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Para una buena digestión, la fibra es el elemento principal
 
Tránsito con luz verde
Para tener problemas de digestión no se necesita ser ni gordo ni flaco, pues cualquier persona que no tenga una alimentación adecuada tendrá la posibilidad de sufrir de este trastorno, el que puede generar consecuencias incluso a nivel dérmico. El mejor consejo es comenzar por educar a nuestro organismo.
 
Carla González C.
 

El ritmo de vida que llevamos en la actualidad incide directamente en nuestra salud nutricional. Ser sedentario, comer a deshoras, rápido y cualquier cosa que pillemos como para llenar el estómago, van dejando una profunda huella que puede traducirse en desagradables problemas, uno de ellos, la mala digestión.

Así, síntomas como dolor abdominal, flatulencias, halitosis e incluso la acentuación del acné se hacen presentes como consecuencia de un “tránsito negativo”, proceso que no sólo tiene relación con los alimentos que consumimos, sino que además con la forma en que los comemos, en qué horarios y qué conductas utilizamos a la hora de sentarnos en la mesa.

La nutricionista y secretaria nacional del Colegio de Nutricionistas de Chile, Alicia Quiñones, es enfática al señalar que en primer lugar hay que desmentir la idea que se tiene acerca de este problema, pues si bien se tiende a relacionar con la obesidad o el sobrepeso, la verdad es que cualquier persona que no lleve una buena y saludable dieta puede pasar por esta incómoda experiencia.

Para lograr y mantener una buena digestión, la especialista dice que la fibra se posiciona como la protagonista de este tema. De esta manera, menciona que los vegetales, las legumbres y los cereales son los alimentos que más la contienen dentro de su composición y por lo tanto, son los más recomendados.

A estos, agrega los llamados prebióticos y probióticos, alimentos que también contribuyen a que la digestión se regule y mantenga eficiente. “La dieta debe ser equilibrada, pero con mayor aporte de estos y de alimentos de origen vegetal”, explica.

 
La mala digestión puede ocasionarse por, entre otros, una mala masticación, ingesta de muchos alimentos, beber grandes cantidades de líquido durante la comida, comer muy tarde, estrés, entre otros.
 

En relación a los prebióticos, la nutricionista hace lectura de un apunte en donde se define a este tipo de alimentos como “el que contiene elementos no digeribles por los jugos gástricos ni fermentos (fibras vegetales) y llega intacto al intestino grueso, donde potencia la absorción de los alimentos probióticos o mejora la función intestinal, regula la función y la flora intestinal o estimulan las bífidobacterias”.
Algunos de estos prebióticos están contenidos en alimentos como las legumbres, el trigo, el ajo, duraznos, puerros y en vegetales como la cebolla, remolacha, alcachofas y tomates.

Los probióticos en cambio son – según la lectura que hace Alicia Quiñones – “aquellos que contienen elementos vivos en su constitución, los cuales atraviesan estómago y duodeno alterados y se instalan como huéspedes en la flora intestinal, acomodándose en sus paredes”.

Algunos de ellos son las leches enriquecidas en calcio, vitaminas, ácidos grasos, etcétera, además de los alimentos enriquecidos con Omega3, tales como las galletas, margarinas y huevos; los productos enriquecidos con sustancias antioxidantes (zumos de fruta y bebidas lácteas), fitoesteroles, entre otros.

 
Humanos vegetarianos
 

La secretaria nacional del Colegio de Nutricionistas de Chile manifiesta que los seres humanos “estamos preparados para ser vegetarianos” y por lo tanto debemos aprovechar esta condición y consumir una mayor cantidad de este tipo de alimentos, los que recordamos, son los que más contribuyen en el logro de una buena digestión.

