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Carla González C.

Con el paso del tiempo, las personas nos hemos acostumbrado a obtener los alimentos de manera fácil, haciendo de la nutrición un proceso normal del cual no tenemos de qué preocuparnos. Sin embargo, la industrialización de la comida ha empeorado la calidad de lo que consumimos, logrando que algunos compuestos se vuelvan nuestros enemigos.


En occidente, la comida no ha tenido la suerte de evolucionar favorablemente para el ser humano. Al contrario de los países orientales que aún mantienen una dieta saludable, quienes habitamos del otro lado del globo hemos observado cómo los alimentos que contienen ácidos grasos Omega 6 y Omega 3 se muestran cada vez más desbalanceados, siendo los primeros mucho más favorecidos que los segundos.

La necesidad de aumentar el consumo de Omega 3 – y por lo tanto lograr un equilibrio - ha hecho que quienes están preocupados del tema, incentiven a la población a adquirir más productos que contengan estos ácidos grasos dentro de sus componentes. Así, el pescado, producto que lo contiene en una alta proporción, es el más indicado.

Contrariamente a lo anterior, la contaminación que nos afecta en la actualidad hace que la comida a pesar de considerarse sana, corra el riesgo de infectarse. De este modo, el consumo habitual del tan saludable pescado puede verse mermado por la inmensa cantidad de desechos industriales que se lanzan diariamente al mar, contagiando irremediablemente a la fauna marina que luego se servirá en nuestros platos.

   

El médico internista y director de ZoneDietClinic, doctor Ivo Sapunar (quien expuso acerca de este tema en el Primer Encuentro de Salud y Calidad de Vida realizado en diciembre del año pasado), afirma que de alguna manera “hemos sido engañados, nos hemos dejado llevar cambiando nuestra alimentación y no en forma voluntaria, sino que nos la han cambiado”.

Para explicar su anterior aseveración, sentencia que durante el inicio de la humanidad, los primeros individuos se alimentaban en forma diferente a cómo lo hacemos ahora y que más allá de la obviedad, la comparación radica en que ellos buscaban su comida. “Eran recolectores de frutas, verduras, semillas y cazadores de animales de presa que corrían para escapar de la muerte. Comían lo que encontraban”, menciona.

En palabras del doctor Sapunar, luego de la revolución industrial, la elaboración de alimentos cambió para entregarnos productos como los cereales y la carne de animales, estos últimos alimentados con maíz, producto que contribuye en el cambio de su composición. En medio de este proceso comienza a aparecer lo que el médico nombra como “el primer enemigo: el Omega 6”.

 

El Omega 6 es un ácido graso no saturado y a su vez poliinsaturado que puede encontrarse en las carnes rojas, productos lácteos y en aceites vegetales como el maíz y la maravilla. Actualmente en la dieta occidental, estos ácidos se encuentran por sobre los Omega 3.

 

En el transcurso de este proceso, el especialista dice que otros enemigos que van apareciendo en la dieta son el arroz y la papa, pues son “paquetes de glucosa que entran al sistema digestivo, pasan rápidamente a la sangre y ahí elevan la glicemia y la insulina, la que hace el depósito en el tejido adiposo”.

 

Los mismos genes para diferentes alimentos

El doctor Ivo Sapunar manifiesta que el hombre primitivo comía de acuerdo a sus genes – presentes en todas las células del organismo – y hoy, a pesar de contar con la misma estructura genética, el cambio en la alimentación es el que nos ha llevado a la lamentable nutrición que tenemos actualmente.

“Cuando nos sentamos a comer nuestros genes están enojados porque están comiendo algo que quizás no están acostumbrados”, grafica el especialista. Además, comenta que la relación entre comida y genes es muy estrecha, pues los segundos son una especie de timón que “dirige la absorción, digestión y metabolismo de los alimentos; también la fabricación de las enzimas y si bien la comida no puede cambiar a los genes, sí puede cambiar su expresión. Vivimos engañándolos”, manifiesta.

   

Para el profesional, el desequilibrio que existe actualmente entre los omegas es la base del gran problema en nuestra alimentación. También, comenta que el hecho de tener a mano una mayor cantidad de alternativas para elegir en por ejemplo, aceites, es algo que produce confusión principalmente si no se educa al respecto.

De esta forma, el médico internista plantea que entre todas las botellas de aceite que nos pueden ofrecer en un supermercado, “los únicos sanos que contienen Omega 3 son el de oliva y el de canola. Todo el resto es Omega 6”, asegura.

Volviendo a la falta de armonía entre estos ácidos grasos, el doctor Sapunar entrega los índices de relación con los cuales contamos actualmente tanto en oriente como en occidente. Así, y teniendo en cuenta que el valor normal es de 1.5, el facultativo indica que mientras la población japonesa goza de un 1.6, la relación entre ambos omegas en la alimentación de los chilenos tiene un valor de 10.

 

Mientras una persona normal tiene un elevado índice en la relación entre Omega 3 y Omega 6 (10), un paciente con diabetes posee un 20 y quienes padecen de esclerosis múltiple, 50.

 

La gravedad en el alza de los Omega 6 está en que estos ácidos grasos pasan directamente a la sangre y de ahí a los tejidos. Al respecto, el doctor Sapunar informa que estos ácidos son los precursores de las sustancias llamadas eicosanoides proinflamatorios, cuyo predominio provocará que la inflamación se localice en los tejidos nobles, dañándolos y originando enfermedades crónicas como las cardiovasculares.

En cambio, si prepondera el Omega 3, se provocarán los eicosanoides antiinflamatorios. “Está claro, si hay predominio del Omega 6, habrá mayor inflamación y si se lograra el equilibrio podría haber una disminución en aquel padecimiento”, destaca.

Así, la inflamación de la que habla el especialista – la que no se manifiesta dolorosa, pero si tiene el carácter de crónica - es causa de algunas enfermedades y trastornos. Entre ellos:

- Obesidad
- Esclerosis múltiple
- Cáncer
- Depresión
- Déficit atencional
- Alzheimer
- Hígado graso

 

La importancia en el consumo de Omega 3

En conclusión, lo que nos falta aún por hacer en el campo de la nutrición es conseguir el equilibrio entre ambos omegas, en este caso, disminuir el consumo de alimentos que contengan del 6 y aumentar la ingesta de aquellos que tienen del 3.

Según el facultativo, está demostrado científicamente que “el Omega 3 a nivel molecular actúa sobre la fabricación de proteínas y enzimas y en la modificación de todo el sistema en contra de la inflamación.

Como comentábamos anteriormente, debido a la contaminación de los mares, tampoco es recomendable comer tanto pescado (se recomienda hacerlo dos veces a la semana), por lo tanto una buena alternativa es la ingesta del aceite de este animal marino, el que en palabras de Sapunar, “debe ser ultrarefinado y concentrado”, pues en el caso de las cápsulas, éstas además de contener como principio activo al Omega 3, también contiene “aceites de relleno, los que le dan el gusto a pescado”.

Es por esta razón, que el médico concluye en que lo que debemos intentar acuñar en nuestra vida, además del ejercicio y la ayuda de la medicina complementaria, es el consumo de una dieta “antiinflamatoria” que prolongue nuestra vida. Esta alimentación debe contar con la presencia de muchas frutas y verduras, las proteínas del pollo, el pescado y el pavo y la utilización de grasas monoinsaturadas.

 

Punto Vital Febrero 2009 ©


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