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A fines de 2010, podría ser Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad
 
La dieta en Chile y su ‘mediterraneización’
La dieta mediterránea es tan importante que se le considera como una inspiración para otros regímenes alimentarios. Además, se reconoce como saludable y es por eso que Chile debería arraigarla aún más en su población, después de todo contamos con todos los alimentos que la componen. ¿Por qué entonces no aprovecharla?
 
Carla González C.
 

Pensar en el alimento como agente importante para el bienestar de nuestra salud es algo que al menos en Chile debemos incorporar, después de todo, los altos índices de patologías relacionadas con el síndrome metabólico, especialmente las cardiovasculares - principal enfermedad actualmente en nuestro país – se están haciendo cada vez más patentes en la población.

Es por eso que en este caso, la dieta mediterránea se instala como un gran aporte para nuestra nutrición, esto por considerar grupos de alimentos que resultan fundamentales quizás no tanto para bajar de peso (aunque si es un efecto que está correlacionado), pero sí para mantener en buen estado nuestra salud.

Tan importante es este plan alimenticio – el que por cierto difiere en su modelo según el lugar geográfico, población e incluso cultura en donde se arraigue – que países como España, Italia, Grecia y Marruecos llevan varios años postulándola a la distinción de Patrimonio Cultural Intangible de la Unesco, reconocimiento que posiblemente se concrete a fines de este año.

El director del Centro de Nutrición Molecular y Enfermedades Crónicas de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) y director del programa “Aliméntate Sano”, doctor Federico Leighton Puga, cuenta que el hecho de que la dieta mediterránea reciba este galardón es de alguna forma una manera de “protegerla y promoverla, no sólo con un interés cultural, sino que también por sus connotaciones saludables”, dice.

 
Para el doctor Federico Leighton, “la dieta mediterránea – que nació hace medio siglo – se identificó con una dieta ya existente relacionada con salud” y por lo tanto esa característica estaría en sus genes. Entonces, dice, “es una dieta que se reconoce como saludable habiendo estado presente por centenas de años”.
 

En palabras del especialista, el grupo de alimentos que componen este régimen alimenticio “ha sido inspiración de muchas dietas y de la posibilidad de tener salud a través de la alimentación”. A esto agrega que existen muchos otros programas como la llamada dieta de la zona e incluso la que se maneja a nivel de ministerio de salud en Chile, que según el doctor Leighton, “poseen una clara inspiración en la dieta mediterránea, aunque no lo digan”.

 
Más allá del aceite de oliva
 

Para el director de “Aliméntate Sano”, la alimentación mediterránea va mucho más allá de lo que algunos consideran como “la dieta del aceite de oliva”. Además dice que si uno hace una abstracción de los elementos que componen este régimen, es decir, indagar de manera profunda qué es lo que hay en ella, se podrá conocer más a cabalidad acerca de la función que finalmente cumple en nuestro organismo.

De esta manera, menciona que a pesar de que este tipo de alimentación se reconoce fácilmente por el aceite de oliva, también lo hace por la incorporación del vino, este último dice, no es fundamental, después de todo hay naciones musulmanas que no lo consumen, pero aún así tienen como base de su alimentación lo mediterráneo.

 
     

Por eso afirma que a pesar de que existen muchos modelos de esta dieta, hay cuatro pilares o grupos de nutrientes que a su juicio “son fundamentales para asegurar que una dieta sea mediterránea”. Estos son:

1) Grasas saludables, representadas por el aceite de oliva que carece de omega3, pero que sí tiene omega9 (ácido oleico) y grasas asociadas a pescados y mariscos y también a vegetales y plantas que crecen en praderas o montañas, donde se encuentra presente el ácido alfa-linoleico, “el que hace que la razón omega6 y omega3 sea más bien baja en los animales que se crían libremente en estos lugares”, sostiene.

2) Antioxidantes, que se encuentran en frutas, verduras y aliños.

3) Fibra, componente esencial en esta dieta y se pueden encontrar en el consumo de alimentos como cereales, pastas y panes integrales. También es propia de los alimentos vegetales.

