Manifestarse ansioso, estresado, saltarse comidas e ingerir alimentos poco nutritivos son algunos de los factores que pueden iniciar una alimentación compulsiva, es decir, comer más de la cuenta, sin tener hambre y lo más probable, sintiendo culpa y remordimiento luego de haber rellenado el estómago.
Y es que para algunos, tener comida en frente es sinónimo de ‘comer’ y ‘picotear’ cada uno de los productos que se le presentan y aunque esto suele acentuarse en ciertas épocas o festividades, hay quienes siempre estarán pendientes de tener alguna delicia bajo la manga lista para degustar.
Seguramente muchas personas han pasado (o pasan en la actualidad) por la experiencia del asalto al refrigerador, de los llamados atracones o de verse en medio de la soledad ingiriendo rápidamente una gran cantidad de comida. Estas características precisamente tienen que ver con el comedor compulsivo, el que según los especialistas, en la mayoría de los casos tiene que ver con pacientes que además padecen de trastornos emocionales como depresión, baja autoestima o problemas de personalidad.
A las causas anteriormente descritas, las consecuencias pueden transformarse en algo fácilmente reconocible. Al respecto, la nutricionista clínica de las universidades de Chile y Harvard y experta en medicina china y biológica, Dawn Cooper Braun, menciona que comer compulsivamente puede traer desequilibrios hormonales, los que acarrean algunos “síndromes metabólicos, el perder el control de lo que se come y en algunas personas, bulimia”.
Otros resultados que se aprecian en los comedores compulsivos – quienes suman a la gran ingesta de alimentos, la mala elección de ellos – la profesional menciona que “el comer comida chatarra hace que todo nuestro cuerpo se inflame internamente, lo que nos va enfermando lento, pero seguro, aumentando grasa visceral”, la que luego traerá problemas de tipo cardiovascular, diabetes e incluso infertilidad. “Al estar todo desequilibrado nunca nos saciamos, ya que las señales cerebrales también pierden la estabilidad”, complementa.
A su vez, la bioquímica de la Universidad Católica, Andrea Chicurel Correa, comenta que una de las causas que puede gatillar la compulsión al comer es “la ansiedad que generalmente se produce por dulces y por algunos alimentos que causan más hambre”.
Al respecto, la profesional afirma que este sentimiento sería producido por tres posibles problemas – descartando el emocional - los que enumera como “nutrición pobre en nutrientes, especialmente de proteínas, vitaminas y minerales, alergia o sensibilidad alimentaria y las cándidas intestinales”, éstas últimas definidas como una “infección provocada por una levadura de la familia de las cándidas, que baja el sistema inmunitario y desequilibra la flora intestinal”.
Para Chicurel, el hecho de que las ansias de comer se relacionen con la ingesta de alimentos que no aportan al bienestar del organismo, sentencia que “nuestro cerebro fue diseñado cuando no existía la comida actual, por lo tanto, sólo pide carbohidratos y grasa cuando le faltan nutrientes esenciales”.En esta misma línea, la bioquímica dice que si bien el ser humano en épocas anteriores comía frutas y carnes y que era ahí donde encontraba la saciedad, en la actualidad la industria de alimentos – quienes según la especialista saben que la comida baja en nutrientes no da saciedad – la fabrican en grandes cantidades. “La comida de antes era distinta: si te comías un queque, éste estaba hecho con harina, huevos, leche y mantequilla de verdad, o sea podían saciarte”, concluye.