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Muchos recomiendan las dietas basadas en proteínas, pero ¿son saludables?
 
Dietas hiperproteicas: “pan para hoy, hambre para mañana”
Desde hace un tiempo que los medios han puesto sobre la palestra las dietas ricas en proteínas, una moda de la cual muchos se han vuelto seguidores y al parecer con buenos resultados. Sin embargo, para el organismo este “castigo” no es beneficioso. Daño renal, estreñimiento, cefaleas y estar en estado tóxico son algunas de sus consecuencias.
 
Carla González C.

Resulta extraño toparse con opiniones de especialistas en nutrición que difieren del mensaje que se ha estado tratando de difundir en la población con respecto a qué es una alimentación saludable, tanto para adelgazar como para mantener un estilo de vida sano en el tiempo.

Y es que mientras un gran número de profesionales apuesta por incluir en la dieta una variedad de alimentos que comprometa a todos los grupos pertenecientes a la pirámide alimenticia (que recordemos, también incluye la realización de actividad física), otro grupo difunde algunos regímenes que en estricto rigor no serían de gran ayuda para las personas, esto por no ser equilibrados y por lo tanto, no trabajar en el organismo de manera integral.

Una de esas dietas es la que está basada en el consumo mayoritario de proteínas, sistema que según cuentan ha permitido bajar de peso a muchos famosos tanto en el extranjero como en Chile. No por nada hablan de “la dieta de los ministros” y del plan nutricional al que se han sometido autoridades como Joaquín Lavín, Andrés Allamand, Alfredo Moreno y Jaime Mañalich (también el ex de defensa, Francisco Vidal) para bajar los kilos de más.

El plan nutricional al que nos referimos en el ejemplo anterior corresponde a una dieta específica creada por un nutricionista francés y de la cual se ha dicho entre otras cosas, que se trata de una dieta fraudulenta, poco sana y que tiene innumerables efectos secundarios.

Por otro lado, existen numerosos ejemplos de dietas hiperproteicas; algunas se basan en la ingesta exclusiva de ellas, otros más permisivos, las combinan con otros componentes, se juega con las cantidades y las veces en que deben ser consumidas, etcétera.
 
“Las dietas hiperproteicas son modas muy agresivas de castigar el cuerpo a base de proteínas con ausencia total de grasas e hidratos de carbono. Se pusieron de moda al final de los años ochenta y parecía ser el gran invento para adelgazar, pero rápidamente se fueron desechando ante los grandes problemas de salud que ocasionan”. (Portal Dietas).

La directora nacional del Colegio de Nutricionistas Universitarios de Chile, Dawn Cooper Braun, dice que la idea principal que rodea a estas dietas, están la de “comer proteínas de cualquier tipo: huevos, aves, carnes de vacuno, pescados, etcétera”.

Por su parte, la nutricionista Karla Herrera Arrau menciona que pese a esta premisa, lo cierto es que “sobre estas dietas no hay un patrón a seguir, ya que hay mucha bibliografía con respecto a ellas”, teniendo como denominador común en que todas “privilegian el consumo de alimentos proteicos, pero al mismo tiempo difieren de la calidad de la proteína”.

Por otro lado, afirma que “se debe contemplar que mientras algunas personas recomiendan sólo el consumo de proteínas en sus distintas fases, otras postulan el consumo de otros alimentos como frutas y verduras, teniendo como diferencias factores relacionados a cuándo agregar estos alimentos; si es en la etapa 2 ó 3 del régimen (consolidación y mantención) o desde la fase de inducción de ésta”, explica.
 
Las proteínas, ¿enemigas?

Que algunas dietas con no muy buena reputación tengan a las proteínas como únicas protagonistas de la alimentación no significa que éstas sean enemigas del ser humano, al contrario, deben ser incorporadas a nuestra alimentación diaria, pero siempre de manera equilibrada.

Al respecto, Dawn Cooper dice que entre los beneficios que tienen las proteínas están las de ser un “aporte total de las calorías”, por lo tanto afirma que “son indispensables en nuestra alimentación, pero no deben estar presentes por sobre el 30% de la ingesta total de alimentos”.
 

