeres. Intervención obligada en conversaciones – “estás más flaca, ¿qué te hiciste?”, “estoy tan gorda. Ya no sé qué hacer” – la idea de conseguir un cuerpo perfecto y lo más parecido posible a aquellas maniquíes de pasarela que aparecen en la tevé, pareciera ser para algunas el único fin en la vida, convirtiendo todo en un gran rollo existencial.

Las autoras del libro “Sin rollos”, la psicóloga del Centro de Tratamiento de la Obesidad UC, Viviana Assadi y la editora de secciones de la Revista Mujer, de La Tercera, Sofía Beuchat, afirman que otro de los factores que incide en el tema “peso y mujeres” es la manera de alimentarse, esto porque a diferencia de los hombres que como menciona Viviana Assadi “siguen el patrón del guatón parrillero, comen mucho, pero de una sola vez”, las mujeres son buenas para picotear comida por largos periodos de tiempo. “Somos más buenas para comer de a poco y eso no nos permite percibir cuál es la cantidad real de lo que estamos ingiriendo”, menciona.

 
“Las mujeres tenemos más tendencia a engordar”, sostiene la psicóloga Viviana Assadi. “Nuestro metabolismo es diferente al de los hombres, es más lento. Además comemos más y más calórico”, afirma.
 

Otro de los puntos que estas profesionales destacan es el cultural y el sexual. Al respecto, Sofía Beuchat sentencia que en las mujeres tener kilos de más es mal evaluado y menos permitido. “Si ves en la tele hay gordos, pero ¿gordas? sólo algunas, las con mayor personalidad y el resto tiene que ser muy regia. Al hombre no se le exige tanto y no debiera ser así”, comenta.

Por otro lado, en lo sexual, la periodista dice que también existe el tema donde se afirma que las mujeres “prefieren apagar la luz” durante un encuentro íntimo. “En el tema sexual, los hombres son súper visuales; tienen una valoración del cuerpo femenino que pasa mucho por la vista. Al revés no es tan así”, manifiesta. “Lo de las mujeres es algo más interior”, complementa Assadi.

 
¿Qué nos detiene?
 

Según las autoras de “Sin rollos”, una mujer pasa entre 10 a 25 años pensando en las dietas, en cómo bajar de peso y en qué es lo que tiene que comer para poder llegar a tener una figura envidiable. Si se pasa tanto tiempo con esta problemática inserta dentro de la cabeza, ¿cuál es el freno que impide llegar a los objetivos trazados en frases como “mañana mismo me pongo a régimen”?

Para explicarlo, la psicóloga menciona que en ese sentido hay que hacer una revisión acerca de la orientación de la meta trazada. “Si uno se plantea la meta sólo como una baja de peso, puedes llegar a eso de cualquier forma. Puedes morir de inanición y vas a bajar, puedes hacer ejercicio como vigoréxica y vas a bajar, puedes comer lechuga, tomates y atún para toda la vida y también vas a bajar”, advierte.

 
     
La especialista prosigue diciendo que lo importante es trazar un objetivo a largo plazo sin obsesionarnos con la obtención inmediata de resultados. “Si la meta se enfoca de otra forma y uno se dedica a cambiar los hábitos para sentirse y verse mejor, probablemente el resultado de eso sea más lento, pero se va a lograr igual y además te asegurará una permanencia de ese éxito”, sentencia.

Otro argumento que esta vez expone Sofía Beuchat es el que tiene que ver con razones inconscientes que puede llegar a tener una persona para no querer bajar de peso. Al respecto, comenta que en ocasiones hay motivos “profundos y súper escondidos” que llevan a las personas a no querer adelgazar.

Para ejemplificar su aseveración menciona: “cuando estás gordita y tu marido también, ambos se refugiarán en eso y mantendrán el sistema porque en el fondo tienes miedo de que si él adelgaza, te puede ser infiel, dejar botada, etcétera”. Otro ejemplo que la comunicadora pone sobre la mesa hace mención a cómo enfrentarse a un nuevo cuerpo en el caso de bajas considerables de peso. “Si has sido gorda toda tu vida y de repente pasas a ser atractiva, ¿qué haces con eso, cómo lo manejas, cómo vives dentro de ese cuerpo nuevo?, manifiesta.

