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La calidad de los alimentos se ve mermada por el afán de lucro
 
En la alimentación, informarse es lo más importante
La falta de información y la poca educación con respecto a cómo ser un usuario responsable, son algunos de los factores que se suman a la mala calidad de los alimentos y al negocio irresponsable de quienes sólo buscan rentar en este rubro.
 
Carla González C.

Actualmente, la ciudadanía no sólo tiene más acceso a la información, sino que además se ha ido empoderando de a poco y con eso exigiendo cosas básicas, como la calidad de los alimentos que día a día consume.

Sin embargo, aún existen muchas personas que no saben, no les interesa y no se cuestionan nada acerca de las cosas con las que se alimentan y ahí pareciera estar el problema, es decir, en esta especie de círculo vicioso que compromete no sólo al lucro de aquellas empresas - Monsanto quizás la más fiel representante - que negocian con los alimentos, sino que también a cada uno de nosotros, quienes tenemos una enorme responsabilidad en el tema.
 
Durante estos últimos años, muchos se han pronunciado con respecto al (mal) provecho que algunas empresas han sacado de la producción de alimentos. Muestra de ello es el documental Food Inc. (2008) dirigido por Robert Kenner. En él se muestra la industria alimentaria que impera en Estados Unidos, que para el realizador es una clara muestra de que el negocio está por sobre la salud. “La industria no quiere que el consumidor esté informado acerca de lo que está comiendo porque si lo supiera, quizás no se lo comería”, menciona en la cinta.

Para la directora del proyecto Huerto Hada Verde y especialista en permacultura, Stephanie Holiman, tanto en Chile como en el resto del mundo hay una clara presencia del lucro en la alimentación, sobre todo si pensamos en que “hay cosas muy simples que podríamos hacer y que son mucho más sanas”, pero que lamentablemente no hacemos la mayoría de las veces a causa de nuestra ignorancia o de la información vetada por parte de los grandes productores.

Además asegura que los productos que hoy se expenden bajo la etiqueta de “sanos”, como por ejemplo la harina integral o los alimentos orgánicos, son vendidos a precios muy elevados, siendo que cada uno (o mejor, en comunidad) podría elaborarlos en forma casera.

“Uno se pregunta cómo están vendiendo más caro algo que muchas veces significa menos gasto por su menor procesamiento. Es ahí donde uno se pone a investigar y se da cuenta de que hay cosas que son muy simples de hacer y que son a la vez muy costosas. No tenemos los conocimientos para hacerlo por nuestra propia cuenta y de eso es de lo que se aprovecha el mercado”, asevera.

Pero si de lucro se trata, Stephanie piensa que el mejor ejemplo de esta actitud es la privatización de las semillas, esto pues “el hecho de patentarlas y sostener que pertenecen a alguien – quien a su vez puede hacer lo que quiera con ella, por ejemplo cobrar royalty cada vez que alguien las siembre, siento que va en contra incluso de los derechos humanos porque esto no afectará sólo a algunos, sino que a toda la población”.

¿Sabes cómo luce un “tomate de verdad”?

Tal vez una de las cosas en donde más se evidencia el tema del lucro en la alimentación es en la calidad de los productos. Uno de los comentarios obligados de nuestros padres y abuelos es que productos como los tomates y otras hortalizas no se veían todo el año como hoy, donde podemos encontrarlas en cualquier estantería o puesto de verduras.

Al respecto, Stephanie Holiman afirma que efectivamente la calidad se encuentra en desmedro ante tal cantidad de los productos. En ese sentido, dice que “si ahora se piensa en verduras como el tomate, éste no tiene la misma cantidad de nutrientes que uno que crece cuando y como corresponde. El del supermercado – ese gigante y rojísimo - quizás creció en una bodega y rodeado de luces artificiales”.

Para la directora de Huerto Hada Verde, hoy se privilegia el tamaño de los alimentos por sobre la calidad, pues según cuenta la apariencia sirve mucho al momento de exportar y hacer negocios, aunque estos estén “huecos de nutrientes”.