4) Fitoesteroles, que en palabras del doctor Leihgton “son parecidos al colesterol, pero no lo suben, sino que lo bajan. Algunos de ellos se utilizan como suplementos alimentarios y están muy abundantes en el aceite de oliva y en muchos frutos secos”.

Según el especialista, estos “son cuatro componentes que caracterizan – un poco más, un poco menos – a toda la dieta mediterránea”.

 
El director del Centro de Nutrición Molecular y Enfermedades Crónicas de la Facultad de Ciencias Biológicas de la PUC afirma que en tiempos pretéritos, los pueblos seleccionaron de manera espontánea los alimentos. La pregunta es, ¿cómo percibió entonces el organismo que algo era bueno para él?
 

Por otro lado – y en relación a cómo se van instaurando las dietas en las poblaciones - el médico de la PUC cuenta que a pesar de que ésta no es la misma dieta que se desarrolla por ejemplo, en Japón (la que también se distingue como muy saludable), ambas tienen de igual forma ciertas semejanzas, como las de ser “pobres en grasas saturadas, ricas en omega3 y en antioxidantes, no son dietas de carnes grasas ni de consumo abusivo de azúcar , sal ni omega6”, etcétera.

Es con respecto a estos abusos, que el especialista manifiesta que “sería muy bueno que en Chile resucitáramos la fuerza que tenía el raps, semilla de la cual se saca el aceite de canola, que a su vez tiene mucho ácido oleico y además omega3 vegetal y eso lo hace un producto muy valioso”, dice.

 
Mérito a la prevención de enfermedades
 

Para el doctor Federico Leighton, la dieta mediterránea no es “la dieta” para bajar de peso, pero sí es un régimen alimenticio que trae muchos beneficios para mantener a raya índices que si aumentan pueden ser causa de complicaciones para la salud.

De esta manera, indica que la dieta mediterránea “tiene muchos méritos” y de hecho en el país se han realizado intervenciones con grupos de gente a quienes se les ha ‘mediterraneizado’ la dieta, logrando con eso, una disminución importante en índices relacionados con el síndrome metabólico o “condición que anuncia enfermedades crónicas”, tales como la hipertensión, la diabetes, obesidad, dislipidemias, entre otras.

 
     

En palabras del médico, el síndrome metabólico es una “condición reversible” y por lo tanto adoptar un plan alimentario basado en la dieta mediterránea es una excelente alternativa para conseguir una mejora en la salud de la población. “La dieta puede bajar este índice, está demostrado, y esto es de gran ayuda sobre todo en enfermedades cardiovasculares, principal enfermedad en Chile”, menciona.

 
La actividad física debe sumarse a la dieta mediterránea para así reforzar los beneficios de ésta. Por otro lado para el doctor Leighton, la autodisciplina “es insustituible” y por ende tener una buena conducta alimentaria – que por cierto pierde terreno a causa de la penetración de lo “no mediterráneo” – es lo primero para mantener la salud en buen estado.
 

Frente a la posibilidad de que la dieta mediterránea sea mucho más eficaz en un individuo que desde su niñez la tiene sujeta a su estilo de vida frente a un adulto, quizás ya enfermo y que recién la adopta, el especialista dice que en primer lugar “hay un factor de penetración cultural de la dieta que no es mediterránea, que tiene enorme peso comercial y que está echando a perder las dietas en todo el mundo y por otro lado, es muy importante saber que no se necesita haber estado en dieta mediterránea desde niño para tener buena salud”.

En ese sentido, afirma que los estudios realizados en adultos (40 años en promedio) a quienes se les ha cambiado su alimentación habitual por un programa mediterráneo han arrojado resultados muy positivos. Por eso dice que “se debe tener mucho cuidado – sobre todo con la gente que es un poco fatalista y que dice que no le va a resultar – porque sí se puede”, asegura.

Por último, dice que la realidad chilena es la de tener una “dieta mediterránea a medias”, esto porque si bien contamos con todos los grupos de nutrientes que la componen, hemos dejado de lado ciertos alimentos que sin duda son una ayuda. Algunos de ellos son las leguminosas, los pescados y mariscos, todos  productos que con el paso del tiempo casi se han erradicado de la dieta y que de todas formas se hace necesario reincorporar.

 
Punto Vital Octubre 2010 ©
 
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