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La necesidad de una alimentación más sana hace necesario este tipo de proyectos
 
Agricultura urbana: cosecha lo que siembras
Desde hace un tiempo que los alimentos están sufriendo cambios que – se ha visto – no han beneficiado a la salud de los seres humanos. Es entonces la necesidad de una mejora en la calidad la que ha llevado a muchos a reinstaurar conceptos como la agricultura urbana y los huertos caseros, ambas alternativas para volver a comer sano.
 
Carla González C.

Parece una imagen antigua o algo que sólo puede ser una realidad en aquellas localidades ubicadas fuera del orbe, donde todo es más pausado y hasta ahora, menos estresante. Quizás por eso, la idea de sembrar y cosechar alimentos en la ciudad parece extraña y más aún si ponemos como contexto nuestro propio hogar.

Se trata de la agricultura urbana, concepto que actualmente surge como “un reclamo natural, hacia un restablecimiento de la relación entre ser humano y planta, en todas sus dimensiones” y tan relevante ha resultado su surgimiento, que hoy organizaciones como la FAO ha incluido este concepto como una parte importante de su agenda.

Si nos remontamos a los inicios de la agricultura urbana y periurbana (AUP), especialistas concuerdan que nació debido a la necesidad de alimento característico en naciones en situación de guerra, cuyas pocas o nulas posibilidades de trasladar comida hicieron que ocuparan terrenos desocupados dentro de la ciudad para cosechas de diversos tipos y así no tener este tipo de carencias.

Si bien ésta no es la realidad que hoy afecta a la mayoría de los países, la calidad de los alimentos que actualmente consumimos dista mucho de lo que se podía obtener en el pasado. Exceso de químicos, alta concentración de pesticidas, productos procesados con altísimos índices de sodio, etcétera son un denominador común que hace que la auto sustentabilidad vuelva a estar presente, esta vez no por carencia, sino por la urgencia de una mejor nutrición.
 
Actualmente existen varios modelos de AUP, los que pueden ir desde una ordenanza municipal que permiten a los vecinos el cultivo en sectores comunes a organizaciones sociales que utilizan terrenos baldíos para estas prácticas. También es posible utilizar estos huertos sólo para el consumo personal como también para la venta de alimentos en ferias del rubro.

Así lo indica Julia Franco, coordinadora del programa “Huertas Urbanas Municipales” de la Corporación Municipal Aldea del Encuentro de la Municipalidad de La Reina (desde 2001, pionera en sostener un programa educativo de estas características), quien menciona además que como nación, “estamos bastante atrasados respecto a otros países en el tema del etiquetado de los alimentos. Por un lado hay poca información y por otro, la gente no es muy activa en leer estas indicaciones”, sostiene.

Por otro lado, comenta que en los alimentos naturales – no envasados - “el problema principal es la existencia de una derivación en la información”, la que explica como una suerte de desviación en los datos de por ejemplo el uso de químicos, los que al pasar de persona a persona, a veces son mal interpretados y por ende, mal utilizados.

Al respecto, afirma que “muchas veces los productos tienen mucha más concentración de pesticidas de lo permitido y además son cosechados antes de la fecha indicada. Por eso uno se encuentra en ocasiones con alimentos, especialmente frutas, que al comerlas puede percibirse un gusto extraño. Eso es pesticida acumulado”, advierte.
 
¡Volvamos a lo fresco!

Para la especialista en permacultura y directora del huerto orgánico comunitario Huerto Hada Verde, Stephanie Holiman, dentro de las mayores deficiencias que actualmente tiene la alimentación están la “ausencia de cosas frescas en nuestro plato, esto porque cada vez hay menos tiempo para cocinar y por lo tanto cada vez la comida es más procesada. Ahora es más fácil comprar la salsa de tomates que hacerla en casa y con verduras frescas”, afirma.

Por otro lado, comenta que no tenemos contemplada en nuestra dieta una mayor variedad de verduras y frutas frescas, al contrario, asegura que la mayoría no sale de la lechuga y el tomate, siendo que en el mercado existe una innumerable cantidad de productos que a su juicio deberíamos aprovechar más.
 
 
Este desconocimiento al que apunta Stephanie también tiene estrecha relación con los pocos alimentos que utilizamos. Según menciona, “no integramos alimentos como el arroz integral, la quínoa, algas como el cochayuyo y el luche, los hongos y las hierbas, productos que por falta de hábitos, por miedo o prejuicios no adherimos a nuestra dieta”.
 
Para Stephanie Holiman, los chilenos nos atrevemos muy poco a innovar y aprovechar la inmensa variedad de alimentos que poseemos. Es por eso que experimentar y derribar prejuicios en torno a la comida es el primer paso para mejorar nuestra alimentación.

Entonces, ¿cómo la agricultura urbana y los huertos caseros pueden ser de ayuda para lograr diversificar nuestra dieta y de paso alcanzar una mejor nutrición? Para Julia Franco, estos sistemas tienen beneficios que son muy claros y por eso conocerlos permitirá a la población tomar conciencia acerca de lo que come.

