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El sodio sería el ingrediente que permite que los alimentos no se descompongan
 
La comida que no muere
Ya sea por curiosidad o para demostrar que no se trata de una teoría conspiratoria, muchas personas quieren, a través de la experimentación, saber cuán resistente es la comida rápida. Los resultados son sorprendentes.
 
Carla González C.

Varios son los experimentos que se han realizado en torno a la comida rápida y todos ellos tienen como objetivo verificar si el paso del tiempo produce en ella lo mismo que en los alimentos naturales, es decir, la descomposición.

Así, algunos ya sea en forma casera o mediante técnicas más profesionales, han tomado algunos de estos productos – hamburguesas y papas fritas en su gran mayoría – y los han dejado guardados en subterráneos, jardines o dentro de recipientes de vidrio o plástico por una cantidad considerable de tiempo, consiguiendo con esto observar cómo podría afectar en ellos el paso del tiempo.

A pesar de que estos análisis se han realizado en diferentes épocas, por personas que no se conocen entre sí y en lugares con condiciones climáticas disímiles, el hilo conductor ha resultado ser el mismo y tiene que ver con calificativos como “la hamburguesa biónica”, “comida inmortal” o “el happy meal incorrupto”, pésimos calificativos para un plato de comida que sobrevive intacto a pesar del paso, incluso, de los años.

Una muestra clara de lo que sucede con la comida rápida es la que aparece en la película “Super size me” (2004), donde el protagonista del documental muestra cómo sobrevive la fast food dentro de frascos de cristal, demostrando con ello que a pesar de que las hamburguesas sí se descompusieron, las papas fritas perduraron intactas por dos meses y medio.

Comprobar la veracidad de estos experimentos es difícil a no ser de que uno mismo se encargue de realizar algo parecido y ver hasta qué punto aquel que dice que por 12 años unas papas fritas o un pan con su hamburguesa se mantuvieron intactas dice la verdad. (Otro habla del año 1989 como el inicio de sus investigaciones las que hoy son parte de su museo personal de hamburguesas, el que lleva más de 20 años).

Si a eso sumamos las declaraciones de una de las cadenas más grandes de “comida chatarra” quienes aseguran que sus productos, en este caso la carne, no contiene ningún tipo de conservante, todo se vuelve una nebulosa sobre todo para la población que aún no sabe cómo leer las etiquetas de los alimentos envasados.

El sodio: uno de los sospechosos

Hace un tiempo, el programa de TVN “Esto no tiene nombre”, informó acerca de un tema que Punto Vital ya había denunciado hace un par de años; el daño que produce en el organismo del ser humano el exceso de sodio.

En el caso de la comida rápida, este componente también podría estár implicado en todo este asunto y más aún, en cantidades incluso consideradas descomunales, lo que haría que un producto como una hamburguesa o unas papas fritas se conserven por mucho tiempo intactos.

Al respecto las nutricionistas de NutritivaMente, Milisa Šore y María Soledad Olfos, afirman que hay diferentes posturas frente a la veracidad de todos los experimentos que se han realizado con respecto a la comida rápida y su supuesta imposibilidad de descomponerse. Además, recalcan que el hecho de que este proceso ocurra más o menos rápido, se debe a diferentes factores.

 

Uno de ellos es el medio ambiente. En ese sentido, María Soledad Olfos dice que en ambientes secos el proceso de descomposición es claramente distinto que en los húmedos, pues en estos últimos los alimentos tienden a enmohecerse con mayor rapidez.

Otra diferencia es descrita por la profesional quien dice que hay una estrecha relación “con el lugar donde esté el producto, ya que no es lo mismo que esté arriba de un mesón que encerrado herméticamente en un envase, ahí es la humedad de la en este caso, hamburguesa la que hace que se formen poblaciones y crezca moho. En cambio si está seca se deshidrata y en ese tipo de productos se ve favorecida su mantención”, menciona.

A pesar de que empresas como McDonald’s cuidan muy bien su imagen y la información nutricional con la cual trabajan, caen en imprecisiones, como por ejemplo al decir que su hamburguesas están “elaboradas con 100%  de carne de vacuno de excelente calidad, sin aditivos ni conservantes”, pero, ¿qué pasa con el exceso de sodio, mineral preservante por naturaleza?


En cuanto al uso de sodio propiamente tal, las nutricionistas dicen que las grandes marcas de comida rápida “certifican que no utilizan preservantes”, pero aseguran que es justamente “el preservante que ellos rotulan – es decir, el sodio – el que ha preservado también al charqui y muchos otros alimentos. Por lo tanto no están considerando al sodio como el preservante natural”, manifiestan.
 
Exceso de sal

Siguiendo con el tema anterior, el exceso de sodio además de lograr que un producto de fast food tenga la oportunidad de durar mucho más que un alimento natural, produce efectos negativos (ya comprobados) en la salud de las personas.

Lo ideal es que un individuo adulto y sin ninguna patología asociada – hipertensión, colesterol alto, obesidad, etcétera – consuma al día un total aproximado de 3 mil miligramos de sodio equivalentes a 5 ó 6 gramos de sal.

Observando uno de los menús de uno de estos locales de comida rápida se puede observar que una hamburguesa (sin contar la bebida, papas fritas y aderezos) puede llegar a los 968 miligramos de sodio; una “Big Tasty” en tanto, posee según la tabla que maneja McDonald’s, 1.804mg. de este mineral (el 75% del total a consumir diariamente).

 

Entonces, “con esa cantidad de sodio, no es raro que uno de estos productos se mantenga por tanto tiempo. Y en cuanto a los daños para la salud del consumidor, estos están precisamente relacionados con el exceso de este mineral”, aseguran las nutricionistas.

Milisa Šore en tanto dice que a pesar de que estas empresas mencionan en sus sitios web las bondades de sus productos y llevan como bandera de lucha – luego de ser fiscalizados con más rigurosidad, al menos en países en donde este tema es importante – el compromiso por una alimentación saludable, es difícil pesquisar si realmente cumplen con lo que plantean en su discurso.

En ese sentido, la profesional dice que “el hecho de que venga o no con aditivos es un tema y no pondría las manos al fuego aunque digan que lo certifican, porque ¿cómo demuestran que hay una certificación seria? La única forma es a través de un análisis químico, pero, ¿alguien (y quién) lo hace regularmente?”.

 
Experimento de “Super size me” (en inglés)

 

Punto Vital Marzo 2013 ©
 
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