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La calidad de la leche materna depende directamente del estado nutricional de la mujer
 
Madre e hijo sanos y fuertes
La lactancia es sin duda una etapa muy importante en la vida del recién nacido. Por ende, la nutrición que tenga la madre durante este proceso es fundamental, pues la calidad de la leche debe ser lo suficientemente buena para satisfacer todas las necesidades nutricionales de la guagua.
 
Carla González C.
 

El proceso de amamantamiento no sólo contribuye a desarrollar el apego entre madre e hijo, sino que también es fuente del sustento que permitirá al niño poder desarrollarse y crecer en forma sana. Es por eso que la nutrición de la mujer es esencial para lograr resultados beneficiosos y así prevenir enfermedades posteriores o de necesidades anexas a esta real fuente de nutrientes.

Para destacar la relevancia de la alimentación materna durante esta etapa, la nutricionista del Centro Nueve Meses, María Isolina Fuenzalida Jaramillo, afirma que la alimentación en la lactancia “es fundamental para asegurar un óptimo estado de salud de la madre y del niño”, lo que se verá reflejado en el crecimiento adecuado de la guagua y en la recuperación del peso corporal de la mujer. 

En relación a las condiciones orgánicas a las que se ven enfrentadas las mamás en este período, la nutrióloga infantil y especialista del Centro Clínico de la Obesidad, doctora Cecilia Castillo Lancellotti, sentencia que es aquí donde están los mayores requerimientos que el cuerpo necesita y por lo tanto se hace necesaria la implementación de una dieta especial.

Entre aquellos requerimientos menciona “la necesidad de un aumento en la ingesta de energía (kcal) y de nutrientes”, lo que se traduce en “una mayor cantidad de alimentos que en otras etapas de la vida”. Entonces, lo que las mamás en época de lactancia necesitan es – entre otros - 500 kcal y 15 gramos de proteínas adicionales a lo que consumía antes del parto. “Eso es más o menos un vaso de leche con un pan adicional”, asegura la doctora.

 
Según María Isolina Fuenzalida, durante la lactancia aumentan todos los requerimientos nutricionales de la mujer, especialmente el de las proteínas y energía. “Dentro de los micronutrientes destaca el aumento de las necesidades de vitaminas, minerales, ácido fólico, hierro, calcio y zinc”. Además agrega que los ácidos grasos esenciales (en especial los omega 3) tienen mención especial, pues ayudan en “el desarrollo del cerebro y la retina del bebé”.
 

Por otro lado, la doctora Castillo menciona que la leche que se produce durante la lactancia es especial y que cada madre elaborará esta sustancia en forma “única para su bebé”, volviendo nuevamente importante recalcar la forma en que la mujer debe alimentarse.

De esta manera, la profesional sentencia que la leche es “un fluido vivo, que cambia su composición nutricional” y que puede variar dependiendo del momento en que se utilice, es decir, si se trata del comienzo del amamantamiento – donde habrá más suero y proteínas – o si es el producto de lo que se obtiene al final, momento en que habrá más grasas.

“Es distinta en invierno que en verano y que durante el frío y el calor”, agrega y menciona que un buen ejemplo de una nutrición positiva es el aporte que los ácidos grasos omega 3 aportan a la leche, cuya cantidad dependerá del consumo de pescado por parte de la madre.

 
Mujer que amamanta no debe hacer dieta
 

Tal como se mencionó en un comienzo, la lactancia contribuye a la pérdida fisiológica del peso que se ganó durante el embarazo. Pese a esto, hay muchas madres que luego de dar a luz se les hace muy complicado volver a los kilos a los que estaban acostumbradas y por esa razón se someten a distintos regímenes alimenticios.

“Las mujeres que amamantan no deben hacer dieta”, dice enfáticamente la doctora Castillo, pues asegura que “el amamantamiento producirá por sí solo una baja lenta y sostenida del peso”. También indica que si se hace un régimen y a través de él ocurre una brusca baja de kilos, “puede haber problemas con la producción de la leche”.