Según comenta, dentro de esos beneficios podemos encontrar “un ahorro en la huella de carbono, esto por una reserva en el gasto de combustible del transporte; mejor cuidado del medioambiente y más participación ciudadana, pues en este tipo de actividades trabaja la familia, las comunidades, los adultos mayores, etcétera, yendo incluso más allá de la alimentación, puesto que pueden organizarse en paralelo programas de salud mental, de prevención ante el consumo de drogas, entre otros”.

Para Stephanie Holiman en tanto, lo bueno de este tipo de agricultura – y especialmente de los huertos urbanos – es que “uno puede hacerlos a la medida de nuestras necesidades y decidir qué es lo que se va a cultivar, según lo que uno quiera comer, es decir, si a mí me gustan las hojas entonces me dedicaré a cultivar lechuga, rúcula, acelga, espinaca, repollo, etcétera”.

Por otro lado, la especialista en permacultura asegura que los alimentos que se cultivan de esta manera tienen entre otras virtudes ir más allá del sabor. Tal como cuenta, es posible generar una suerte de lazo especial con los alimentos, donde incluso haya “cariño por lo que estás plantando porque lo ves crecer, lo hueles, te conectas con él y eso nutre más que tu estómago. Es un vínculo que va mucho más allá”, cuenta.

Primer paso: disciplina

Quizás una de las piedras de tope que tienen muchos interesados en comenzar con un huerto casero es la dificultad y el compromiso que se debe adquirir al momento de dar este paso importante en lo que a auto sustentabilidad alimenticia se refiere.

En ese contexto, Stephanie Holiman asegura que dar el primer paso no es difícil, pero sí requiere de tiempo, disciplina y dedicación. Para ella, se trata de un nuevo estilo de vida, donde las frutas, verduras y hierbas pasan a formar parte de la rutina de quien decide cultivarlas.
 
Para la directora de Huerto Hada Verde, el comienzo de todo huerto es el más importante y el que requiere de más atención, pues se deben tomar en cuenta las características de lo que se está plantando, la cantidad de agua que necesita, la luz que requiere, la época del año en que se debe cultivar y cosechar, entre otros.

Entre los alimentos más fáciles de cultivar, Stephanie cuenta que para empezar son ideales la acelga, los rabanitos, la lechuga, los porotos y zapallos. Más fáciles aún, dice, están las hierbas como el romero, la salvia, el orégano, el tomillo y la lavanda, que requieren de poca agua y la melisa, menta, poleo y hierba buena, entre las que necesitan más agua, pero al mismo tiempo poco cuidado.

Julia Franco comparte la opinión con respecto a lo fácil y práctico que resulta crear un huerto en el hogar. En ese sentido menciona que hay distintos modelos que van desde el uso de los maceteros hasta los huertos verticales, la utilización de los techos de los edificios y la creación de invernaderos, estos últimos muy usados en algunas ciudades como Tokio, Chicago, Toronto y Los Ángeles.

Por otro lado, cuenta que las plantas comestibles pueden ser utilizadas para ornamentar los patios. “¿Por qué no usar una mata de frambuesas en vez de una planta trepadora?, la primera te dará además comida”, menciona.

Lo mejor de todo, destaca Stephanie Holiman, es “entender que uno puede cultivar tan solo teniendo un poco de tierra donde le llegue el sol; si es un departamento, esa área será un cajón o macetero, botellas, canaletas o lo que sea que pueda contener una planta y si es una casa donde hay espacios con tierra, puede ser un cultivo sobre una cama de siembra o en cajones. Todo dependerá del tiempo y energía con los que la persona cuenta para dedicarse a preparar esa tierra”, asevera.

“Se trata finalmente de una inversión cuyos resultados podrán verse a largo plazo, porque sin duda hay un beneficio para la salud que es mucho más grande donde la persona estará comiendo algo sin pesticidas y por ende, tendrá menos problemas al estómago y otras enfermedades que luego podría estar gastando dinero en visitas médicas y medicamentos”, sostiene Stephanie.

¿Permiso para tener un huerto casero?
Uno de los temas que se ha discutido en torno a lo que significa la alimentación y al uso de semillas, es obtener una patente por ellas y por ende pagar una suerte de royalty para poder usarlas.

“Hay que pensar que todas las personas que quieran un huerto ya serán portadoras de un banco de semillas. Esas semillas se van acostumbrando al suelo en donde están plantadas por lo tanto la que está en mi patio no será lo mismo que está en el tuyo”, comenta Stephanie Holiman.

Entonces patentarlas y prohibir su uso es para ella un atentando contra los derechos humanos, pues tal como lo menciona “dependemos de la comida y sería muy injusto que no permitieran cultivar alimentos en el espacio personal que cada uno tiene”.
 
Punto Vital Diciembre 2011 ©
 
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