Frente a estos ejemplos, Viviana Assadi dice que hay muchos sentimientos o necesidades que se ven “tapados” frente a la gordura, que se mantienen muy ocultos y que en el caso de aquellas personas que por ejemplo se someten a cirugías donde se liberan rápidamente de los kilos, estas problemáticas salen a flote. “A la gente le cuesta tomar conciencia del equilibrio que este cuerpo gordo sostenía. Aparece la inseguridad del marido de perder a esta nueva mujer regia o la necesidad de hacerse cargo de la timidez que antes se explicaba por la gordura. Es como ser de un día para otro una nueva persona”, asegura.

 
Mujer y comida: una relación culposa
 

Al parecer, la sociedad nos prepara a todos para ser exitosos, para trabajar por conseguir lo que queremos y ser lo que hemos anhelado toda la vida. No obstante, nadie nos dice qué hacer cuando fracasamos ni cómo comportarnos frente a una caída y peor aún si somos frágiles y vulnerables, pues el golpe se sentirá aún más fuerte.

El caso de las dietas podría encajar perfectamente en esta idea. No obtener resultados para algunas personas puede llegar a ser una desilusión muy grande de la cual piensan no poder reponerse jamás y en vez de intentarlo nuevamente, habrá un comportamiento contrario, es decir, comerán aún más para luego sentirse culpables cada vez que prueben un alimento.

Sofía Beuchat afirma en este sentido que entre las mujeres y la comida hay “un tema súper culposo” que por cierto, resulta muy negativo. “Comes con culpa y luego te restringes a tal punto que después de hambre y vuelves a comer mucho. Es un ciclo muy negativo, no es equilibrado y no te permite ni tener un buen peso ni estar tranquilo contigo mismo”, comenta.

Viviana Assadi complementa diciendo que para las personas a quienes se les hace difícil tolerar la ansiedad o la angustia “la comida es un gran anestésico local y momentáneo que te permite dejar de lado aquellas sensaciones desagradables. El fracaso también es parte de un proceso de la vida y hoy tenemos muy poca tolerancia hacia la pérdida, por lo que tendemos a enmascarar ese tipo de sensaciones. Entonces, en vez de enfrentar mi problema, me como un sándwich y se me olvidó el tema”, asegura.

 
Las autoras de “Sin rollos” postulan que también existe en algunas personas una relación adictiva con la comida. “Hay toda una preparación mental que tiene que ver con estos pensamientos ocultos como decir ojalá que se vayan para poder comer tranquila. Es como la dinámica que tiene un drogadicto y el síndrome de la abstinencia, también se afectan las relaciones interpersonales”, mencionan.  
 

La relación entre las mujeres y la comida puede ser incluso tachada de pavorosa según la psicóloga, quien habla de la obsesión como un sentimiento que aborda de tal manera que logra distorsionar las imágenes y construir ideas preconcebidas de cosas que no son tal. “Hay que tomar conciencia, sobre todos las mujeres, de que los hombres no necesariamente las eligen regias, sino que pueden ser de todos los tamaños, formas y colores. La fantasía de la mujer es mucho más terrorífica con respecto a esto que lo que la realidad muestra”, expone.

Por último, Assadi plantea el tema de la relación ambivalente que las mujeres sostienen con la alimentación, donde por un lado está la imagen que todas ansían, la de “mina” y por el otro, la de no verse como tal sino que como una persona que puede comer cuánto pueda, pero obviamente – volvemos a la contradicción – viéndose regia.

“No queremos comer como mina porque no queremos vernos así. Queremos comer como hombres, pero al mismo tiempo ser flacas. Se escucha muchas veces decir yo como ene y puede que sea cierto, pero paralelamente tenemos el mandato opuesto que dice pero en un cuerpo delgado, que es algo súper contradictorio. Eso es una gran barrera para lograr resultados”, concluye.
 
Punto Vital Diciembre 2008 ©
 
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