En este mismo contexto, la especialista dice que para que la mujer se encuentre preparada y así el proceso de lactancia sea beneficioso para su hijo, la mejor dieta consistirá en alimentarse con cuatro comidas durante el día, o sea, desayuno, almuerzo, once y cena, además de una colación a mediodía.

 
     
La nutrióloga infantil manifiesta que el proceso del amamantamiento trae además otros beneficios para la mujer. “Las madres que dan pecho desarrollan menos cáncer de mama y de ovario y establecen relaciones más armoniosas y amorosas con los hijos”. En el caso de los niños, enfatiza en que tendrán “menor desarrollo de obesidad, alergias alimentarias, diarreas e infecciones respiratorias”.
 

Por su parte, María Isolina Fuenzalida sentencia que la pérdida de peso post parto dependerá de cuántos kilos se subieron durante el embarazo. De esta manera cuenta que lo normal para una mujer encinta es aumentar entre 9 a 12 kilos, “de los cuales 4 ó 5 corresponden a tejido graso que es reserva de energía para contribuir a la producción de la leche”.

En ese sentido, la nutricionista afirma que “la pérdida de peso debe ser gradual, bajando al menos 0,5 a 1 kilo mensual”. También manifiesta que no es recomendable llevar a cabo dietas hipocalóricas, ya que éstas “afectan negativamente la producción de leche”.

Si a alimentos específicos se refiere, la doctora Castillo Lancellotti afirma que lo ideal es consumir “cuatro porciones de lácteos al día”, privilegiando aquellos fortificados con calcio (leche, leche cultivada, yogur, quesillos, etcétera). Además, es necesario agregar porciones de ensaladas acompañadas de guisos con arroz, fideos, papas, legumbres y carne de pavo, pollo y pescado al menos dos veces por semana”, sumados a esto, seis u ocho vasos de agua diarias.

Con respecto a posibles contraindicaciones, la médico dice que en general no existen restricciones en una dieta de este estilo. Sin embargo, reconoce que con el consumo de algunos alimentos como la coliflor, el brócoli, el repollo o la cebolla, el niño podría sentir algunas molestias, esto por el carácter de flatulentos de estos productos.

Lo mismo asevera la especialista en nutrición del Centro Nueve Meses, quien dice que estos alimentos se relacionan con los cólicos infantiles “por ser meteorizantes” y por lo tanto, asegura que lo mejor es evitarlos durante los primeros meses para después ir introduciéndolos en forma paulatina “observando la reacción del bebé” ante ellos.

Otra de las indicaciones que hace María Isolina Fuenzalida es la relacionada al consumo de tabaco, alcohol y medicamentos. Al respecto sentencia que todos estos “se traspasan a través de la leche y tienen una influencia negativa para la salud del niño”. Por lo tanto es enfática al señalar que “hay que evitarlos y no automedicarse”.

Por último, la profesional hace mención a algunos alimentos potencialmente alergénicos como la leche de vaca, la soya, chocolates y frutos secos. Según sus palabras, estos productos “deben restringirse en caso de alergia alimentaria del bebé, la que se manifiesta con diarreas, vómitos, dermatitis e incluso deposiciones con sangre en niños susceptibles”, concluye.

 

Madres vegetarianas, atención con algunos nutrientes
La nutricionista además comenta que en el caso de aquellas mujeres que optaron por una alimentación que no incluye productos de origen animal, deben incluir ciertos nutrientes en forma complementaria, pues son necesarios en la dieta.

“Los tres nutrientes críticos en etapa de lactancia son el hierro, el calcio y el ácido fólico, los que se encuentran principalmente en alimentos de origen animal como la carne y los lácteos”, explica.

Para agregarlos en la alimentación, la profesional dice que pueden reemplazarse por algunos alimentos de origen vegetal como las legumbres, soya y verduras de hojas verdes. También asegura que pueden incluirse a través de algunos medicamentos, pero que estos deben ser prescritos por un médico.

En ambos casos, la especialista menciona que “es necesario vigilar que no existan deficiencias nutricionales, ya que su absorción es menor si se compara con los alimentos de origen animal”.

 
Punto Vital Julio 2009 ©
 
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