Karla Herrera va un poco más allá y cuenta que entre las virtudes de estas sustancias están las de ayudar a “la formación de anticuerpos y factores de regulación que actúan contra infecciones o agentes extraños; son transportadoras de oxígeno a la sangre; también cumplen con una función energética; ayudan al metabolismo, pues aceleran la velocidad de reacciones químicas; permiten el movimiento celular, la formación de la estructura del organismo y de tejidos de sostén y relleno como colágeno y elastina; ayudan en los procesos de cicatrización”, entre otros.

Con todos estos beneficios, ¿cómo pensar en que consumirlas en demasía podría resultar perjudicial? La directora del Colegio de Nutricionistas menciona al respecto que al momento de consumir sólo estas enzimas – y por consiguiente excederse en su ingesta – “produce sobrecarga renal, hepática y acidosis metabólica”.
 
Dawn Cooper menciona que con estas dietas efectivamente es posible bajar de peso. No obstante, dice que “después se sube el doble y además se consiguen alteraciones metabólicas negativas. Es pan para hoy y hambre para mañana”, asegura.

Entonces, prosigue, existe gran posibilidad de entre otras cosas, “daño en riñones, hígado, gota, estreñimiento severo, fecalomas (acumulación de heces que impiden el flujo normal del tracto intestinal), estar en estado tóxico orgánicamente y además como consecuencia, resistencia a la insulina”.

En este mismo contexto, Karla Herrera dice que consumir solamente proteínas puede repercutir en la salud de las personas, pues se “presentan riesgos de carencias en vitaminas y minerales (por bajo consumo de verduras, frutas y legumbres), riesgo de aumentar el colesterol, puesto que los alimentos proteicos que se recomiendan en estas dietas son de origen animal, los que destacan por su contenido de grasa”.

En este último punto, la nutricionista dice que si bien dentro de las recomendaciones están las de ingerir carnes magras y leches descremadas – que por ende no tendrían un alto contenido de grasa – “aun así hay cierto tipo de alimentos que pese a su corte, como la pechuga de ave o el bistec de posta, intrínsecamente la poseen y no se puede retirar”.

Entre otros efectos, Herrera menciona que pueden producirse “cansancio, fatiga y fuertes cefaleas, debido a la falta de sustrato para la obtención de energía inmediata”. También menciona la alta posibilidad de cáncer como el de colon y mamas.

Por otro lado y con respecto a la posibilidad real de bajar de peso sólo consumiendo proteínas, Karla Herrera explica que si tomamos en cuenta que “la obtención de la energía (metabolización de nutrientes) se realiza en el siguiente orden: degradación de carbohidratos, proteínas y lípidos, claro que debiese existir una pérdida de peso, puesto que las dietas hiperproteicas se basan en la disminución del consumo de carbohidratos hasta un mínimo de 40 a 60 grs. diarios y en la sustitución de estos por proteínas”.

En ese sentido, continúa, “si se consume la cantidad suficiente de proteínas de alto valor biológico, la disminución del consumo de carbohidratos obliga al organismo a utilizar como fuente de energía a las grasas, sin perjuicio de la masa muscular que se conserva. Por lo tanto, se obtiene la energía degradando los ácidos grasos y utilizando también cuerpos cetónicos (productos de desechos de las grasas) que ejercen una estimulación central disminuyendo el apetito”.

“Si se baja o no de peso por este tipo de dietas es algo sumamente relativo. Lo primero que hay que tener presente es que cada organismo es distinto del otro, nuestro metabolismo y factores adicionales como la actividad física siempre son fundamentales a la hora de evaluar el efecto de un régimen en una u otra persona”, dice Karla Herrera.

Para ambas profesionales, los chilenos aún carecemos de la información suficiente con respecto a qué significa una alimentación saludable. Así, mientras Dawn Cooper dice que “conocemos poco y por eso creo que los nutricionistas debemos ser incorporados en los sistemas de salud”, Karla Herrera menciona que “como actualmente vivimos una epidemia terrible – la obesidad – vivimos pendientes de revisar en Internet, comprar la última revista donde publicitan dietas o compramos la pastillita milagrosa que nos hará lucir como siempre soñamos”.

“Lamentablemente, nos dejamos influenciar por el mercado donde mucha de esa información carece de dominio técnico en el tema. Sin duda nos queda mucho que aprender”, sostiene.
 
Punto Vital Julio 2011 ©
 
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