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Un buen paliativo del estrés oxidativo son los antioxidantes
 
El daño de los radicales libres en descontrol
A todos los perjuicios que le atribuimos a la mala alimentación, se suma el estrés oxidativo, del que si bien no se puede prescindir, sí puede mantenerse “a raya” teniendo un estilo de vida sano que potencie la producción de antioxidantes.
 
Carla González C.
 

No ser capaz de mantener el equilibrio es (en todos los ejemplos posibles) algo negativo. Si hablamos específicamente de la alimentación, la regla es la misma, siendo la pérdida de la armonía - en este caso entre radicales libres y antioxidantes – se producen daños que serán causa de cuantiosas enfermedades.

El estrés oxidativo es definido en el boletín perteneciente al proyecto “Ciencia, Vino y Salud” de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile, como “una situación en la que existe tanto un aumento en la velocidad de generación de especies reactivas del oxígeno, como una disminución de los sistemas de defensa”.

Para explicar lo anterior, la doctora cubana y Magíster en Nutrición Clínica de la Universidad de Chile, Yaisy Picrin, dice que el estrés oxidativo “es la ruptura en nuestro organismo del equilibrio entre la función prooxidante y la antioxidante”. Este quiebre – sentencia – ocurre a favor de la función prooxidante, lo que provoca “una concentración excesiva de radicales libres”.

En la misma línea, la doctora Picrin dice que la presencia de este fenómeno en el organismo de las personas se puede gatillar tanto por “la alimentación hipercalórica, como por exceso de algunos tipos de medicamentos, drogas o cualquier químico que no sea precisamente natural en los alimentos”.

 
El bioquímico y profesor titular del INTA, Doctor Alfonso Valenzuela, menciona que el estrés oxidativo es “una condición de oxidación no controlada de nuestro organismo” y que efectivamente la contaminación ambiental también incide en este desequilibrio. “En la polución se producen gases muy nocivos que favorecen el desarrollo de estrés a nivel pulmonar”, sentencia.
 

Acerca de quién puede padecer de este estrés, el bioquímico y profesor titular del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), Doctor Alfonso Valenzuela, dice que las personas más propensas a sufrir de esta inestabilidad son “los adultos mayores y quienes tienen dietas desequilibradas y/o viven en ambientes con alta contaminación”.

En relación a la dieta, el Doctor Valenzuela menciona que una mala alimentación incidirá de todas maneras. Al respecto comenta que la carencia de “antioxidantes, algunas vitaminas y los microminerales” afectarán, pues se trata de elementos esenciales para prevenir esta condición.

 
Consecuencias del “triunfo” de los radicales libres
 

El estrés oxidativo no sólo se relaciona con la alimentación, sino que además el mantener altos índices de radicales libres puede ser causa de algunas enfermedades, ya sea en forma directa o indirecta.

Con respecto a las primeras, el profesional del INTA menciona que algunas de ellas son el Alzheimer, Parkinson y cataratas; y entre las que se provocan por acción indirecta del estrés oxidativo nombra las patologías cardiovasculares, reumatoideas, artríticas y procesos inflamatorios en general.

 
Según la doctora Picrin el estrés oxidativo tiene relación directa con la obesidad. Al respecto dice que existen varios mecanismos que explican por ejemplo, “cómo una persona puede llegar a convertirse en insulino dependiente, padecer dislipidemia, oxidar más las grasas”, entre otros. “Todo esto es producto de adipositos (células grasas) aumentados de volumen”, complementa.
 

A su vez, la doctora comenta que las consecuencias de este estrés son múltiples y todas ellas van en contra de nuestra salud. Al igual que el bioquímico, la profesional dice que el perjuicio se verá manifestado en algunos padecimientos, entre las cuales complementa lo anterior mencionando a las enfermedades metabólicas como la obesidad, la diabetes y las dislipidemias, además del glaucoma y algunos tipos de cáncer.

“Del mismo modo, el estrés oxidativo se refleja en nuestra apariencia estética – deterioro de la calidad de la piel, cabello y uñas – y en nuestro estado de ánimo, mayoritariamente con una sensación de cansancio y desgano”, añade.

 
Mida su grado de estrés oxidativo
 

“No es posible no tenerlo (el estrés oxidativo), es un precio que pagamos por ser aeróbicos”, sentencia el bioquímico Alfonso Valenzuela. Sin embargo, aclara que “una dieta rica en antioxidantes es un buen paliativo para sus consecuencias”.

Del mismo modo, la doctora Picrin sentencia que “si una persona conoce su grado de estrés oxidativo, sabrá de qué tiene que cuidarse”. Es por eso que la especialista plantea que una de las recomendaciones es “medirlo todos los años para que puedan hacer algo con ello. Nadie se va a librar de la vejez o de la muerte, pero sí podemos darle calidad de vida a los años que vienen”, asegura.

Además insiste, en que alternativas como fomentar la actividad física controlada, mantener una dieta rica en elementos que ayuden a eliminar a los radicales libres y en general llevar “otros hábitos que favorezcan nuestra capacidad antioxidante”, será el puntapié inicial para que el equilibrio en nuestro organismo sea el adecuado.

 
 
Punto Vital Marzo 2008 ©
 
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