Para muchos la comida es uno de los placeres de la vida, ya que entrega alegría y felicidad. Sin embargo, la rapidez del estilo moderno y sus características han disminuido la calidad de nuestros alimentos y dedicar tiempo para disfrutarlos es una manera sencilla de infundir alegría en la vida cotidiana, una de las ideas centrales de este movimiento y tarea que para muchos es difícil.
En esta línea, Francisco Klimscha, representante de Slow Food Chile comentó a Punto Vital que “éste es un movimiento internacional, el cual tiene varias aristas; slow citys, slow food, Fundación para la Biodiversidad, Terra Madre, Salone del Gusto,Slow Food Editore y los convivum”.
El representante enfatizó que la misión de esta organización es que a través de las distintas aristas se “busca salvaguardar la biodiversidad alimentaria de nuestro planeta, lo cual conlleva a rescatar, preservar alimentos, ecosistemas productivos, agricultores, pescadores y transformadores de alimentos”.
El movimiento surgió -en 1989- para contrarrestar las cualidades de la vida, impedir la desaparición de las tradiciones gastronómicas locales y combatir la falta de interés general por la nutrición, por los orígenes, los sabores y las consecuencias de nuestras opciones alimentarias. Actualmente, existen más de 80 mil miembros en todo el mundo.
Para Klimscha este es un estilo que a grandes rasgos permite mejorar la calidad de vida, cuyos principales puntos son el comer y beber mejor, con responsabilidad a los procesos productivos naturales de los alimentos y de quienes los cultivan, pescan y transforman, es decir, en otras palabras un acto de cultura.
Según el integrante del movimiento en Chile, los principios de Slow Food apuntan, simplemente, a sensibilizar a los consumidores respecto a los alimentos naturales y sus productores, con el fin de practicar una opción más sana en cuanto a la alimentación y la forma de apreciar la cultura y biodiversidad del entorno, lo que tarde o temprano permite obtener una mejora en la calidad de vida de la población. |