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El culto al cuerpo delgado también puede afectar a las embarazadas
 
Pregorexia: embarazadas anoréxicas
¿Una embarazada que no sube de peso? Suena extraño, pero muy cierto en estos tiempos, donde la obsesión por tener el cuerpo lo más delgado posible llegó para afectar también a las mujeres en cinta. Muchas de ellas se niegan a comer en forma normal con tal de no engordar, aún cuando saben que dentro de ellas se está gestando una vida.
 
Carla González C.
 

La idea de subir de peso y verse frente al espejo con una tremenda barriga no es algo agradable para nadie. Pero si se piensa que el volumen del abdomen es a causa de un embarazo, la idea cambia, pues se trata de un proceso normal por el cual muchas mujeres pasan en algún momento de su vida.

A pesar de lo anterior hay un grupo de futuras madres que aún cuando están conscientes de su condición, prosiguen con la fija idea de no permitir el aumento de los kilos y para lograrlo, son capaces de alimentarse con lo mínimo y exagerar en la actividad física para así mantenerse lo más esbelta posible.

Este trastorno alimenticio se llama pregorexia (unión de la palabra pregnancy – embarazada en inglés - y orexia) y a pesar de que algunos hacen alusión a ella como un concepto inventado por los medios de comunicación, lo cierto es que actualmente existen muchas mujeres que estando embarazadas andan en busca de ejercicios, laxantes y dietas especiales para no verse gordas durante los nueve meses de gestación.

Para conocer más acerca de este trastorno, la nutricionista del centro de fitness y salud para embarazadas Nueve Meses, María Isolina Fuenzalida Jaramillo, cuenta que las mujeres que pueden verse más afectadas por el tema del peso, “son aquellas que presentan algún grado de trastorno de la conducta alimentaria previamente”, tales como la anorexia y la bulimia.

Según la profesional, “los trastornos de alimentación se caracterizan por el temor casi fóbico a engordar y por la distorsión de la imagen corporal. Además se sabe que predominan en las mujeres de 14 a 24 años, que está asociado a la conducta occidental donde la delgadez se asocia al éxito y que si bien antes estaba relacionado con los niveles socioeconómicos medios y altos, ahora se ha visto que forma parte de todos los grupos sociales”, describe.

En relación al embarazo y el alza de peso, María Isolina Fuenzalida afirma que en esta etapa, “ocurren una serie de cambios fisiológicos y en la composición corporal de la mujer con el objetivo de lograr un óptimo desarrollo y crecimiento del bebé”.

Por esta razón durante el periodo de gestación ocurren cosas como el aumento en el consumo de alimentos, “la disminución del gasto metabólico basal y una disminución de la actividad física”, traduciéndose todo esto en calorías extras que finalmente serán necesarias para “cubrir las necesidades de la madre y el bebé”, sostiene.

 

María Isolina Fuenzalida entrega datos con respecto a qué elementos están comprometidos en el aumento de peso de una embarazada. Según su información, los índices corresponden a:

Peso  promedio del niño: 3.500 grs.

Peso de la placenta 700 grs.

Peso del líquido amniótico 800 grs.

Mamas 400 grs.

Útero 1.000 grs.

Líquido extra celular (Retención de líquido) 1.300 grs.

Aumento del volumen sanguíneo 1.500 grs.

Reservas maternas  (Tejido adiposo, proteínas y otros nutrientes) 3.500 grs.***

Total 12.700 g

*** Las reservas maternas no son necesarias si ya se inició el embarazo con exceso de peso, por lo tanto el aumento de los kilos debe ser menor.

 
Subir de peso es normal
 

Si hay algo que deben entender las futuras mamás obsesionadas con su cuerpo, es que la experiencia de quedar esperando un hijo lleva consigo un normal aumento en el peso. Entonces para sobrellevarlo de manera normal y sin contratiempos, es necesario revisar en qué estado se encontraba antes de quedar embarazada para así definir cuántos kilos podrá aumentar.

Bajo ese contexto, la nutricionista de Nueve Meses dice que existen diferencias en el aumento de los kilos y que esto dependerá del peso corporal que tenía la mujer al momento de embarazarse. Así, menciona que aquellas que tenían un peso normal (IMC 20 a 24), “suben en promedio 9 a 12 kilos”; las consideras con bajo peso, “deben subir entre 12 y 16 kilos y si están con exceso de peso, deben subir 6 a 8 kilos aproximadamente”.

