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Slow Food: Antítesis de la vida rápida
Sin duda, la falta de tiempo y lo acelerado de la vida han cambiado los hábitos alimenticios. Contrario a esto, Slow food busca incentivar el placer por la buena mesa y la recuperación de las viejas tradiciones, contrarias al frenesí de la vida moderna.
 
Claudia Sánchez M.
 

Pizzas, hamburguesas, completos... Cada vez más se instala en la cultura chilena la llamada comida rápida, esa que la mayor parte de las veces cae como una bomba en el estómago no sólo por el tipo de nutrientes que aporta, sino también por las condiciones en que se consume.

Su propio nombre lo indica. Los horarios de la mayoría de las oficinas, los escolares y los trabajos en general obligan a dedicarle menos tiempo del debido a ese maravillo placer que es comer, convirtiendo para muchos la alimentación en un mero trámite.

En definitiva, ya sea de pie ante un asador o sentado en un lujoso restaurante, comer es una de las actividades imprescindibles de la vida. El estrés, la falta de tiempo y la proliferación de productos poco saludables imperan en una sociedad donde las prácticas alimenticias y los hábitos de los consumidores varían constantemente.

Todos estos aspectos son los causantes de la creación de movimientos y asociaciones que se preocupan por fomentar el uso y disfrute de una dieta sana y que nacen como contraposición a la popular comida rápida, entre ellos Slow Food, movimiento internacional que busca dar respuesta a la invasión homogeneizadora de la comida, al frenesí de esta vida y a reivindicar el placer por la buena mesa.

 
Comida igual a alegría
 

Para muchos la comida es uno de los placeres de la vida, ya que entrega alegría y felicidad. Sin embargo, la rapidez del estilo moderno y sus características han disminuido la calidad de nuestros alimentos y dedicar tiempo para disfrutarlos es una manera sencilla de infundir alegría en la vida cotidiana, una de las ideas centrales de este movimiento y tarea que para muchos es difícil.

En esta línea, Francisco Klimscha, representante de Slow Food Chile comentó a Punto Vital que “éste es un movimiento internacional, el cual tiene varias aristas; slow citys, slow food, Fundación para la Biodiversidad, Terra Madre, Salone del Gusto,Slow Food Editore y los convivum”.

El representante enfatizó que la misión de esta organización es que a través de las distintas aristas se “busca salvaguardar la biodiversidad alimentaria de nuestro planeta, lo cual conlleva a rescatar, preservar alimentos, ecosistemas productivos, agricultores, pescadores y transformadores de alimentos”.

El movimiento surgió -en 1989- para contrarrestar las cualidades de la vida, impedir la desaparición de las tradiciones gastronómicas locales y combatir la falta de interés general por la nutrición, por los orígenes, los sabores y las consecuencias de nuestras opciones alimentarias. Actualmente, existen más de 80 mil miembros en todo el mundo.


Para Klimscha este es un estilo que a grandes rasgos permite mejorar la calidad de vida, cuyos principales puntos son el comer y beber mejor, con responsabilidad a los procesos productivos naturales de los alimentos y de quienes los cultivan, pescan y transforman, es decir, en otras palabras un acto de cultura.

Según el integrante del movimiento en Chile, los principios de Slow Food apuntan, simplemente, a sensibilizar a los consumidores respecto a los alimentos naturales y sus productores, con el fin de practicar una opción más sana en cuanto a la alimentación y la forma de apreciar la cultura y biodiversidad del entorno, lo que tarde o temprano permite obtener una mejora en la calidad de vida de la población.
 
Eco-gastronomía y comida con tiempo
 

Según Slow Food la alimentación debe ser buena, limpia y justa. Los alimentos deben tener buen gusto, deben ser producidos sin dañar el ambiente, las especies animales ni la salud.

En palabras de Klimscha, la comida slow corresponde a aquella que está preparada de la forma más natural posible, con procesos de cocción lo menos invasivos y respetando los aromas y sabores de cada uno de los ingredientes; contrario a la rapidez en la que vivimos y el poco interés de parte de los consumidores por hacer respetar sus derechos básicos de alimentación: bueno, limpio y justo”, dijo.

Slow food está, a su vez, asociado a una palabra en plena evolución: la eco-gastronomía. Es el eslabón entre ética y placer, exalta la diferencia de sabores, la producción alimentaria artesanal, la pequeña agricultura, técnicas de pesca y de ganaderías sostenibles o biológicas.

 
     
Mientras que contra la comida rápida, slow food impone una nueva práctica, sencilla y saludable y que en conclusión recoge la esencia de este movimiento: dejarse deleitar por el placer de degustar un buen plato natural y ecológico.
 
Punto Vital Enero 2008 ©
 
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