 

“El tomate de una huerta quizás es más pequeño y uno al verlo dice pero cómo voy a pagar lo mismo que otro que es más grande y más rojo. Si esa persona se va a un laboratorio y analiza la cantidad de nutrientes entre ambos, de seguro va a encontrar que hay una diferencia grande” que en este caso favorecerá al tomate más pequeño, dice Stephanie.

“Buscamos lo más barato y no siempre eso es lo más sano”, sostiene y es por eso que está segura de que el lucro ha provocado que la población en general haya perdido la conexión con el origen de la comida, con las etapas por las cuales pasa su desarrollo, con cómo está producida y cuándo es la época en que cada uno debe cosecharse, entre otras cosas.

Al respecto dice que “debemos volver a esa conexión para así poder comenzar a cuestionar; ser más conscientes como consumidores, porque si lo somos, ejerceremos una mayor influencia sobre el mercado al preferir los alimentos de manera inteligente”.

Y para ser consumidores conscientes, debemos contar con educación. En ese sentido, Stephanie Holiman afirma que como población somos muy cómodos y eso de todas formas beneficia a las grandes industrias, que al no encontrarse con una masa crítica, puede seguir funcionando como lo ha hecho hasta ahora.

Pero, ¿cómo ser consumidores informados si apenas sabemos leer las etiquetas de los envasados? En ese aspecto, dice que a las empresas definitivamente “no les conviene dar la información completa acerca de cómo está hecho un producto” y que el problema resulta una negativa cadena donde además están comprometidas otras compañías como las farmacéuticas.

En este contexto manifiesta que alimentarse sano obviamente es mucho más barato al final que comer alimentos que después nos enfermarán y por ende nos llevarán directo al médico, a los fármacos y otro tipo de gastos. “Mantener la verdad escondida les viene bien, porque así la gente seguirá consumiendo medicamentos, yendo al médico y comprando cómodamente en el supermercado”, dice.

Por otro lado, manifiesta que a causa de los alimentos manipulados, se han acrecentado nuestros problemas de salud y por lo tanto, alergias, intolerancias y otros padecimientos que sufre nuestro organismo son sin duda a causa de la nutrición que llevamos y por sobre eso, por la calidad de los productos que adquirimos.

Más vale pagar un poco más

A pesar de lo anterior, Stephanie Holiman dice que hay que tomar en cuenta que en algunos casos, un precio elevado no es sinónimo de lucro sino más bien de trabajo. Es el caso de la agricultura orgánica, de la cual menciona que es de suma importancia “tener conciencia de por qué es más costosa”.

Entre las razones afirma que “la agricultura que todos conocemos no paga por el consumo que hace del medioambiente en el que está produciendo. Además, contamina el suelo y las napas subterráneas de agua, ocupa gran maquinaria, agroquímicos, petróleo y una serie de cosas que significan un gasto para ese suelo”.

En cambio, dice que las producciones orgánicas, “tratan de no contaminar el suelo ni el aire, de no provocar daños en la salud de las personas que trabajan en la agricultura, en sus hijos y en quienes viven alrededor de los cultivos y generalmente no ocupan maquinarias tan grandes, sino más bien se trata de una labor manual e intensiva”.

 

Por esta razón dice que “se produce una diferencia tan grande en ambos tipos de producción, porque no se miden los costos anexos”. Entonces, agrega, “por eso uno piensa que son más caros los alimentos orgánicos y de hecho lo son para la mayoría de las personas, pero pienso que estos precios debieran ir bajando eventualmente, todo depende de la ley de oferta y demanda”.

En ese sentido Stephanie afirma que de a poco se ha ido dejando de lado la idea de comer sano como una moda para instalarlo como una necesidad, premisa que se vuelve primordial para establecer un cambio.

 
 
Punto Vital Agosto 2013 ©
 
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