 
     

En relación al aumento de gramos con respecto al trimestre de embarazo en el cual se encuentra la mujer, la especialista manifiesta que durante los primeros tres meses el aumento en el peso no será tan evidente – se sube entre 1 y 2 kilos – pues hay que tener en cuenta los clásicos vómitos que incluso siendo intensos, pueden provocar una disminución en el peso.

Luego de aquello, añade, lo normal a partir del segundo semestre será subir “400 gramos por semana para embarazadas de peso normal, 500 gramos en mujeres de bajo peso y 300 gramos en aquellas con exceso de peso”.

 
La nutricionista menciona que además de la alimentación saludable, la mujer embarazada “debe realizar actividad física siempre y cuando no tenga ninguna contraindicación médica”.
 

Frente a las consecuencias que puede tener la pregorexia tanto para la mujer que la padece como para el hijo que ella espera, la profesional comenta que los daños pueden manifestarse en ambos y pueden tener relación con “malformaciones congénitas, menor puntaje de Apgar al nacer, un menor crecimiento fetal y bajo peso de nacimiento (menor de 2 kilos y medio)”.

Además, la mala nutrición en el embarazo puede ser consecuencia de “altas tasas de aborto, menor circunferencia craneana y microcefalia, defectos del tubo neural y mayor mortalidad perinatal”. También comenta que pueden existir “problemas potenciales en la lactancia, crecimiento y ganancia de peso del recién nacido”.

En la madre en tanto, se perciben problemas como desnutrición, anemia, problemas en huesos y dientes por falta de calcio y menor reserva de energía para enfrentar la lactancia.

 
“Comer para dos”
 

Muchas personas siguen pensando que una mujer debe “comer por dos” durante los nueve meses de embarazo y por lo tanto, alimentarse con muchos más productos para así quedar satisfecha tanto ella como el niño.

Para María Isolina Fuenzalida este dicho debiera cambiarse por “comer para dos”, es decir ingerir alimentos lo suficientemente nutritivos como para que sean un aporte para mujer e hijo. “El bebé se nutre a través de la placenta de todos los nutrientes que consume su madre, necesita proteínas, ácidos grasos, carbohidratos, vitaminas y minerales”, sentencia.

En esta misma línea, dice que la alimentación durante el embarazo “debe ser equilibrada en relación a su aporte nutritivo, variada, suficiente para cubrir las demandas del embarazo e inocua, es decir, que no nos lleve a problemas de déficit ni a excesos que nos pueda traer consecuencias negativas”.

 
     

En esta misma línea, dice que la alimentación durante el embarazo “debe ser equilibrada en relación a su aporte nutritivo, variada, suficiente para cubrir las demandas del embarazo e inocua, es decir, que no nos lleve a problemas de déficit ni a excesos que nos pueda traer consecuencias negativas”.

Un ejemplo de nutrición saludable para mujeres embarazadas es entregado por Fuenzalida quien menciona que además de los alimentos, “existen algunos micronutrientes críticos que no deben faltar”. Estos son el calcio, hierro, ácido fólico y vitamina C”. Para que estén presentes, la especialista dice que algunas de las recomendaciones son:

Lácteos: consumir 3 a 4 porciones de preferencia semidescremados o descremados.

Verduras: consumir 2 platos al día, combinando los distintos colores de estos alimentos.

Frutas: consumir hasta 3 diarias.

Carnes:

- Vacuno: 1 a 2 veces por semana.

- Pollo: 2 a 3 por semana.

- Pescado: 2 a 3 por semana, muy importante por su contenido de omega 3 (salmón, atún, jurel)-

- Huevo: 3 por semana.

Arroz, papas o fideos: consumir todos los días, variando entre ellos. Debe ser ¾ de taza o ¼ del plato

Legumbres: 1 ó 2 veces por semana.

Pan de preferencia marraqueta: 1 a 2 panes al día. (Depende del estado nutricional)

Aceite: consumirlo crudo en 4 cucharaditas al día. (De preferencia oliva o canola)

Palta, frutos secos o aceitunas: 1 porción al día. (Debe alternarlos)

Azúcar: 4 cucharaditas diarias (en el caso que no haya problemas de diabetes  gestacional).

Agua: 6 a 8 vasos diarios.
 
Punto Vital Julio 2010 ©
 
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