“Nosotros nos comemos todas las partes de la planta; el peciolo (apio), el fruto (tomate), tallo subterráneo (patata), raíz (betarraga), hoja (repollo), tallo (espárrago) y flor (coliflor)”, ejemplifica y añade que a partir de aquello podemos alimentarnos de vegetales y tratar de disminuir un poco la carne, producto que hoy se consume de sobremanera.

“No es malo comer carne, al contrario es importante desde el punto de vista de su aporte por ejemplo de Omega3. Lo que pasa es que nos fuimos al extremo y no tuvimos ninguna transición desde el vegetariano al carnívoro. Debemos agregar frutas y verduras”, insiste.

 
     
Alicia Quiñones dice que la fibra “es la parte comestible de la planta” y posee múltiples cualidades que están comprobadas científicamente, entre ellas, la resistencia a la ingestión del organismo. “Nosotros no tenemos las enzimas que puedan digerir a esta fibra, por lo tanto existe una parte soluble y otra insoluble”, cuenta.
 

En este contexto, la nutricionista menciona que si bien no se ha llegado todavía a un consenso con respecto al concepto de fibra alimenticia, de hecho aún se están realizando una serie de estudios con respecto a ella, es completamente cierto que es una de las ayudas máximas para conseguir una buena digestión.

 
¿Y qué es una buena digestión?
 

La profesional afirma que el proceso de digestión normal dura aproximadamente cuatro horas, por lo que se aconseja consumir alimentos (a esto se le suman las colaciones) durante el transcurso de este mismo tiempo.

Para la especialista, tener entonces una buena digestión significa “que una persona tenga sus hábitos de evacuación normales, es decir, diarios en general”, menciona. Además asevera que uno puede a partir de lo anterior “acostumbrar al organismo” a lograr un equilibrio en este tipo de acciones, pues se trata de hábitos que pueden lograrse cuando “uno tiene un volumen de heces fecales abundante para poder defecar y eso ¿cómo lo logro?, comiendo fibra, pues ella me ayuda a aumentar este volumen y tener un mejor tránsito intestinal”, concluye.

En relación a aquellas personas que no poseen una buena digestión, Alicia Quiñones recomienda productos como el quáker, pero éste en su versión tradicional (no instantáneo). “Lo pueden dejar remojando en la noche y al otro día en la mañana consumirlo. Puede agregarle ciruelas, jugos naturales de frutas, etcétera”, menciona.

Por otro lado, dice que quienes no tienen un tránsito normal, “recurren a los laxantes y a hierbas que dicen regular la digestión”, cosa que para ella es algo que podría arreglarse “sólo adecuando al cuerpo”. A esto añade que también es sumamente importante agregar la actividad física, pues “si hago deporte, esto también acondicionará mi organismo”, asegura.

Al mismo tiempo, cuenta que una persona con mala digestión, además de no visitar el baño con regularidad, sufrirá de varios síntomas, entre ellos, dolor abdominal, cólicos y flatulencia. En los jóvenes se acentuará el acné y en los adultos los resultados se reflejarán en una piel sin luminosidad y en los riesgos de contraer otras enfermedades.

 
La mejor solución: darse el tiempo
 

Para la nutricionista la mejor receta para lograr una mejor digestión es darse el tiempo para comer sano, a las horas indicadas y de manera en que podamos ingerir lo más tranquila y pausadamente los alimentos.

“En este mundo globalizado cada vez hay menos tiempo para todo: para hacer fruta picada, para ir al gimnasio (…) uno corre todo el día y eso sumado a la comida rápida, los congelados y refinados” van otorgando como resultado una nutrición deficiente.

En palabras de Alicia Quiñones “deberíamos volver a alimentarnos de comida casera, lo mismo que comían nuestras abuelas”. Para ella, difundir el consumo de platos tradicionales como la carbonada, estofado, charquicán, papas con chuchoca o trigo mote – agregando a esto algo de proteína – es sumamente importante. “Todo eso tiene fibra y ayuda al buen metabolismo”, indica.

 
 
Punto Vital Octubre 2009 ©
 
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